Skip to content

‘El Coloquio de los Perros’, o releer, universalizar, divertir

octubre 15, 2013

Curiosa y hasta cierto punto inesperada la alianza la surgida entre la Compañía Nacional de Teatro Clásico y Els Joglars, para subir a escena una personalísima –como no podía ser de otro modo- versión de El Coloquio de los Perros, de Miguel de Cervantes, en la que es además la primera producción de la mítica compañía catalana sin Albert Boadella al frente.

Después del para mí importante batacazo de su anterior espectáculo –OmenaG 2036, bastante olvidable-, alivia comprobar que Els Joglars han vuelto por la senda de lo que mejor saben hacer: releer obras clásicas, un formato que ya les había dado grandes resultados en ocasiones anteriores, sin renunciar a imprimir su sello personal. Ahora, este acercamiento al Coloquio de los Perros cervantino podrá ser discutible –porque es libertino, arriesgadísimo y personalísimo-, pero no se puede negar que tiene ritmo, golpes e ideas de buen teatro para dar y tomar, en cuanto uno consigue distanciarse prudencialmente del original. Porque quiero suponer que, a estas alturas, nadie que asista a un espectáculo de Els Joglars esperará un acercamiento fiel y/o historicista… Lo que hay aquí es una profundísima dramaturgia a seis manos que firman Albert Boadella, Ramón Fontseré y Martina Cabanas. El que consiga entrar en el juego que proponen disfrutará de un gran espectáculo de teatro, pero el que espere una versión fiel al original línea a línea, puede que se rasgue las vestiduras o se lleve un chasco monumental. Y, a decir verdad, no todos saben jugar; cosa hasta cierto punto comprensible, porque esto hay que verlo con la mente -muy- abierta. Pero merece la pena.

Veamos: en una perrera de la actualidad se encuentran encerrados Cipión y Berganza –aquí perro y perra, y no dos perros machos como en el original-, que aprovechan la noche en la que encuentran el don del habla para contarle al guardia de seguridad del recinto –Manolo- los avatares que les han llevado hasta allí en esta vida. Porque, en su afán de universalizar las figuras de los dos canes, Joglars sugieren que las almas de Cipión y Berganza se han ido reencarnando a lo largo de los siglos en las más variopintas históricas figuras que uno se pueda imaginar. Ya en el presente –y como perros, como Cipión y Berganza-, narran a su carcelero todo su periplo, con lo que se inicia una suerte de nueva picaresca en que el devenir de los perros se ve adaptado a los tiempos actuales: siempre bajo la manipulación de los humanos, han sido perros de pastoreo de dueños con tendencias zoofílicas –en una deliciosa parodia de la novela pastoril-, artistas callejeros, mascotas de hipsters pijos que les han vaciado por dentro, detectores de droga para la policía o perros vagabundos sarnosos, acabando por tener que huir del maltrato de los humanos en todas sus aventuras. Ahora, por fin en una perrera, parecen haber encontrado en su cautiverio la paz que les era imposible hallar siendo libres. El guardián de la perrera –padre de un hijo mantenido sin oficio ni beneficio que pertenece a una asociación en defensa de los animales- escucha el relato de las aventuras de Cipión y Berganza con interés, e identificándose dos seres a los que los humanos han hecho mil y una perrerías. Todas estas peripecias sirven a Els Joglars para meter mil y una morcillas y guiños a la actualidad, en una ácida crítica en la que casi nadie se salva. La moraleja de la mirada de Joglars es que los tiempos, a pesar de los siglos, han cambiado poco o nada.

A estas alturas puede que se estén preguntando -y quizás no sin razón- qué queda de Cervantes en esta adaptación libre –casi podríamos decir libérrima-. Fundamentalmente, creo que la esencia y el mensaje son perfectamente reconocibles detrás de todo este implacable lavado de cara: es una profunda relectura, hay que asumir algunas cosas, pero el formato de picaresca de aventuras sigue estando ahí, claro que traído a la actualidad; y es recomendable, ya lo dije y lo repito, distanciarse del recuerdo del original para disfrutar debidamente de esta versión que es, después de todo un buen espectáculo. Además, se nota que Boadella ya no está al frente del asunto: Joglars sigue fiel a su estilo, sin renunciar a ciertas astracanadas –algunas hasta muy simpáticas-, pero se han suavizado ciertos excesos que empezaban a resultar algo casposos. Poco o nada de eso hay aquí: estos gags pueden resultar excesivos, pero la mayoría cumplen la función de arrancar la carcajada, a veces por lo delirante de la situación que se nos muestra -véase la manera en que se sugiere la castración de los perros-.

Pero lo verdaderamente genial de la propuesta es la economía de medios desde la que trabajan, renunciando al realismo y dejando casi todo en manos de la imaginación del espectador: Cipión y Berganza, completamente humanizados, van ataviados casi como dos mendigos, y el resto de los personajes -tal vez para resaltar la idea de que estos perros son más humanos que los propios humanos- aparecen tras una gran tabla horizontal, que a veces hace de celda, con máscaras y como personajes estereotipados cercanos al guiñol buscando ridiculizar más los modelos de conducta que se presentan. Solo Manolo, el guardia de la perrera, aparece caracterizado como un ser humano “normal”, tal vez porque es el único capaz de establecer un contacto lógico con los dos perros -que a su vez visten como humanos-.

Todo es simbólico, alegórico, puesto al servicio de la farsa, y tratado desde la economía de medios: lo mismo da que haya que sugerir rebaños, que desfiles de belleza perruna, castraciones, peluquerías caninas o accidentes de coche; todo surge con pocos medios y mucha imaginación, el espectador debe completar lo que falte y jugar con su imaginación,  alcanzándose momentos de delirio verdaderamente simpáticos, ante los que es imposible no soltar una carcajada. Chapeau para Ramón Fontseré, que dirige una propuesta llena de ingenio e ideas y de formato casi portátil: esto es teatro, señores. Firma el sencillo aparato escénico y el abundante vestuario Llorenç Corbella.

Muy bueno el trabajo actoral: Fontseré –que hace doblete dirigiendo e interpretando- y Pilar Sáenz son los dos perros y salen victoriosos de esa caracterización tan decididamente antiperruna con un portentoso trabajo gestual y expresivo que consigue que veamos perros, aun cuando por momentos parezcan Vladimir y Estragón recién escapados de Esperando a Godot –porque esta propuesta, salvando las lógicas distancias, tiene también mucho del espíritu del teatro del absurdo de Samuel Beckett, tanto en la caracterización de los protagonistas como en el tono general-. Xavi Sals y Dolors Tuneu se multiplican, dando vida a más de quince personajes cambiando de vestimentas a velocidad de vértigo –y todo apunta a que sin salir del escenario, detrás de la tabla-, en un trabajo largo, difícil y digno de aplaudir: sus personajes están lógicamente estereotipados, pero consiguen aportar ese punto de delirio al espectáculo que es tan importante para crear la comedia. Xevi Vilá tiene otro reto por delante: ser el único personaje humano, normal, que casi uno se pregunta qué pinta allí, y ejercer las veces de narrador con el público; se mueve bien el discreto segundo plano que la propuesta pide.

Gran éxito de público –largas ovaciones- para un espectáculo auténtico de teatro. También, para qué negarlo, alguna cara de estupor al comprobar la larga distancia entre Cervantes y lo que acababan de presenciar. ¿Se les va un poco de madre la adaptación a Els Joglars con respecto a lo que es Cervantes? Puede que sí: pero no será la primera vez que pasa algo así en una propuesta escénica de un buen número de compañías. ¿Funciona como un reloj esta propuesta, por mucho que pueda gustar más o menos, dentro del espíritu de la compañía? También, no hay duda.

Con lo que hay que quedarse es con que la esencia de lo que se cuenta está ahí –puede que desfigurada, pero está-, y con el ritmo, el pulso y la originalidad teatral que tiene la propuesta. Ahora bien, quizá es recomendable que el sector más purista se aleje, o tome conciencia de lo que va a ver, porque la revisión, aunque funciona, es muy –pero que muy- libre: quizás deberían indicarlo y, en cualquier caso, conviene tenerlo en cuenta. En cualquier caso, esta “nueva” etapa de Els Joglars –que parece que por fin van a regresar a Cataluña tras la marcha de Boadella- empieza con muy buen pie; y es un salto de gigante con respecto a su anterior espectáculo.

H. A.

Nota: 3.75 / 5

 

“El Coloquio de los Perros”, versión libre de Els Joglars sobre la novela de Miguel de Cervantes. Dramaturgia: Albert Boadella, Ramón Fontseré y Marina Cabanas. Con: Ramón Fontseré, Pilar Sáenz, Dolors Tuneu, Xavi Sals y Xevi Vilá. Dirección: Ramón Fontseré. Els Joglars / Compañía Nacional de Teatro Clásico.

Teatro Colón (A Coruña), 12 de Octubre de 2013

Anuncios
No comments yet

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: