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‘Villa Puccini’, o la importancia de tener (o no) un buen texto

junio 10, 2013

El esquema que sigue Villa Puccini no es ninguna novedad, y ya se ha demostrado que en teatro funciona perfectamente: recordemos que en 1995 Terrence McNally escribió su éxito Masterclass, una obra teatral que exploraba la figura de Maria Callas a partir de sus clases magistrales en la Jullillard School, incluyendo números musicales de los supuestos alumnos de la diva. Aquella obra se convirtió en un éxito internacional sin precedentes –en España la han interpretado, entre otras, Nuria Espert o Mabel Rivera-, básicamente porque –más allá del gancho que pueda tener el personaje escogido- ahí hay una profundidad argumental, una buena construcción psicológica y una coherencia en cuanto se ve.

Villa Puccini toma un hilo argumental más o menos semejante: una diva anónima de ópera repasa su vida la víspera de dar su recital de despedida de los escenarios, en el teatro de Torre del Lago, ciudad de Giacomo Puccini, el compositor al que ha dedicado la mayor parte de su carrera. A lo largo del monólogo, una soprano intercala una amplia colección de arias de las heroínas puccinianas. Obviamente el esquema podría funcionar, si no fuera por lo débil del texto que firman Miguel Ángel Orts y Alexander Herold, que construyen un personaje a través de una colección de manidos tópicos extendidos y no siempre reales en torno al mundo operístico –el representante gay, el odio hacia los nuevos registas, la relación con un tenor…-. Tópicos que afortunadamente están más desmontados, y que delatan a un aficionado clásico y conservador en exceso en la figura de los autores. Esta falta de profundidad dramática lastra el resultado de lo que podría haber sido un espectáculo interesante. Además, las arias están metidas con calzador –y sin orden ni concierto…- sin aportar nada al texto en sí mismo. Habría que buscar la forma de darle una unidad dramática al conjunto: la música debería ser una excusa que complementase al texto, y no al revés como aquí sucede. Hay además algún dato inexacto: la soprano afirma en el texto haber cantado La Rondine en Torre del Lago; considerando la impopularidad del título y la escasez de veces que este se ha representado, cuesta cuadrar las fechas con lógica… Podrían haber mentado cualquier otra ópera. Por si todo esto fuese poco, el final reserva una improbable carambola dramática sobre el pasado de Puccini que erizará los pelos a más de uno. Y es que no es para menos… El texto cae por su propio peso, y cuando en teatro no hay un texto mínimamente interesante, es difícil que la cosa remonte.

Así las cosas, poco puede hacer María Luisa Merlo –que luce aún plena de facultades- por enderezar el rumbo de la función. Sigue habiendo actriz –lo demostró hace menos de un año en esta misma ciudad con Cien Metros Cuadrados, de Juan Carlos Rubio; y aquí se luce y saca garra en los momentos más dramáticos del montaje-, pero es una lástima verla en un espectáculo tan pobre, porque el saber estar está ahí, y merece emplearse en proyectos más ambiciosos. Visto el panorama expuesto arriba, poco puede hacer ella; y el hecho de que se haya metido en un espectáculo tan menor demuestra su generosidad como intérprete… La soprano Emilia Onrubia, de instrumento importante y algún momento con musicalidad, podrá tener carencias técnicas –las tiene, y se fue con varias arias silenciadas…-, pero hay que aplaudirle los arrestos para hacerse cargo de arias de la práctica totalidad de las heroínas puccinianas –ha de cantar páginas de Lauretta, Musetta, Mimí, Minnie, Butterfly o Turandot, por dar una idea del amplio abanico- en una práctica inusual y vocalmente poco conveniente con la que pocas se atreverían. La acompaña al piano con discreción José Madrid, en un montaje que dirige el propio Alexander Herold sobre un espacio mucho más que minimalista, casi en el umbral de la pobreza.

La pena es que seguro que este material tratado de otra manera podría haber dado mucho más juego del que se le saca aquí, e incluso María Luisa Merlo podría haber sido un buen comienzo de haber contado con otro material textual. Pero esta vez no pudo ser. Público muy escaso, como escaso fue el entusiasmo despertado. Otra vez será.

H. A.

Nota: 2/5

“Villa Puccini”, de Miguel Ángel Orts y Alexander Herold. Con: María Luisa Merlo, Emilia Onrubia y José Madrid. Dirección: Alexander Herold. ADALIL PRODUCCIONS.

Teatro Colón (A Coruña), 2 de Junio de 2013

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