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‘Sé Infiel y no Mires con quién’, o de crear situaciones cómicas y cargar las tintas

julio 22, 2013

Enésima reposición de Sé Infiel y no Mires con Quién –extraña y fea traducción para el original Not now, Darling!-, la reina de las comedias de enredo, que ha sido objeto de mil y un versiones desde su nacimiento allá por los años 60. El que más el que menos habrá visto alguna producción teatral de esta obra, o alguna de las varias transposiciones fílmicas que existen.

La comedia de John Chapman y Roy Conney se presenta en los teatros constantemente, y sin embargo sigue causando la hilaridad del respetable: no será por su trama –es una comedia de enredo sin mayores alardes-, sino por su pasmosa facilidad para rizar el rizo, para encadenar situaciones rocambolescas una detrás de otra casi desde el primer minuto con una facilidad pasmosa, y para continuar sacando personajes uno tras otro –hasta nueve… – para liar –aún- más la madeja, como si de un juego de muñecas rusas se tratase. Creo que ahí, en esa imaginación y ese control del mecanismo de la comedia, reside precisamente el mayor atractivo de una función que a día de hoy sigue cumpliendo con su objetivo de entretener al público. ¿Que muchas situaciones son previsibles? Sí, seguramente. Pero eso no quita para que el entramado y la forma de plantearlas siga funcionando como un mecanismo de relojería que, en su propia locura, llega a descolocar hasta al mismo espectador que necesita casi de un árbol genealógico para no perderse en el juego de relaciones y falsas identidades, que los autores plantean con total seguridad. Dentro de lo que es este género –la comedia ligera de enredo, sin otra pretensión que divertir un rato-, hay que reconocer la perfección formal de este texto como una virtud que otras comedias de corte semejante sencillamente no tienen.

Pero llevar a escena un texto tan delirante tiene ciertos riesgos. El presente montaje –actualmente en su quinta temporada, y por el que han pasado varios repartos- lo firma la actriz Pilar Massa sobre una escenografía funcional para el enredo, pero no especialmente atractiva visualmente –Carmen M. Castellano-. Hay que destacar mucho la descacharrante idea de ese timbre de la puerta, que suena una y otra vez reproduciendo el aria de entrada de Papageno en La Flauta Mágica por más de treinta segundos: cómicamente desquiciante, hasta para el espectador. De entre las múltiples maneras posibles de enfocar esta comedia, Massa ha optado por contar la historia con ritmo implacable y frenético –en este sentido, la función tiene muchísimo pulso-. En cuestiones de creación de roles, se ha decidido –conscientemente- por la más absoluta astracanada, remarcando el histrionismo de los personajes para crear la comedia a través de personalidades extremas, excesivas, y no siempre realistas. Es una vía válida, no cabe duda; pero personalmente creo que las situaciones por sí mismas ya son lo suficientemente delirantes como para crear una hilaridad que viene sola: no hace falta recargar tanto las personalidades de los personajes, porque además es difícil que los actores se sientan cómodos en ese registro, y aquí unos lo logran mejor que otros.

Llega la hora de hablar del reparto, y lo primero que debo decir es que las personas que se subieron al escenario no se corresponden en todos los casos con la distribución que aparecía en el programa de mano. Ni rastro por ejemplo de Yolanda Arestegui: como Diana actuó Isabel Gaudí y como Lidia –que según el programa alternan Isabel Gaudí y Maribel Lara- estaba Cristina Peña, que ni siquiera aparece anunciada en la distribución en ningún rol. De la misma manera que creí identificar a Maribel Lara –que en la distribución aparece como Lidia alternante- en el personaje de la escritora de cuentos, que el programa adjudica a Encarna Gómez. Según pude apreciar, no hubo más cambios con respecto a lo anunciado. Entiendo que en una función de largo recorrido y en gira pueda haber cambios, pero no cuesta nada que la compañía facilite por megafonía la distribución correcta antes de comenzar la función para evitar equívocos: visto lo visto, pido disculpas desde ya en el caso de que alguno de los nombres anunciados no se corresponda con lo que se vio sobre el escenario.

En el irregular equipo actoral –básicamente porque, como digo, no todos trabajan igual de cómodos en la línea histriónica que impone la propuesta- destaca y mucho la creación de un Fernando Albizu camaleónico, capaz de venirse arriba y enfrentarse al histrionismo de su –en principio- ambiguo personaje con una soltura que lo hace parecer perfectamente creíble: este hombre hace bien lo que le echen, y aquí marca la diferencia. También la intérprete de la Srta. Sánchez –creemos que a cargo de Maribel Lara– se mueve con convicción y comodidad en esa línea histriónica que impone el montaje, y Aitor Legardón sabe sacar partido a sus breves intervenciones como el amante de Lidia. El resto del reparto se mueve entre lo correcto –Cristina Peña, Rosana del Carpio, Marta Flich, que sirven sus papeles con sobrada suficiencia- y lo que está algo más discreto: a Isabel Gaudí –bien por formas e intenciones- le falta ocasionalmente algo de proyección de voz –recordemos que en según qué zonas, la acústica de este teatro puede ser complicada-; Antonio Vico tiene una vocalización algo confusa –a causa seguramente de su peculiarísimo timbre de voz- y Jesús Cisneros no pudo escapar de algún que otro despiste con el texto. A pesar de todo, lo que no se puede reprochar a este elenco, por muchos altibajos que tengan, es que se nota que la función está rodada, que confían los unos en los otros, y que saben a qué juego están jugando.

Exitazo de público –como siempre que se pone esta comedia-, que aplaude y ríe a carcajadas y con gusto todas las sorpresas del loco engranaje bien engrasado que es este texto. Se pueden mejorar cosas de reparto y enfoque de esta versión concreta, pero la función de divertir al público está más que conseguida: hay momentos verdaderamente hilarantes –y en casi todos anda Fernando Albizu de por medio-. El mérito, por encima de todo, de John Chapman y Ray Conney: del texto en sí mismo. Y de un género que podrá estar denostado o ser considerado erróneamente menor: hay un teatro sin otra finalidad que la de entretener al espectador, cosa muy respetable; y se le puede –y debe- servir con dignidad. En esta versión, con todo, la hay. Curiosamente, nadie firma ni la versión ni la traducción –probablemente se esté usando la de Jaime Azpilicueta, pero no figura por ninguna parte en el programa-.

H. A.

Nota: 3.25 / 5

“Sé infiel y no mires con quién”, de John Chapman y Ray Conney. Con: Isabel Gaudí, Fernando Albizu, Jesús Cisneros, Antonio Vico, Cristina Peña, Maribel Lara, Rosana del Carpio, Aitor Legardón y Marta Flich. Dirección: Pilar Massa. DESCALZOS PRODUCCIONES.

Teatro Colón (A Coruña), 19 de Julio de 2013

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