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‘Yo Soy Don Quijote de la Mancha’, o mirando con ingenio al Ingenioso Hidalgo

abril 27, 2013

Don Quijote de la Mancha se ha adaptado en innumerables ocasiones a casi cualquier formato: cine, teatro, ópera, teatro musical… casi todos los géneros de la ficción han mirado una u otra vez a la figura del Hidalgo cervantino. Tantas veces se ha adaptado la obra cumbre de la literatura española que perfectamente podría surgir la duda de si realmente una nueva adaptación tendrá algo nuevo que decir y podrá aportar algo que no hayamos visto ya. Está claro que con este Yo soy Don Quijote de la Mancha la respuesta solo puede ser un sí rotundo.

José Ramón Fernández –Premio Nacional de Literatura Dramática 2011- ha tenido el inmenso acierto de crear no la enésima adaptación del Quijote a los escenarios, sino un texto que usa la obra de Cervantes como pretexto para reflexionar sobre el papel –real- que ocupa esta obra en la literatura española sin la menor intención de complacencia, y cuestionando de alguna manera ciertos falsos mitos recurrentes alrededor de esta novela.

Así, Fernández crea un doble plano metateatral, con unos actores que preparan un futuro montaje sobre el Quijote. Algunos episodios de la novela aparecerán evocados por los personajes –Don Quijote, Sancho Panza y Sanchica, la hija de Sancho, a la que aquí se le otorgan una relevancia y una dignidad inusitadas-, y se entrelazan con los propios actores, que discuten y ayudan a situar el papel del Quijote en la memoria colectiva. Los dos mundos se superponen constantemente, y el resultado es un curioso collage que uno tiene la sensación de no haber presenciado nunca antes. Hay tiempo para recordar a aquel Alonso Quijano que José Sacristán interpretase hace ya algunos años en El Hombre de la Mancha, para evocar los Campos de Castilla de Machado, para reflexionar sobre la vida y la profesión de actor, para colocar la figura heroica del Quijote como de máxima actualidad –algo más pertinente que nunca en estos tiempos difíciles-, para ironizar sobre la figura del Quijote, para cuestionar la relevancia real del sexo del protagonista –brillante el momento en que la dupla Sanchica/Almudena Ramos toma(n) por un instante las riendas del mundo tras la muerte del Quijote dispuesta(s) a ponerse el mundo por montera y ser Don Quijote en sus propias carnes-, y para evocar pasajes del Quijote. Todo esto y mucho más cabe en un espectáculo de 1 hora y 50 minutos de duración, construido con suma inteligencia y bella prosa por un Fernández al que hay que agradecerle infinitamente haber dado una vuelta de tuerca al mito quijotesco.

Y, a pesar de todas estas referencias metateatrales, lo cierto es que todo lo que se ve es tan exquisitamente teatral que genera una sensación de magia que atrapa inevitablemente al espectador, y reafirma a José Ramón Fernández como un autor inteligente, capaz de ofrecer cosas nuevas y estimulantes al público, sobre un material a priori manoseado hasta la saciedad: él, sin embargo, es original pero nunca pretencioso. Se agradece verdaderamente. Quizá acortar algunas escenas –la inicial, por ejemplo, que se hace larga- hubiera dado mayor redondez a un texto que, a pesar de todo, sigue pareciéndome muy estimulante.

Hay además un montaje sencillo pero elegante y que funciona muy bien en términos estéticos. Escenografía relativamente concisa -lo más destacable es sin duda ese Rocinante de madera que pueden ver en una de las fotografías- de Javier Aoiz, muy bien apoyada por la sugerente y variada videocreación de Álvaro Luna –un auténtico genio en lo suyo, que aquí hace mucho por el espectáculo- y una iluminación que ayuda a subrayar con claridad los diferentes planos –Juan Gómez-Cornejo y Ion Aníbal López-. Luis Bermejo dirige con sencillez, buscando algún detalle estético, pero dejando que el texto y los actores –que aquí los hay, y de raza- hagan todo por el espectáculo. Nada excesivo ni pretencioso, porque aquí los excesos no hubieran aportado nada. También es esencial y puntual la música que firma Ramiro Obedman e interpreta en directo al cello –ocasionalmente integrado también en la acción teatral- José Luis López, empleada para subrayar situaciones sutilmente.

Espectáculo de actores. Resulta sencillamente superfluo reincidir por enésima vez en los elogios a un José Sacristán, que ya se había puesto en la piel de Alonso Quijano anteriormente y que es, por derecho propio uno de los grandes de nuestra escena. En cualquier plano –ya sea como Don Quijote, ya sea como “José Sacristán personaje/actor”, pues aquí aparecen ambos- interpreta con una rotundidad que llena el escenario –por gesto, figura, saber estar…- como con pocos intérpretes sucede a día de hoy. El timbre es personalísimo, pleno e inconfundible, y la dicción perfecta le permite acometer frases desde la más absoluta interiorización sin que el espectador pierda una sola palabra. Esto podría parecer una obviedad, pero por desgracia es algo cada vez más infrecuente en nuestro teatro. Un grande, y esto no sorprenderá a nadie. Probablemente el espectáculo valdría la pena por su sola presencia, pero aquí afortunadamente hay mucho más.

No está solo Sacristán, y hay que aplaudir muy mucho a una Almudena Ramos que consigue brillar por méritos propios con su Sanchica: derrocha encanto, belleza y luminosidad en las tablas; y encuentra momentos de innegable encanto en sus fragmentos narrativos -entendemos que como Almudena actriz en sí misma- encaramada a la escalinata. Es difícil brillar de esta forma en un papel en principio secundario al lado de un monstruo como Sacristán, y ella lo consigue y saca el máximo partido a sus momentos. Habrá que seguir su carrera de cerca, porque sin duda aquí parece haber una actriz interesante. El Sancho de Fernando Soto encuentra bien en general el punto del criado, por figura y presencia; aunque es cierto que a veces se atropella en demasía en sus parlamentos –cosa que dificulta ocasionalmente la comprensión del texto-, y es la voz peor proyectada de los tres actores, en un teatro de acústica difícil como es este. Se le ha visto anteriormente en trabajos mejores, aunque aquí esté bien.

Buena entrada en el teatro Colón, público entregado y medio teatro en pie entre ovaciones al final de un espectáculo que sustenta José Sacristán –sí-, pero en el que hay mucho más que José Sacristán: hay una idea interesante, un desarrollo inteligente y una interpretación francamente notable. Se podrá redondear, como casi todo, claro -especialmente a nivel de acortar según qué momentos- pero siempre es un gustazo ver propuestas con el ingenio que tiene esta.

H. A.

Nota: 4/ 5

 

“Yo soy Don Quijote de la Mancha”, de José Ramón Fernández, sobre la novela de Miguel de Cervantes. Con: José Sacristán, Fernando Soto, Almudena Ramos y José Luis López. Director: Luis Bermejo. METRÓPOLIS TEATRO.

Teatro Colón (A Coruña), 21 de Abril de 2013.

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One Comment leave one →
  1. rosa iglesias permalink
    abril 27, 2013 10:57

    cada día que pasa te superas

    ________________________________

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