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‘O Home Almofada’, o remover para convencer

mayo 7, 2013

Espectáculo en lengua gallega

La aparición de una nueva compañía teatral en estos tiempos difíciles para el género es siempre una buena noticia. Más aún si es una compañía gallega, que se presenta pisando fuerte, con aires renovadores, ideas claras, y un espectáculo honesto y comprometido como hacía tiempo que no se veía en Galicia. Es el debut de Il Maquinario Teatro, un grupo formado en su mayoría por antiguos alumnos de la ESAD de Galicia, que apuesta por un texto tan potente como incómodo y de digestión difícil, como es O Home Almofada (The Pillowman), del irlandés Martin McDonagh. Una propuesta decididamente contemporánea que no dejará indiferente a nadie, en una función que no solo es de lo mejor que se está viendo ahora en Galicia, sino que lo tiene prácticamente todo para poder triunfar sin problemas en cualquier parte del país.

La figura de Martin McDonagh (1970- ) es ya todo un clásico para los espectadores gallegos: en los últimos siete años, se han visto hasta cuatro montajes de textos suyos. Tras la llamada “trilogía de Leanne”, O Home Alfomada presenta la cara más dura y amarga de McDonagh: se trata de un thriller mágico-psicológico en el que la violencia aparece de manera constante y en todas sus vertientes –física, verbal, poética, figurativa…- como verdadero hilo conductor de una fábula sobre los peligros de la educación estricta mal entendida, y sobre cómo las experiencias del pasado configuran el presente y el futuro de manera casi irremediable.

En un país en plena dictadura totalitaria, Katurian K. Katurian, escritora de relatos cortos, ha sido detenida por un par de policías para ser interrogada como principal sospechosa de tres asesinatos en serie que están teniendo lugar en la ciudad, y que siguen los patrones de las historias que ha escrito. En todas las historias de Katurian mueren niños de manera escabrosa. Inicialmente, Katurian afirma estar tranquila y no tener nada que ver con los crímenes, mostrándose dispuesta a cooperar. A pesar de todo, la policía intenta tensar la cuerda todo lo posible. En una habitación contigua, Michal, la hermana pequeña de Katurian, está siendo torturada, en un desesperado intento por arrancarle alguna confesión. Sobre esta situación, en un segundo plano narrativo, el espectador va conociendo, por medio de la lectura de los relatos de Katurian que forman parte del sumario –dignos del mejor Stephen King-, los morbosos y explícitos detalles de los crímenes de los que se la acusa. Sobre esta trama, McDonagh construye un complejo thriller con cuatro personajes de gran profundidad psicológica, no exento de sorpresas e insospechados giros argumentales; que mediante una prosa explícita, incisiva y de gran poder descriptivo condensa referencias de los relatos de Stephen King, del cine de Quentin Tarantino, Michael Haneke o Guillermo del Toro y –por qué no decirlo- del teatro de David Mamet. El humor negro tan típico en el teatro de McDonagh aparece aquí en menor medida que en otras piezas suyas: está, pero solo usado ocasionalmente como falsa herramienta de relajación en una historia violenta, cruda y descarnada, que mantiene en vilo al público hasta los últimos minutos. Una historia incómoda, que ataca directamente a los sentidos y apela a la reflexión.

La versión que presenta Il Maquinario Teatro parte de una dramaturgia de Tito Asorey –encargado también de la dirección del espectáculo-, muy fiel al original en líneas generales. La diferencia más destacable es la modificación del sexo de los dos personajes protagonistas: Katurian y Michal, hermanos y hombres en la versión original, pasan aquí a ser hermanas, y por lo tanto mujeres. Lo que en un principio podría parecer un cambio aleatorio, ayuda sin embargo a reforzar algunas cuestiones argumentales. De alguna manera, dos mujeres se ven más desprotegidas que dos hombres ante la brutal violencia de los detectives Ariel y Tupolski, presentados en un principio como auténticos machos alfa. Desde esta cierta situación de supuesta inferioridad, Katurian y Michal deberán unir fuerzas, y trabajar en equipo para intentar salir a bien de la encrucijada en la que se hallan. Además –y creo que esto es lo más interesante que aporta el cambio de sexo-, la relación de protección que se establece entre las dos hermanas es mucho mayor. Considerando que son huérfanas, el papel maternal de Katurian como protectora de su hermana pequeña queda aquí mucho más definido: en una situación límite, Katurian deberá no solo buscar la manera de probar su inocencia, sino también preservar la integridad de su hermana pequeña, ignorante de la que se les puede venir encima. En cualquier caso, esta solución dramatúrgica aporta una nueva luz, y nuevas posibilidades de lectura, sin faltar en absoluto a la esencia del texto, y reforzando quizás su tensión dramática.

Muy estimulante, y de gran fuerza expresiva la puesta en escena. El espacio escénico –Luis Iglesias- queda profundamente acotado, con lo que se refuerza todavía más la sensación de claustrofobia que sugiere la habitación en la que se encuentra retenida Katurian. Además, la iluminación –Tito Asorey- ayuda a separar muy claramente los planos y los tiempos narrativos, y aporta detalles que incrementan la tensión y dan a todo un aire lúgubre muy acertado –esa impagable lámpara ondeando hacia la mitad del espectáculo…-. Además, se saca gran partido a los pocos elementos escénicos disponibles para la creación de nuevos espacios –el uso del camastro es ejemplar en este aspecto-.

La dirección escénica de Tito Asorey no deja casi nada al azar, y es consciente de que el texto es lo suficientemente fuerte por sí mismo como para tratarlo con sutilidad en el escenario. Entiéndaseme bien: no renuncia a mostrar escenas de violencia explícita cuando así lo pide la obra –por cierto, naturales y muy bien ejecutadas, siempre lejos de la coreografía en apariencia- pero también apuesta por poner en jaque al espectador dejándole imaginar los momentos más espeluznantes –los gritos de tortura en oscuro de Mihal en el cambio de acto son indudablemente incómodos-. Es un acierto, porque el texto es lo suficientemente descriptivo, y porque probablemente no haya un recurso más poderoso que la imaginación para visualizar el horror. También las miradas, los silencios, y la gestualidad corporal juegan un elemento determinante para aumentar la tensión dramática. Por ponerle un pero al montaje: algunos de los cuentos de Katurian aparecen evocados con una estética cercana al guiñol, supongo que para intentar relajar la tensión dramática. El recurso funciona mejor en el relato de La Escritora y su Hermana  que en el de La Pequeña Jesús, que cuenta algo sencillamente espeluznante y llega en un momento de la trama en el que ya es imposible relajar cualquier tensión. Quizá podría haberse suavizado cierto sarcasmo que aparece, pero es una nimiedad entre toda una propuesta que funciona perfectamente, y que apuesta por una estética totalmente contemporánea, como pocos espectáculos gallegos se habían atrevido antes.

Es muy destacable el reparto, que se nota que ha absorbido con total convicción los códigos que propone Asorey, y que está volcado con la causa. La Katurian de Melania Cruz sale airosa del durísimo desafío: ha de permanecer en escena prácticamente los 100 minutos que dura la función, y su personaje transita por toda una amplia gama de sentimientos, desde la seguridad inicial, convencida de su inocencia, hasta el miedo –¡qué bien se va desmontando al ponerse las cosas feas!-, la rabia o los arrebatos de ira. Todo lo hace con total convicción, pero quizás alcance sus momentos culminantes contando el relato que da título a la obra, porque tiene algo que es luminoso y turbador al mismo tiempo. Magia tiene también la Michal de Laura Míguez, que saca oro de un papel relativamente breve pero decisivo y exigente en lo psicológico: es una pena que no se pueda hablar del personaje en profundidad –hay que evitar los spoilers…-, pero diremos que la actriz hace enmudecer al auditorio en un par de momentos -esos silencios incómodos tan impagables en el teatro…-; y que clava sus súbitos cambios de humor, en un papel que podría haber caído en un histrionismo fácil que aquí afortunadamente nunca aparece. Hay que seguirla de cerca, porque ya apunta maneras para hacer cosas importantes.

La pareja de policías podrá quedar en un segundo plano aparente, pero crece conforme avanza la función, porque es cuando ambos hombres van mostrando todas sus aristas. Los sirven con rotunda seguridad Fernando González –que en esta versión ejerce además de narrador de algunas historias de Katurian, en momentos que parecen sacados de una película de terror- y Fran Lareu –que acierta al dibujar una figura que es una constante amenaza, pero que no está exenta de cierta pachorra esporádica que casa muy bien con el personaje-. Los momentos de tensión entre ambos, cuando la cosa parece que acabará por superar a sus propios nervios están plenamente conseguidos, sembrando en el espectador lógicas dudas acerca de si algún súbito giro argumental podría estar por venir.

Tristemente, apenas 30 personas en el pequeño Forum Metropolitano. Algo ocurre en Galicia en general –y A Coruña en particular- con los espectáculos que llevan la etiqueta “teatro gallego”, y que en general no cuentan con el respaldo del público. Es cierto que se han visto cosas discretas en tiempos recientes; pero es injusto que una propuesta como esta –un espectáculo que, insisto, podrá volverse incómodo por la temática, pero es algo que nunca antes se había hecho en Galicia- tenga que pasar por la ciudad por la puerta de atrás. Los de Il Maquinario Teatro han demostrado que quieren decir cosas, y que saben cómo decirlas, transmitiendo al público un constante cóctel de emociones, Son la savia nueva del teatro gallego: un grupo de personas que demuestra que cuando se quiere, se pueden hacer cosas desde Galicia para cualquier público. Sería conveniente repescar el espectáculo en un tiempo, en algún otro espacio de la ciudad con la publicidad conveniente. De momento, solo cabe desearles mucha suerte con este proyecto, y esperar con curiosidad los que vengan en el futuro.

H. A.

Nota: 4.25 / 5

“O Home Almofada” (The Pillowman), de Martin McDonagh. Con: Melania Cruz, Laura Míguez, Fran Lareu y Fernando González. Dramaturgia y dirección: Tito Asorey. IL MAQUINARIO TEATRO.

Forum Metropolitano (A Coruña), 3 de Mayo de 2013.

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