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‘La Loba’, o de lujosas crisis en tiempos de crisis

noviembre 24, 2012

A pesar de haber tenido una potente difusión en otros formatos –la recordada película que protagonizara Bette Davies o la ópera americana Regina, de Marc Blizstein, por poner dos ejemplos claros-, The Little Foxes de Lillian Helmann –rebautizada en castellano como La Loba– es un texto que no ha tenido en España la difusión que sin duda merece. Ahora, Gerardo Vera la ha presentado como su último trabajo al frente del Centro Dramático Nacional, y Juanjo Seoane ha propiciado una extensa gira por todo el país. Una gira sin duda necesaria para enriquecer la fama de este interesante título.

Quiere la casualidad que este texto –que habla de una familia de clase media-alta dispuesta a todo por enriquecerse en una América marcada por la diferencia de razas y la lucha de clases- llegue a España en medio de una tremenda crisis económica. ¡Qué ojo han tenido quienes decidieron recuperar este texto justamente ahora y aquí!, porque no se me ocurre mejor momento para comprender perfectamente toda la problemática de estos personajes que Hellman imaginó en 1939 está presente en la actualidad –¡española!- de hoy: la codicia desmesurada, la corrupción de los individuos, y la autodestrucción que ambas generan. Nuestra protagonista, Regina Hiddens, casi una Lady Macbeth del siglo XX, establece en una frase del espectáculo la esencia de la trama: “uno debería ser o negro o millonario, estar en el medio como estamos nosotros es una tristeza”. Hellman presenta sobre el escenario –¡años antes, claro!-, las bases de un género que triunfaría, sin ir más lejos en televisión, con títulos como Dallas o Dinastía. Un gran drama familiar no exento de mordacidad e ironía, donde solo uno puede quedarse con el botín…

A pesar de su título, y de que es Regina quien mueve los hilos, no deja de parecerme una pieza eminentemente coral, que se vendría abajo si no contase con un reparto de fuste. Aquí lo hay, por cartel y por currícula, sin duda alguna, aunque unos funcionen mejor que otros. La Loba titular es una Nuria Espert que, para bien y para mal, se mueve en su línea habitual. Tiene sus ya conocidos tics y manierismos más controlados que en otros montajes, es cierto, pero su trabajo, aun otorgando el necesario fuste a la presencia escénica del personaje, resulta tan –espléndidamente- mecanizado que algo en ella impide que afloren emociones verdaderas y se nos transmitan, como si una coraza se interpusiera entre la actriz y el público, aun cuando, insisto, está menos histriónica que en otros trabajos recientes. Otorgarle este personaje a una actriz de la edad de la Espert tiene algún precio a pagar. El más importante, el de darle el papel de su hija casadera, Alexandra, a una actriz como Carmen Conesa, que casi dobla la edad que podría tener su personaje, y que no acaba de encontrar su sitio. A pesar de su probadísima solvencia en este y otros medios, aquí aparece fría, distante y con una tendencia monocorde, en un personaje que debería ser todo candor juvenil. Se la ha visto en mejores trabajos, y no era fácil resolver a bien esta papeleta.

El resto del reparto es más feliz. Hay una creación ciertamente soberbia de Jeannine Mestre, como Birdie, la cuñada alcohólica y amargada que ha visto cómo su vida se marchitaba en un nido de víboras. Es un papel muy complejo, y Mestre ofrece una lectura que sabe encontrar el punto justo para cargar de verdad un papel que en otras manos podría haber sido un festival del histrionismo. No es así, y su largo monólogo final, donde el personaje al fin estalla y desnuda su alma ante buena parte de la familia, es un momento sencillamente prodigioso: lo mejor del montaje, una creación que transmite toda la emoción que no terminé de encontrar en las dos actrices que comento arriba. Dicen que en varias funciones de Madrid se le aplaudió a scena aperta este momento. Aunque no fue así en Coruña, hay que decir que habría sido con toda justicia.

