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‘Como Dios…’, o pequeños crímenes fraternales

julio 23, 2013

No cabe duda de que el microteatro –funciones de entre 15 y 20 minutos que se ofrecen en habitaciones minúsculas, para apenas 10 o 15 personas por pase, con público e intérpretes a escasos centímetros de distancia- está viviendo un tremendo auge como género en España: no paran de aparecer nuevas salas por todo el país, las funciones suelen llenarse, y varias primeras figuras de la actuación actual se han sentido atraídas por esta rompedora forma de entender el teatro ya sea para escribir, dirigir o interpretar.

A pesar del éxito generalizado de la idea, debo reconocer cierto esceptismo hacia una manera de hacer las cosas que es arriesgada como pocos formatos: hay que tener muy claro qué se quiere contar y cómo contarlo, porque el tiempo juega en contra y si uno se va por las ramas la cosa termina cayendo en saco roto; y hay que tener un elenco capaz de actuar con naturalidad mientras escucha la respiración del espectador. No todos pueden, y poder hacerlo es una de las claves del éxito. Con esto quiero decir que he visto muchas propuestas de “micro” que me han parecido fallidas –pienso que en un cómputo global, son más que las que me han gustado-. Además, hay una cierta obsesión por adjudicar a este género comedias ligeras cargadas de histrionismo que no siempre terminan de cuajar. Pero, como todo, a veces aparecen propuestas que me tapan la boca y me llevan la contraria. Se agradece, dicho sea de paso.

Procedente del Microteatro por Dinero –la principal sala de microteatro de Madrid- ha llegado a La Tuerka 27 –ídem, pero en A Coruña- Como Dios, una pieza escrita y dirigida a cuatro manos por Eusebio Poncela y Facundo Fuentes de la Oca e interpretada por Lisi Linder y Alba Messa, que viene de ofrecerse en la capital con éxito de público y crítica durante el pasado mes de Mayo y que –afortunadamente- tira por tierra algunas de las ideas preconcebidas sobre el microteatro de las que hablo arriba. Porque, como digo, a veces pasa.

Dos hermanas se reencuentran para celebrar el cumpleaños de una de ellas tras cinco años sin verse. Aparentemente, no sucede nada fuera de lo común; pero enseguida nos damos cuenta de que algo no está bien, de que lo que está sucediendo no es fruto de la casualidad y de que las cosas se van a poner feas en cualquier momento. Son básicamente tres cosas las que afectan a los personajes: una familia disfuncional, los efectos del alcohol y un tercer personaje invisible que canaliza todo. No conviene contar mucho más, pero añadiremos que pronto empieza a salir la mierda que permanecía guardada en el baúl de los recuerdos del que nunca debió salir, en un encuentro de consecuencias irreparables que va a cambiar la existencia de ambas para siempre…

A estas alturas ya se habrán dado cuenta de que esto no es precisamente una comedia –hay ciertas dosis de humor negro, pero no la catalogaría como comedia…- cosa que se agradece: creo que en estas distancias cortas, las tramas truculentas causan mucho más impacto y ayudan a que el público se implique más. Además, las familias disfuncionales son un filón que teatralmente ha funcionado bien durante siglos, de Anton Chéjov a Harold Pinter y de Tennesse Williams a Tracy Letts. Se pueden encontrar rasgos de estos cuatro autores en el texto que han escrito Eusebio Poncela y Facundo Fuentes de la Oca, que han obrado el milagro de contarnos el pasado y el presente de las dos hermanas en tiempo record, desde una prosa muy bien escrita que deja alguna bella imagen poética: sabemos quiénes son y por qué son así, nada de lo que se nos dice es accesorio y todo está puesto al servicio de que el espectador sea el encargado de juzgar lo que está viendo. Esa es otra virtud de este thriller: en esta especie de combate de boxeo, los autores nunca toman partido por una de las dos hermanas sobre la otra; ambas ponen sus cartas sobre la mesa para que sea el espectador el que decida quién es la buena y quién es la mala -si es que hay buenos y malos en esta historia- y dónde están los límites de la cordura.

No es fácil crear empatía hacia los dos personajes en tan poco tiempo, y sin embargo esta pieza lo consigue: uno no mira los eventos con horror, porque comprende por qué pasa lo que pasa, y la forma en la que el ambiente se va caldeando progresivamente hasta llegar al inevitable clímax final atrapa al espectador sin remedio; todavía más, si cabe, estando a tan poca distancia. Los propios autores dirigen el espectáculo, dejando que las dos intérpretes desaten toda su furia sin el menor temor, y abriendo incluso algunos caminos a posibles lecturas alternativas que nunca llegan a aclararse completamente –espero no ser el único que percibe momentos puntuales de cierta tensión sexual entre las dos hermanas en este montaje tan cárnico…-, y otros sobre los que seguramente se podría haber investigado más -¿cómo fueron sus infancias?-. Claro que se les acababa el tiempo…

Pero todo este entramado podría derrumbarse si no hubiese dos actrices capaces de defenderlo con garantías. Asumiendo que el espacio no es el más indicado –incluso dentro de las características de una sala de microteatro, La Tuerka debería plantearse dar una mano de chapa y pintura a sus salas- tanto Alba Messa como Lisi Linder se entregan sin reservas y con magnéticas interpretaciones a unos personajes que son ollas a presión a punto de estallar. Linder, de fuerte presencia escénica, tiene su gran baza en una mirada que es pura expresividad, y podríamos contar esta historia mirándola fijamente a sus ojos: son sus ojos los que marcan los cambios de ritmo del encuentro –¡y cómo se agradece eso en las distancias cortas!-, y Messa pasa en cuestión de segundos de la frialdad de un personaje que bien podría ser de Pinter por todo lo que calla a ser una loba herida, dispuesta a defender con uñas y dientes lo que es suyo: pura violencia expresada desde el dolor de la pérdida. Y ya que hablábamos de miradas, otra virtud del espectáculo: es obvio que el espectador puede tener los ojos de las actrices controlados en todo momento; pero, sin embargo, ninguna de las actrices mira jamás fijamente al espectador, como si lograsen permanecer impasibles a su presencia.

Dicho todo esto, invitarles a que se acerquen a La Tuerka a ver este espectáculo –si están en A Coruña aún tienen dos semanas-, y acabar esta reseña con una reflexión: es importante que exista una cooperación y una retroalimentación entre las salas de microteatro de diferentes puntos del país; aunque La Tuerka sea una sala que, principalmente, tiene su razón de ser en producciones propias o nacidas en Galicia –cosa perfectamente lícita-, debería cuidarse el detalle de invitar “micros” procedentes de fuera de Galicia con mayor frecuencia, porque a veces aparecen cosas como esta. Y, por supuesto, también hay que apostar por exportar fuera de La Tuerka –y fuera de Galicia- los espectáculos nacidos expresamente para este espacio, al menos en la medida de lo posible.

H. A.

Nota: 4/5

“Como Dios”, de Eusebio Poncela y Facundo Fuentes de la Oca. Con: Alba Messa y Lisi Linder. Dirección: Eusebio Poncela y Facundo Fuentes de la Oca. PONFAK FILMS.

Sala Blanca de La Tuerka 27 (A Coruña), 20 de Julio de 2013

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