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‘Hermanas’, o emociones en familia

marzo 16, 2013

Pude ver la producción original de Hermanas en A Coruña en 2009 –en castellano con el elenco que la estrenó en catalán-, y ya entonces me cautivaron muchas cosas de esta propuesta renovadora y rabiosamente contemporánea. Una función original y atrevida en estructuras, y directa a la hora de servir las emociones al espectador. Entonces reí y me emocioné. Ahora, años después y conociendo los códigos que utiliza Carol López, volví a reírme y volví a emocionarme a partes iguales. Mismo montaje, nuevo reparto, y la obra está triunfando en Madrid, llenando el teatro cada noche con total justicia, porque no ha perdido un ápice de su frescura, de su ironía, ni de su capacidad de emoción.

La muerte del patriarca reúne en la casa familiar a la familia en pleno, suponemos que por primera vez en bastante tiempo. Tres hermanas: Inés, amargada y en proceso de adopción de una niña rusa, ve cómo se le pasa el arroz, al tiempo que planifica el divorcio de su marido; Irene, madre soltera de un hijo adolescente, ha decidido traer a su nuevo novio, para presentarlo a la familia durante el velatorio del padre; Ivonne, no sabe qué hacer con su vida, y vive subida a una espiral incontrolable de sexo, porros y alcohol. La madre, Isabel, se niega a asumir su decadencia, y depende constantemente de sus cirugías y sus Martinis; recién enviudada, planea empezar una nueva existencia. El hijo de Irene –Igor- busca su lugar, e intenta perder la virginidad de una vez por todas. Y, por último, el novio de Irene, Alex, el elemento foráneo a la familia -y, miren por dónde, el único cuyo nombre no comienza por I-, debe integrarse urgentemente a la familia en una situación límite, como es la muerte del padre. Carol López escribe de una manera directa y descarnada un año en la vida de esta familia: una familia normal, en la que suceden cosas normales; una familia que podría ser cualquiera de nuestras familias. Todo lo que se ve sobre el escenario es la emoción del día a día, relaciones humanas, intimidad servida a flor de piel. López no renuncia a sorprender al espectador, rompiendo los tiempos narrativos, encabalgando las escenas unas sobre otras, e incluso incluyendo técnicas cinematográficas, como flashbacks, flashforwards, acciones coreográficas, números musicales, y escenas servidas a cámara lenta. Una estructura que podrá descolocar inicialmente al espectador, que solo al final podrá ir comprendiendo qué se le está contando, dónde va cada escena, y cuál es la verdadera secuencia temporal de lo que se nos está mostrando. Una estructura original y atrevida, distinta, rabiosamente contemporánea, que ofrece al espectador un auténtico coctel de sensaciones que en ningún momento dejará indiferente a nadie. Teatro sensacional, en el más extenso sentido del término, porque ataca constantemente al sistema nervioso de un espectador que recibe estímulos constantemente. Hay que aplaudir a López por escribir una comedia sin el menor atisbo de snobismo, pensando en el público, sin renunciar sin embargo a jugar y experimentar con las formas. No es necesariamente una función comercial, pero llegará perfectamente a cualquier tipo de espectador.

Aunque seguramente pasarán inadvertidas al espectador más profano, las referencias al universo de Chéjov son claras, ya desde el título –las 3 hermanas, la muerte del padre, la frase “hoy hace un año que murió nuestro padre”, los tíos Vania y Helena que se mencionan durante el velatorio, la niña que está adoptando Inés, que será “rusa, como nosotras”, el huerto que aparece al fondo de la cocina, y que podría ser un guiño al Jardín de los Cerezos…-. Y es que la estructura del texto de López es muy chéjoviana: aquí, como en Chéjov, apenas hay grandes catarsis argumentales lo que pasa es la vida, sin más ni menos: se cena, se ama, se discute, se cocina… y se nos invita a inmiscuirnos durante un año en la intimidad de esta familia que, insisto, podría ser cualquiera de las nuestras. Todo desde una prosa directa, afilada, irónica, y servida por el elenco con una naturalidad que nos hace empatizar con los personajes desde el primer segundo: reímos con ellos, nos sentidos cómodos con ellos y también nos emocionamos y lloramos con ellos cuando sufren, o cuando la vida les da una jarra de agua fría. Porque esta comedia –ágil y divertidísima-, es una “comedia dramática” con todas las letras, como pocas comedias dramáticas se han visto en tiempos recientes, de las de reírse a carcajada limpia y pingar el moco. Una historia circular que emociona sinceramente –incluso a quienes, como yo, ya conocíamos el desenlace-. Un teatro moderno, original y que golpeará por igual a todos los públicos.

Una curiosa mirada al mundo de la mujer, pero que difícilmente podría considerarse escritura “feminista”: aunque los cuatro personajes femeninos están más y mejor desarrollados que los dos personajes masculinos –que se quedan en meros esbozos si establecemos una comparación-, López no pretende crear un universo femenino, sino más bien un espacio universal con el que todos –hombres, mujeres, jóvenes, ancianos…- podremos identificarnos por igual. Esta es más la historia de una familia, de un ente familiar, que de un grupo de mujeres. Y se agradece mucho. Hay simbolismos que escapan a mi comprensión -¿qué representa exactamente la “I” inicial de todos los miembros de la familia, que está ausente únicamente en Alex, el que viene de fuera?-, y la enésima entrada del elenco en pleno por la platea al comienzo no aporta gran cosa en unos tiempos en que ha dejado de ser una rareza para convertirse en un hábito, pero son minucias de un texto refrescante y pleno de fuerza.

Los seis actores demuestran un compromiso admirable hacia la función que están representando, y se les nota muy cómodos en la peculiar dramaturgia de López. María Pujalte hace una gran creación personal de Irene, esa madre soltera contenida y ocasionalmente pisoteada por su madre, a la que López le deja algunos momentos de alto voltaje poético, que la actriz gallega borda, en un personaje con un carácter muy alejado de otros trabajos suyos –aquí es la más introspectiva del conjunto-, que golpea directamente la emoción del espectador. Clava su escena final. Amparo Larrañaga –auténtica especialista en personajes de mujer dura- tiene el carácter exacto para resultar convincente como Inés, la hermana y pija ejecutiva agresiva; pero la interpretación sube muchos enteros conforme el personaje comienza a enseñar su verdadera cara, sobre todo hacia el segundo acto: es entonces cuando Larrañaga alcanza cotas de verdadera brillantez, sobre todo desde la escena de la conversación telefónica. Desbordante en la escena del gazpacho purificador, que sigue siendo tan delirante como lo era hace años. A la Ivonne de Marina San José, siempre dentro de la honestidad y del trabajo bien hecho, le falta encontrarle un punto de mayor sensualidad que le iría muy bien a un personaje que, en principio, es hormona pura; en este sentido, resulta difícil olvidar la formidable creación de Aina Clotet con este mismo personaje en el montaje original: ella era pura sensualidad, mientras San José aparece bastante más candorosa. Es un enfoque válido, pero resulta algo chocante para quienes vimos el montaje anterior. Repite como la madre una Amparo Fernández, enorme, inmensa –puede que incluso ahora mejor que la primera vez-, tanto por carácter –porque sabe crear una madre cómica en su histrionismo, pero sin caer nunca en lo patético- como por sus dotes de canto y baile: el momento en que se encarama a la mesa de comer y entona “Je ne regrette rien” mientras comienza un strip-tease que la deja en ropa interior sigue siendo un auténtico golpe de teatro, un show-stopper que el público premia con una gran y merecida ovación. Chisco Amado (un Alex con un charme innegable en su papel de eterno conciliador y observador silente) y Adrián Lamana (Igor), ofrecen sus personajes masculinos con total honestidad y capacidad, aun cuando han de bregar con partes que distan mucho de tener la profundidad psicológica que sí tienen la madre y las tres hermanas.

La puesta en escena –que firma la propia autora-, es la que ya se presentó entonces: trepidante, y exacta como una coreografía, tiene la virtud de ser variada y sorprender al espectador de manera constante. Hay momentos de gran fuerza expresiva, como el último monólogo de Irene –por cómo está escrito, por cómo lo sirve Pujalte, y por la estética con la que está montado-, o ese intenso y mediterráneo momento en que la familia se enfrenta coreográficamente a la muerte: ya me pareció muy potente entonces, y me lo sigue pareciendo ahora. Todo sucede en una sencilla escenografía de Bibiana Puigdefabregas, que se ve beneficiada en este teatro por la cercanía con el público, que es otro factor clave. Menos convincente resulta, sin embargo, ese epílogo en forma de vídeo en el que vemos qué fue de los personajes un año después del desenlace. Personalmente me sobra, no por edulcorante y optimista –pero necesario después del jarro de agua fría que nos acaban de tirar encima…-, sino porque creo que debería ser cada espectador quien completase con su imaginación el futuro de la familia.

Así pues, es un espectáculo altamente recomendable, para el espectador que quiera ver un teatro original, fresco, cercano y con capacidad de emocionar desde lo pequeño y lo sincero. Hacen falta más funciones como esta para traer al público a las salas de teatro, y establecer una nueva senda en las maneras de acercarse al espectador. ¡Corran a verla!

H. A.

Nota: 4.25 / 5

 

“Hermanas”, de Carol López. Con: Amparo Larrañaga, María Pujalte, Marina San José, Amparo Fernández, Chisco Amado y Adrián Lamana. Dirección y dramaturgia: Carol López.

Teatro Maravillas (Madrid), 9 de Marzo de 2013. Función: 19.00h.  

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2 comentarios leave one →
  1. Bruno permalink
    abril 18, 2013 18:36

    Gran obra, ayuda!! sabes el nombre de la canción que canta la madre en el final?

    Saludos!

    • abril 18, 2013 22:39

      Hola!
      No, no sé el nombre de la canción. Quiero pensar que quizá sea alguna canción popular catalana, ya que recuerdo que cuando vi la producción original (la compañía catalana con la obra al español) la canción se cantaba en el catalán original, sin traducirse. Si me enterase de algún detalle más, te contacto.
      Gracias por leerme y por comentar!
      H.

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