Pero vamos ya con el nido de víboras, con los cazadores cazados por Regina al final… Héctor Colomé, todo autoridad escénica, aporta su habitual elegancia y savouir-faire a Benjamin –el hermano con una visión “práctica” de las cosas-, así como una dicción inmaculada, de esas que siempre es un gustazo tener en un teatro; y Ricardo Joven hace una intensa creación de Oscar, el hermano segundón en todo, al que da un acertado toque de patetismo, aunque sin caer nunca en lo bufonesco. Hay una creación sorprendente en el Leo de Markos Marín, muy divertido en su papel de marioneta pusilánime manipulado por todos: un papel que es secundario solo en apariencia, porque –en su bobería, que acaba abriendo la caja de Pandora- ha de actuar en contraposición a todos los demás, y lo hace de manera ciertamente soberbia.

Víctor Valverde, otro actor de importante presencia escénica,acentúa la dignidad del personaje de James por encima de su debilidad física, y es un enfoque ciertamente adecuado, mientras que cumplen en sus breves papeles Paco Lahoz –en un papel breve pero fundamental, que quizá funcionaría mejor como personaje si nunca apareciese en escena- e Ileana Wilson –la criada negra, un clásico del género que no podía faltar, y que la actriz sirve con una rotunda presencia y un cañón de voz. Habría que ver qué hace en roles de mayor enjundia-.

Sencillamente soberbia e imponente la puesta en escena que firma Gerardo Vera. Ciertamente imponente la recreación con todo lujo de detalles de la mansión de los Hiddens que él mismo firma; tanto como el elegantísimo vestuario de Franca Squarciapino, y la iluminación de Cornejo, que sirve para enmarcar sorprendentemente los espacios escénicos. Puede que a Vera se le vea el plumero con algunas soluciones que se repiten de un montaje a otro –la videoescena de Álvaro Luna, que no puede faltar en ningún montaje del madrileño…, pero lo cierto es que el resultado final tiene una fuerza incontestable por su espectacularidad y oportunidad. La verdad sea dicha: puede que haberle visto cuatro montajes en siete meses –Agosto, Il Trovatore, Medea y esta Loba– tampoco ayude. Ahora bien, que el resultado es de una elegancia indiscutible es algo que no se puede negar.

El resultado final es una elegante puesta en escena de un texto necesario y oportuno, con un reparto eficaz, pero irregular en algunos casos, aunque, con todo, es teatro del que se agradece ver… sobre todo en tiempos de crisis.

H. A.

 

Nota: 3.75 / 5

“La Loba”, de Lillian Hellman. Con: Nuria Espert, Héctor Colomé, Ricardo Joven, Jeaninne Mestre, Carmen Conesa, Markos Marín, Paco Lahoz e Ileana Wilson. Dirección: Gerardo Vera. Versión: Ernesto Caballero. CENTRO DRAMÁTICO NACIONAL / JUANJO SEOANE PRODUCCIONES.

Teatro Rosalía Castro, A Coruña. 16 de Noviembre de 2012.

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One Comment leave one →
  1. Xosé Eirín. permalink
    noviembre 26, 2012 19:56

    Que aburrimiento de obra y de montaje, Hugo.
    Pobres actores teniendo que representar este peñazo de dos horas anticuado y casposo; está bién la comparación con “Dallas”.
    Como el tuyo, hubo muchos comentarios del tipo “¡Qué ojo han tenido quienes decidieron recuperar este texto justamente ahora y aquí!”. Caisteis en la cuenta de que los “malos” eran esclavistas pero no, por lo que veo, de que quién los denunciaba y por lo tanto era el “bueno”, era precisamente un “banquero”; Tiene narices la cosa cuando son precisamente los banqueros los que nos han metido en esta crisis bestial y que en esta obra se pretenden revelar como los que denuncian las injusticias…tiene narices.
    Al fin y al cabo, no es de extrañar cuando los centros nacionales siempre han utilizado el teatro para contar lo que los gobiernos que deciden sus presupuestos.
    Veo que sigues valorando la iluminación, el vestuario, los muebles…
    Bicos e apertas.
    XE

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