Skip to content

‘Linda & Freddy: Ilusionistas’, o improbables utopías futuras

febrero 26, 2013

Espectáculo en lengua gallega.

Con una rapidez sin precedentes, Teatro do Noroeste presenta su nuevo espectáculo, inmediatamente después del gran éxito de aquel Último Cowboy del que este blog ya se hizo eco en su día (Abril 2012), y –como entonces- apuesta por un nuevo texto de autoría propia del director de la compañía, Eduardo Alonso, que también dirige y actúa. Como ocurriese con Último Cowboy, esta Linda & Freddy es un texto de marcado carácter social, que presenta un entorno post-crisis apocalíptico en algún punto de una Europa en estado de sitio. Linda y Freddy, dos artistas en el ocaso de sus carreras gloriosas, se ven condenados a vivir en una casa sin luz, sin teléfono, sin apenas comida y olvidados por todos, mientras fuera el panorama no puede ser más desalentador: hambre, crisis, manifestaciones reprimidas, actos vandálicos se suceden, y salir podría ser peligroso. Pero, pese a todo, Linda y Freddy no pierden la fe: recluidos en su casa, con una radio como único elemento de contacto con el exterior, esperan esa llamada improbable que vuelva a colocarles en el candelero de la actualidad; tal vez un homenaje de sus compañeros de profesión… y se aferran a su arte para encontrar una vida de escape que les permita seguir viviendo, a ser posible en una sociedad mejor.

No engaño a nadie si digo que esperaba mucho de este nuevo espectáculo, sobre todo después del acertadísimo tono que Alonso encontró en Último Cowboy. Ahí había sitio para todo: para la ironía, para la crítica social, para el drama, incluso para la emoción sincera… y una trama que enganchaba. Poco o nada de ello queda en este Linda & Freddy, donde el autor ha decidido mirar la crisis de reojo, desde un punto de vista excesivamente amable, y desde una apuesta por la comedia que elude profundidades mayores en una temática que podría dar mucho más de sí. Se comprende el mensaje, pero todo lo que hay por debajo de él –que debería ser lo verdaderamente importante, al menos desde mi punto de vista- queda en un segundo plano; y Alonso ya ha demostrado que es capaz de una escritura más comprometida cuando quiere. Tampoco el final –utópico en exceso, como casi todo en esta obra- termina de convencer, y la sensación con la que se sale del teatro es la de haber asistido a una historia intrascendente, que no engancha y no implica al público; aun cuando lo que se cuenta podría haber servido como base de un texto más complejo, de haber estado escrito bajo un punto de vista más crítico y comprometido –incluso sin salirse de las pautas de una comedia-. Algún gag bien traído aquí y allá –que también los hay- no termina de ser suficiente para levantar todo un espectáculo, cuya temática llega en un momento social completamente pertinente para la realidad de nuestro país.

Sobre el escenario, Luma Gómez y Eduardo Alonso son la pareja protagonista trabajando en general con honradez, aun cuando se muestre en general ella más cómoda que él, quien –tras muchos años de ausencia como actor, dedicado con éxito a la dirección y la escritura-, regresa a los escenarios sin esconder, por ejemplo, ciertos despistes con el texto –con su propio texto..-, que no siempre quedan subsanados como deberían. No se les puede pedir mucho más, sencillamente porque el texto no da mucho más de sí… Completan el reparto las voces grabadas de Lino Braxe y Alejandro Carro. Como director, el propio Alonso decide que este es un espectáculo de texto, y da al texto toda la importancia… Lástima que este texto no le funcione como le funcionaban otros de autoría propia.

Muy sencilla pero eficaz la escenografía –quizá sería más adecuado denominarla “elementos escénicos”-, apoyada en una iluminación ciertamente sugerente –muy hermosos y de marcado valor expresivo, por ejemplo, los juegos con las velas que abren el espectáculo y separan las diferentes escenas- que firma también Eduardo Alonso.

Pero la sensación general es la de superficialidad, y este autor ya nos ha dado otras veces cosas que demuestran que puede crear obras mucho más interesantes. Se nota –y pasa factura- esa cierta precipitación a la hora de elaborar tanto el texto como el espectáculo –el propio autor reconoce que Linda & Freddy nació a raíz de una crítica de Último Cowboy, esto es, durante la pasada temporada…-, y habría mucho que pulir en casi todos los campos. Vistas las cosas buenas que puede ofrecer esta compañía, es imposible ocultar cierta decepción, ante lo que parece algo hecho con prisas.

Un último apunte , sin querer buscar la polémica, llevando un caso particular a una situación que cada vez se vuelve más general: una vez más –y, por desgracia, van unas cuantas esta temporada…-, paupérrima entrada – ¡apenas 20 personas!- en una función de teatro gallego en el Teatro Rosalía -con un aforo aproximado de 800 butacas…-. Cosa especialmente desoladora en esta en concreto –que incluye acción por una platea que rozaba lo desierto…-. Corren tiempos difíciles para el teatro español en general, sí; pero para el teatro gallego como (micro)sistema más que para casi cualquier otro en España. No solo por la falta de subvenciones y apoyos –que también-, sino también –y más grave- por la falta de un público que parece que empieza a darle la espalda al teatro gallego como género de manera alarmante. Lo primero que debe de haber para que se produzca un espectáculo es el interés de un público potencial real, que aquí parece brillar por su ausencia. Y cuando el público te abandona, se le debe dar justo aquello que quiere ver, para eliminar su reticencia –que es cierto que la hay, pero a veces viene ganada a pulso…- y ayudar a su regreso a las salas. Hay compañías gallegas –las menos-, que lo han entendido y siguen llevando público a las salas –Excéntricas, Chévere…-. Pero la mayoría parecen no pensar en el público a la hora de montar sus propuestas, y a la vista están los resultados, con un público que les da la espalda cada vez con más frecuencia… Cosa triste donde las haya. Hay que buscar urgentemente la fórmula de no convertir al teatro gallego en un teatro snob, ni en un teatro para minorías. No lo merece. Y está ocurriendo. Hay que pensar en el público hacer que se reconcilie con el teatro gallego. Ahora –y siempre, pero sobre todo ahora-, hay que producir, ante todo, por y para el público soberano. El teatro gallego aun puede -y debe- salvarse y recuperar el lugar que merece.

H. A.  

 

Nota: 2 / 5

“Linda & Freddy: Ilusionistas”, de Eduardo Alonso. Con: Luma Gómez y Eduardo Alonso. Dirección: Eduardo Alonso. TEATRO DO NOROESTE.

Teatro Rosalía de Castro (A Coruña), 15 de Febrero de 2013.

Anuncios
No comments yet

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: