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‘La Lengua en Pedazos’, o ¿Santa? Teresa, Humana

abril 14, 2013

Juan Mayorga no solo es probablemente el más destacable autor teatral español en activo de la actualidad, sino también uno de los más prolíficos: actualmente tiene en cartel dos obras propias –El Crítico y La Lengua en Pedazos– más su versión de La Vida es Sueño, de Calderón, que dirige Helena Pimenta para la Compañía Nacional de Teatro Clásico. Por si fuera poco, en esta ocasión se encarga asimismo de dirigir su propio texto, en el que es su debut en esta nueva faceta.
La Lengua en Pedazos es un texto que tiene el sello indiscutible de Mayorga. Teatro de texto y de actores. Teatro para degustar con calma y atención, donde lo que se dice es más importante que lo que verdaderamente pasa. Plantea el encuentro en una cocina entre Santa Teresa de Jesús y un supuesto Inquisidor que se entrevista con ella dispuesto a juzgarla por la reciente fundación del Monasterio de San José. Durante su conversación, el Inquisidor tratará de buscar primero en la juventud de Teresa las razones que la hayan podido acercar a Dios y a la mística, para poner seguidamente en tela de juicio la veracidad de las firmes creencias de Teresa. Mayorga construye, a partir del Libro de la Vida de Teresa, un texto reflexivo que huye tajantemente de lo que podríamos considerar una hagiografía teatralizada: no parece que el autor quiera ensalzar la figura de la Santa, sino más bien la de la mujer tremendamente humana –y ocasionalmente superada por aquello a lo que ni siquiera ella puede encontrar una explicación “lógica”, por más que crea en ello- que, aun firme en su creencia, se permite dudar y titubear, sometida a la presión que ejerce sobre ella la figura de un Inquisidor que también defiende aquello en lo que él cree. Un combate entre dos personas cabales en las antípodas del pensamiento, entre dos personas que no querrían entrar en conflicto aunque acaban obligadas a ello; pero ante todo entre dos personas a las que Mayorga humaniza –acercándolos así al público de hoy, cosa que se agradece especialmente en el caso de Santa Teresa- y muestra un punto inseguros a la hora de defender aquello en lo que, en principio, creen ciegamente. Ahí está una de las grandes bazas de un texto que une a lo mejor de los textos de Santa Teresa de Jesús la mano inteligentísima de Mayorga para elaborar una prosa tan directa y afilada en el mensaje como bella para el oído, en la que el lenguaje y las palabras tienen una especial relevancia: aquí no solo es importante el “qué” se dice, sino también el “cómo” se dice.


Un texto difícil, que exige máxima concentración a público y actores, pero que también es muy agradecido si se sabe paladear convenientemente. Un texto que –como ocurre a menudo con el teatro de Mayorga- no estaría de más leer y releer –suerte que a Mayorga se le estén publicando casi todos sus textos-, pero que dejará ya un impacto directo en cualquier espectador que asista a ver el espectáculo dispuesto a tener la mente activa y a recibir los estímulos que el dramaturgo lanza a través de su escritura.
Tiene además la suerte de contar con dos actores formidables, que engrandecen aún más a este texto dificilísimo. Clara Sanchís, como siempre actriz de expresión sincera y bien matizada, compone una Teresa humana –acorde con el enfoque del texto-, que transita por los más diversos estados anímicos, desde la parsimonia a la fragilidad, pasando por el terror. Alcanza momentos de alto voltaje dramático cuando narra sus “encuentros” con Dios, y conforme la conversación se va volviendo más tensa a medida que el Inquisidor de Pedro Miguel Martínez la va acorralando progresivamente. El actor trabaja desde la adecuada contención expresiva, dando vida a un hombre que siempre prefiere ser pacífico y escuchar, pero que sabe bien cómo estallar en arrebatos de furia –muy bien medidos, por cierto- conforme las creencias de Teresa y su firmeza en ellas le van atacando. Entre los dos crean impagables momentos de alta tensión dramática, precisamente porque están dando vida a dos seres pacíficos en esencia, que en principio no tendrían ningún deseo de alzar la voz. Por eso, cuando llegan los estallidos de rabia, podemos percibir en ambos personajes el miedo a perder los nervios, a no saber cómo seguir defendiendo su idea frente a la idea igualmente poderosa de su oponente. Ambos intérpretes –en un trabajo de comunión constante y en una función que, como comentaré al final, fue bastante incómoda para los actores- dibujan magistralmente la fragilidad de unos personajes seguramente asustados por el poder del contrincante.


Es sencilla, minimalista y al mismo tiempo compleja –y solo parcialmente acertada- la puesta en escena que firma el propio Mayorga. Apenas una mesa llena de verduras y útiles de cocina, y dos sillas, en una escenografía de Alejandro Andujar muy sugerentemente iluminada. Suponemos que para acercar más a los personajes al público de hoy, ambos aparecen despojados de cualquier referencia histórica o contextual en el vestuario: Teresa aparece vestida de forma absolutamente contemporánea –sin hábito-, mientras que el Inquisidor viste un sencillo traje negro. Es una opción, aunque en este caso no termine de resultar convincente, como tampoco funciona la enésima ruptura de la cuarta pared: en varios momentos el Inquisidor se pasea por la sala mientras dialoga con Teresa que sigue en el escenario, sin que esta solución aporte nada realmente interesante –es más, dada la densidad del texto, la presencia de un actor por la platea podría incluso desconcentrar al público…-. Hay una última cosa que podría revisarse en el sencillo montaje: en un momento, el Inquisidor arroja al suelo varios vasos de plástico mientras hace referencia a allegados de Teresa que han muerto: el momento tiene un impacto dramático importante, que a mi modo de ver podría multiplicarse si se usasen vasos de un material que rompiese o estallase al caer –por supuesto, no pienso necesariamente en vidrio-. Funcionan muy bien, sin embargo, el comienzo y el final, con los golpes secos y en oscuro de Teresa cortando verduras, que bien podrían evocar los golpes del mazo del juez en el juicio al que Teresa va –al comienzo- o acaba –al final- de someterse. Así y todo, la calidad del texto y la fuerza de los actores pasan por encima del montaje de un texto que aceptaría perfectamente una buena lectura dramatizada, sin buscar más virguerías.


Sencillamente impresentable el comportamiento del público: es impresionante que en una sala de apenas 200 butacas suenen la friolera de tres teléfonos móviles –cada uno durante varios tonos, y a buen volumen-, obligando a los actores a “congelar” la función en dos momentos –el segundo de ellos en pleno clímax dramático y con Clara Sanchís lógica y visiblemente contrariada-; pero aun lo es más que los responsables de la sala permitan la salida y posterior entrada de público durante la función: especialmente en una sala de estas características y en un espectáculo que incluye actores por la platea. Ignoro además el motivo por el cual no se entregó programa de mano de ningún tipo.

H. A.

Nota: 4/5

“La Lengua en Pedazos”, de Juan Mayorga. Con: Clara Sanchís y Pedro Miguel Martínez. Director: Juan Mayorga. LA LOCA DE LA CASA /ENTRECAJAS
Forum Metropolitano (A Coruña), 5 de Abril de 2013.

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