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‘La Bella y la Bestia’, o un mundo a vista de espejo

agosto 17, 2013

Llegó a A Coruña la gira de Stage Entertainment –principal productora de musicales en España desde hace ya un buen número de años- con La Bella y la Bestia. 6 funciones –inicialmente eran más, pero se fueron reduciendo progresivamente conforme la fecha se acercaba-, a teatro casi lleno y a precios decididamente caros –la entrada más barata rozaba los 40 euros y la más cara los 70-, lo que no impidió un importante éxito de público de todas las edades.

Vamos por partes. Conozco la “primera” producción española de este musical, que data de 2000-2001 –no así la segunda producción madrileña de hace aproximadamente tres o cuatro años-, y en comparación con aquella, esta es una versión “girable”: sin que el número de telones pintados dejen de ser importantísimos, todo está más reducido en términos de tamaño; y hay soluciones que se han simplificado –se pueden citar dos ejemplos claros: el prólogo ya no se escenifica, sino que aparece reflejasdo en diapositivas, y la transformación de la Bestia dista de ser el espectáculo visual de entonces: ya no hay levitación ni transformación entre chispazos multicolor…-. Todas estas soluciones pueden ser comprensibles dado el carácter de gira para el que se ha concebido este montaje, y es encomiable que la empresa acerque producciones más allá de grandes ciudades; pero cualquiera que conozca la versión “de gran formato” notará diferencias importantes, sobre todo a nivel de simplificación técnica.

La reducción del montaje queda todavía más patente cuando se presenta en un escenario que es sin duda demasiado grande  para albergarlo: en el Palacio de la Ópera coruñés todo se alojó dentro de una especie de cubo situado de forma que toda la corbata del escenario quedaba libre, en desuso. Dicho esto, y dadas las especiales características del recinto, estamos hablando de una barrera de aproximadamente casi 4 metros entre la primera fila de butacas y el escenario “útil”: una distancia que en las filas más altas, se convertía casi en una barrera insalvable, que hacía que –como hace la Bestia- hubiese que ver el espectáculo casi a través de un espejo o una, mejor dicho en este caso, una especie de ventana. Imagino que en un teatro de estructura “italiana” la distancia se reducirá, pero desde luego no creo que el Palacio sea el tipo de recinto más indicado para albergar el montaje, aun a pesar de las dificultades técnicas que este pueda tener: dados los precios de las entradas, alejar tanto al público del foco de acción sin ofrecer ninguna alternativa -¿por qué no proyectarlo en pantallas?- puede reducir la implicación del público en lo que sucede.

El montaje –suponemos que en previo pacto con Disney- busca no ya “calcar” las ideas del musical original de Broadway, sino también las escenas de la película. En este sentido, no hay queja hacia la escenografía de David Gallo, ni hacia la mayoría del vestuario de Miguel Ángel Huidor –aunque puede que la caracterización de los lobos, e incluso la de la Bestia, pudieran haberse logrado más-. De la misma manera, visualmente se ha apostado por una serie de números “de impacto seguro”, en los que se ha tirado la casa por la ventana, y que suben claramente el nivel medio del espectáculo: en la extensa primera parte –unos 85 minutos-, el número del “Festín” es el más y mejor trabajado, el que levanta definitivamente a la audiencia por su plasticidad y complejidad; mientras que, por la razón que sea, la segunda parte -50 minutos- funciona mucho mejor globalmente: aún cuando la transformación de la Bestia en humano carezca de la espectacularidad que tuvo una vez, y al despeñamiento de Gastón desde la torre se le vea el plumero peligrosamente –minucias del conjunto-; el espectáculo se viene arriba en general, y uno tiene la sensación de que acaba decididamente mejor de lo que empezó, a todos los niveles: las escenas en la taberna, o la lucha entre humanos y seres encantados están muy bien trabajadas y acabadas.

Por otro lado, en el afán por calcar la película, se ha enfatizado particularmente la idea de cuento de hadas, con todo lo que esto conlleva: ciertos gags están decididamente exagerados, y casi todo el reparto trabaja en una línea decididamente enfática, que busca seguramente implicar más al público más joven; es un camino, sin duda, pero no creo que sea siempre tan necesario exagerar ciertas cosas para buscar la hilaridad fácil en el público infantil.

Por si alguien no conoce el musical, cabe decir que se trata de una amplificación del material de la película: la hora y veinte del film se convierte aquí en casi tres, con diversas escenas y números musicales “nuevos”. En un cómputo global, es el villano Gastón el que ve más ampliada su participación vocal; mientras que la Bella y la Bestia se les regala un nuevo número musical por personaje –“If I Can’t Love Her” para la Bestia y “A Change in Me” para la Bella-: dos números que poco tienen que ver con el resto del material musical de la obra, pero que se encuentran entre los momentos más inspirados musicalmente, y son decididamente exigentes en lo vocal, por el marcado aliento lírico que demandan.

El reparto lo forman un conjunto de artistas que trabajan habitualmente con Stage –aproximadamente el 70% de este elenco ha formado parte, por ejemplo, del elenco de Los Miserables hace algunos años-. Con todo lo que haya que objetarle, hay que aplaudir una importante progresión como artista en Talía del Val, que se encuentra decididamente más cómoda en esta Bella que en la Cosette de Miserables, que la ponía en más de un problema serio: ahora, la posición y emisión de algunos agudos podrá ser discutible, pero la zona de paso está bien cubierta, el timbre es grato y hasta deja algún detalle de gusto en el fraseo en la segunda parte. Como actriz, podría liberarse de alguna enfatización excesiva –ya he dicho arriba que todo el elenco tiende a exagerar en algún momento-; pero insistimos en que la progresión positiva es muy importante: ha cambiado incluso alguna variación en “Un Cambio en Mí” con respecto al vídeo de presentación del musical –que puede consultarse en Youtube–, y el planteamiento actual le da mucho mejor resultado.

Ignasi Vidal, sin embargo, rendía mejor en Javert. Como Bestia –un papel que podrá ser el titular, pero tiene menos peso global que Gastón- está honesto y convincente como actor; pero no puede lucirse en un número decididamente introspectivo como es “Si No Puedo Amarla” tanto como lo hacía en los abyectos acentos de Javert o Judas en musicales anteriores. Me atrevo a pensar que, dentro de la honestidad con la que sirve a la Bestia, quizá como Gastón hubiese dado más juego.

En sustitución de Daniel Diges –que recientemente ha abandonado la gira para incorporarse a los ensayos de la reposición de “Hoy No Me Puedo Levantar”-, se ha incorporado recientemente como Gastón Roger Berruezo, que no consigue descollar en un papel que lo tiene todo para hacer una gran creación: actoralmente es competente, pero la parte le queda vocalmente muy grande, careciendo del color de voz y el brillo que requiere este personaje. Más aún cuando en el musical el papel crece considerablemente con respecto a la película. Hay que considerar, pese a todo, su reciente incorporación a un rol que aún debe terminar de hacer suyo.

Más logrado el elenco de secundarios, compacto y competente en general, con grandes interpretaciones individuales como el extraordinario trabajo de Raúl Peña en Lefou: un actor que siempre cuida la caracterización psicológica de sus papeles, y esta es una gran creación personal de un rol de carácter; en la que es capaz de robarse cada escena en la que aparece -magistral el dominio de la expresión gestual y corporal-, y que confirma que es uno de los actores más completos de su generación. También Eva Diago (Madame de la Grande Bouche, el armario) y Marta Capel (Babette, la mopa) consiguen destacar sobre el conjunto en sus relativamente breves intervenciones; mientras que el incombustible Enrique R. del Portal sirve al padre de Bella con la eficacia acostumbrada, aunque pueda parecer que está un poco desaprovechado, y Diego Rodríguez y Frank Capoet cumplen como Lumiere y Din Don. Todo el mundo sabe que la Sra. Potts –la tetera- se lleva uno de los hits del musical, una de esas canciones que permanecen en la memoria colectiva, y Mone la enfrenta con solvencia y dignidad. Muy encomiable el trabajo de la pequeña –¡pequeñísima!- y brillante intérprete local de la tacita Chip, que se llevó su momento de gloria y su ovación a escena abierta cuando en fin aparece convertid@ en persona.

De entre los cameos, hay que tener espacio para destacar la buena caracterización de Jaume Giró en el dueño del Manicomio, Sin mácula en los demás casos en el amplísimo elenco de coralistas y papeles episódicos.

Como ya sucediese cuando otra compañía presentó Sonrisas y Lágrimas, la reducida orquesta tocó en un espacio contiguo al escenario –sigo sin entender tal práctica en un teatro con foso…-, mientras que los cantantes-actores veían al director musical desde una pantalla: solución que no evitó notables descuadres entre musicales foso y escena –especialmente en el caso de Berruezo-. Dirigió la orquesta Pablo Eisele.

Importante éxito de público –y teatro al 85-90% del aforo en las seis funciones programadas- para una propuesta encomiable en su idea de acercar el género a las provincias, pero que aún podría redondearse en algunos aspectos. Y debo insistir: nada como poder acercarse a la capital española; o incluso poder ver alguna producción de este show en Broadway o el West End para establecer diferencias notables. E insisto en una idea: esta versión concreta con esta estructura habría lucido más en otro tipo de escenario.

H. A.

 

Nota: 3.25 / 5

“La Bella y la Bestia”, de Howard Ashman y Tim Rice, con música de Alan Menken. Con: Talía del Val, Ignasi Vidal, Roger Berruezo, Raúl Peña, Mone, Diego Fernández, David Capoet, Enrique R. del Portal, Marta Capel, Eva Diago y otr@s. Dirección Musical: Pablo Eisele. Dirección: Glenn Casale. STAGE ENTERTEINMENT.

Palacio de la Ópera, A Coruña, 12 de Agosto de 2013

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