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‘Azos de Esguello’, o cita con la Historia

mayo 5, 2013

Espectáculo en lengua gallega

La compañía Espello Cóncavo ha emprendido una apuesta arriesgada al recuperar para los escenarios Azos de Esguello, pieza teatral de Euloxio R. Ruibal (Ordes, A Coruña, 1945-),  galardonada con el Premio Álvaro Cunqueiro en 1989. Dicho galardón n suele garantizar la puesta en escena casi inmediata del texto premiado, pero la temática de la obra de Ruibal –la corrupción política y el caciquismo en la Galicia inmediatamente anterior a la autonomía- y el momento en que fue escrita dificultaron este proceso en su día hasta el punto de que el montaje fue fulminantemente cancelado. Solo ahora, casi 25 años después –y en un momento en que su argumento vuelve a estar de plena actualidad-, una compañía profesional sube este complejo texto a las tablas.

La historia narra el fulgurante ascenso social de Don Galisindo, un indiano que regresa a Galicia en la última etapa de su vida, labrándose una posición social a costa de su fortuna. De ambición desmesurada, el personaje central –ayudado por su secretario personal/hombre para todo- no dudará en utilizar los medios que sean necesarios para conseguir aquello que desea: nada le sacia, y la consecución de una cosa solo provoca el deseo de la siguiente: chantajes, sobornos, extorsiones, eliminación de rivales por la fuerza… La estructura de la pieza de Euloxio Ruibal es todo un desafío para subirse a escena: la obra se construye a base de escenas breves, que muestran solo retazos de los hechos, y viajan por más de quince espacios diferentes, casi a la manera de un guión cinematográfico más que de una pieza teatral en sí misma. De entre los 13 personajes que aparecen, muchos de ellos son presencias meramente anecdóticas, y solo el protagonista –Don Galisindo- tiene una definición psicológica verdaderamente elaborada. Solo a él le da el autor oportunidad para explicarse y defenderse, rebuscando en sus raíces en la Argentina una explicación que intente justificar la obsesión por su frenético ascenso. No hay una moraleja en el texto –probablemente el autor tampoco lo pretenda…-, y por lo tanto el protagonista no es castigado. A pesar de todo, viendo el espectáculo uno se queda con la sensación de que algunos personajes podrían haberse desarrollado más, para dar más juego a la acción dramática: es el caso de Neldo, el secretario de Don Galisindo, que aparece bien delineado, comenzando casi como un pusilánime y del que se espera casi todo el tiempo alguna evolución que provoque alguna catarsis que, sin embargo, nunca termina de llegar. Asimismo, a pesar de la relativa brevedad de la función –unos 75 minutos-, hay algunas escenas que resultan bastante prescindibles en la trama.

Hay que mirar como una verdadera osadía –dicho positivamente- el hecho de que una compañía relativamente pequeña se atreva con esta función, que no solo cubre un olvido imperdonable en la historia del teatro gallego, sino que además entraña toda la dificultad escénica que deriva de la escritura teatral en sí misma. Se podrían haber buscado muchas soluciones, pero la mayoría de las que se me ocurren probablemente estén fuera del alcance de esta compañía. Así, esta propuesta se apoya en el uso de proyecciones que sugieren el lugar en el que transcurre la acción –muy buen trabajo de NOMA Arquitectura Visual-, y solo los elementos escénicos fundamentales –mesas, sillas, butacas…-, primando pues el minimalismo escénico. En los tiempos que corren, y más dada la estructura de la pieza, esta es una solución inteligente, y el resultado cuaja bastante bien; aun cuando probablemente este montaje lucirá aún mejor en escenarios de menor tamaño que el del Teatro Rosalía, de un tamaño que distancia excesivamente a los actores de las proyecciones, y convierte el minimalismo escénico en un vacío mucho más grande –a veces incluso demasiado-. Ahora bien, dentro de los elementos escénicos hay alguno que chirría -el más claro: parece más bien improbable que nadie pueda tener un teléfono inalámbrico como el que se muestra en la obra, a finales de los años 70…-. Insisto, habría que ver la propuesta en escenarios de menor tamaño, porque como concepto escénico parece bastante funcional. Dirige la función Arturo López, que no renuncia a algún momento de cierta plasticidad ni a planos bien ordenados, aun cuando a veces el vacío escénico se le haga cuesta arriba –y más, insisto, en un escenario de estas dimensiones-.

Honesto, en líneas generales, el extenso reparto -8 actores para 13 personajes-. El mejor del elenco es César Cambeiro, que llena de matices la figura del secretario de Don Galisindo: un ser pusilánime –este actor crea unos personajes pusilánimes estupendos…- que parece, sin embargo, una olla a presión que podría estallar en cualquier momento: lástima que el personaje no tenga una mayor definición psicológica en este sentido. El protagonista es un Fernando Morán que últimamente parece estarse especializando en personajes de corrupto –lo fue en televisión en Matalobos, y recientemente en teatro en Limpeza de Sangue-. Aporta una presencia rotunda a Don Galisindo, y el saber estar de siempre; aunque el acento porteño que se sugiere –en una extraña mezcla de gallego porteño– dificulte un punto la comprensión del texto, sobre todo hacia el principio de la función –hasta que el espectador no acostumbra el oído al recurso-. Del resto de roles –todo más o menos episódicos-, hay que destacar la rotundidad con la que Isabel de Toro sirve a la mujer del alcalde, y el buen partido que saca Marita Martínez a sus breves momentos como hija de Don Galisindo; cumpliendo los demás con mayor o menor fortuna según los casos –son Xabier Pan, Arturo López, Teresa Horro y Noemí Miranda– en papeles más bien episódicos.

A pesar de las debilidades que pueda tener el espectáculo –resulta imposible no imaginar lo que hubiese sido esta obra servida con un montaje grandioso, con alturas, giratorios y demás elementos-, y de las debilidades que pueda tener el texto en sí mismo –la falta de profundidad psicológica de algunos personajes, o de situaciones en sí mismas…-, hay que valorar positivamente los arrestos de esta compañía a la hora de levantar un texto tan complejo, y la importancia que tiene la recuperación final de una pieza escandalosamente castigada durante años por la censura y la polémica. Ya era hora de presentarla sin temor.

H. A.

Nota: 3/5

 

“Azos de Esguello”, de Euloxio R. Ruibal. Con: Fernando Morán, César Cambeiro, Isabel de Toro, Teresa Horro, Marita Martínez, Xabier Pan, Arturo López y Noemí Miranda. Dirección: Arturo López. ESPELLO CÓNCAVO.

Teatro Rosalía Castro (A Coruña), 2 de Mayo de 2013.

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