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‘Juicio a una Zorra’, o ¿quién (re)escribe la Historia?

octubre 30, 2012

Miguel del Arco es algo así como un seguro de vida en el mundo del teatro español actual. La sola aparición de su nombre en un espectáculo es garantía de trabajo bien hecho, y ya ha demostrado repetidas veces que es un maestro en el arte de hacer muchas buenas cosas con muy pocos elementos. En este sentido, Juicio a una Zorra -un espectáculo que nació para el Festival de Mérida, y que no ha parado de girar por la geografía española, como no podía ser de otra forma- no es más que otro ejemplo de esa ley que dice que menos es más, y que retoma de alguna manera la exitosa fórmula de La Función por Hacer: un espectáculo espléndido de teatro total en el que bastan un texto inteligente y una actriz en estado de gracia con una dirección sobria para crear una verdadera obra maestra. Sin excesos ni añadidos innecesarios.

Helena de Troya se dirige al público desde el limbo del tiempo, molesta con su padre Zeus y con la Historia misma, que la ha condenado a ser el símbolo de la guerra de Troya y una de las mujeres más denostadas de la Historia. Alimentándose con un manjar que le permite recordar el pasado sin sufrir lo más mínimo por él, quiere someterse al juicio final del respetable, para intentar lavar su imagen de una vez por todas. Comienza entonces un extenso monólogo: el relato de la historia de Helena en primera persona, desde el momento de su gestación hasta el momento de su muerte. Uno puede pensar que conoce la historia, pero lo cierto es que a fin de cuentas solo la conocemos tal y como nos la han contado.

A raíz de la visión de Helena, Miguel del Arco consigue no solo escribir desde una prosa que es por momentos irónica, por momentos directamente cómica, por momentos tremendamente poética y por momentos de una intensidad desgarradora; sino también realizar una profunda vuelta de tuerca a los hechos que ya conocemos. Pero una vuelta de tuerca que es perfectamente coherente, y que dignifica la figura de Helena hasta extremos insospechados: ha sido una mujer condenada por ser la hija bastarda, violada, utilizada y manipulada por los hombres como una mercancía; y cuyo único pecado fue el de enamorarse. Se han visto muchas versiones de Helena de Troya –desde el cine hasta la opereta-, pero nunca antes nos la habían presentado de igual a igual, con la humanidad que le aporta Del Arco. Podrá haber algún detalle mitológico algo cogido por pinzas, pero todo queda compensado por la calidad de un texto que se mueve sin temor por una pluralidad de estados anímicos que aportan la humanidad necesaria al personaje tal y como nunca la habíamos visto antes, y que Miguel del Arco maneja con maestría. Esta Helena arranca como una mujer que parece estar de vuelta de todo, y se va desmontando progresivamente, en un ejercicio de comedia dramática que acaba siendo un drama humano de grandes dimensiones, aun cuando todos conocemos el final. Del Arco sabe hilar el entramado argumental para meter en harina al espectador con la facilidad de la comedia, abofeteándole con fuerza después cuando opta por seguir una línea decididamente dramática.

Pero es que todo esto va un paso más allá: la propia Helena de Del Arco insiste en que conocemos su historia como la conocemos porque su historia siempre nos la han contado hombres, de la misma manera que la filología parece vivir últimamente un boom bastante estúpido de literatura femenina-feminista en la que las escritoras construyen heroínas escritas por ellas mismas. Siempre me pareció un tópico bastante discutible, y Miguel del Arco lo tumba sin el menor problema: aquí tenemos una voz femenina, la voz de una heroína que recupera su dignidad en un mundo de hombres, alejada de cualquier tópico feminista, sin faldas ni hipersensibilidad… Todo bien. Más de una estudiosa que escuche este texto ignorando la autoría defenderá que algo así solo puede salir de las teclas que mueva una mujer… sin embargo, sorprendentemente es un texto de autoría masculina, que va contra los tópicos. En este sentido, también está parte de la genialidad de Del Arco, que tampoco duda en usar recursos de conexión entre las diferentes Helenas de la Historia –no en vano su Helena acabará cantando, derrumbada, una versión española del “Amours Divins” de La Belle Helene de Offenbach. Todo en este texto funciona.

Pero un texto así no se sostendría sin una actriz como la copa de un pino. Y aquí tenemos a Carmen Machi que –por si alguien todavía no lo sabe- es una de las grandes de nuestra escena actual. Toda una generación la ha conocido como la chacha de España, pero ha demostrado repetidas veces que esa es solo una de sus múltiples caras. Lo dije cuando la vi en Agosto hace unos meses, y aquí hay que reafirmarse: la Machi es una fuerza de la naturaleza, una bestia escénica que se entrega a la causa desde el primer segundo hasta el último. Es una intérprete visceral, expresiva, comunicativa y siempre natural, que –tal y como pide el texto de Del Arco- pasea desde la ironía cómica hasta la más profunda desesperación, pasando de una a otra en cuestión de segundos con la máxima naturalidad y sin el menor histrionismo, y llenando el escenario con su sola presencia como solo las divas son capaces de hacer. Proyección y vocalización perfectas, y esa rara capacidad de magnetismo y de congelar al público que solo las grandes pueden tener. Por supuesto, cualquier cliché que tengan de antes, jamás aparece. Hay muchos momentos brillantes, pero el relato de su final, encaramada a la mesa, es sencillamente escalofriante. No se escucha una mosca en el teatro. Su intensa y sincera encarnación es la guinda del pastel que redondea este espectáculo. Es sin duda una de las interpretaciones más intensas que se puedan ver sobre un escenario en estos momentos.

La puesta en escena –que dirige el propio Miguel del Arco- es acertadamente sobria: una mesa, un sencillo ciclorama y cientos de botellas de esa  ambrosía que Helena bebe sin cesar -todo un detalle dejar beber a la actriz cuanto necesite en una función que es exigente no solo en lo físico sino también en lo puramente vocal, puesto que ha de gritar en varias ocasiones por exigencias del texto- bastan para crear el ambiente; porque esto es básicamente teatro de texto y de actriz, y aquí ambas cosas responden, por tanto no se necesita más.

Nada –ni ese móvil que sonó repetidas veces incluso mientras la Machi fulminaba a la propietaria con la mirada, ni el inoportuno conato de aplauso inicial de quienes seguramente fueron al teatro esperando ver a un (a otro, claro) personaje y se encontraron con una actriz, ni las sonoras conversaciones de los técnicos del teatro- impidió el éxito rotundo. La larga ovación con abundantes bravos -cosa rara en esta plaza lo de los bravos…- lo dijo todo: es un espectáculo redondo, intenso y emocionante; de teatro puro, de esos que remueven el interior del espectador. Plenamente recomendable. Si pueden, no dejen de verla.

H. A.

Nota: 4.5 / 5

“Juicio a una Zorra”, de Miguel del Arco. Con: Carmen Machi. Dirección: Miguel del Arco. KAMIKAZE PRODUCCIONES.

 

Teatro Rosalía Castro, 19 de Octubre de 2012.

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3 comentarios leave one →
  1. Maria permalink
    noviembre 15, 2012 20:57

    Por fin puedo pararme a leerte con tiempo!! Yo tambien fui a esta maravilla de obra, como es que no te vi?? 😀 Bueno,no puedo añadir mucho mas a lo que tu ya has puesto, a mi me encanto, estoy totalmente de acuerdo en que no hacia falta nada mas en el escenario porque ella lo llenaba todo, tremenda!! Pero lo dicho, mejor suscribo todo lo escrito por ti que lo haces mucho mejor que yo, solo para los que entren por aqui y tenga la posibilidad de verla, muy recomendable. Saludiños H.

  2. María Barros permalink
    noviembre 15, 2012 20:07

    Al fin tengo tiempo para leerte con calma!! Yo tb fui a verla, como es que no te vi?? 😀 Y estoy totalmente de acuerdo contigo, no hacia falta nada mas en el escenario porque Carmen Machi lo llenaba todo, fantástica! A mi me encanto! Asi que suscribo lo dicho por ti que lo haces mucho mejor! Saludiños

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