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‘Contra el Viento del Norte’, o de mails, amor, best-sellers y otros demonios

octubre 17, 2012

Hay ciertas cosas en el mundo del best seller literario que escapan a mi entendimiento. Contra el Viento del Norte es, en esencia, una novela del escritor y novelista austriaco Daniel Gattauer que ha vendido millones de ejemplares en todo el mundo y cuenta ya con una secuela –Cada Siete Olas– que lleva el mismo camino. Ahora, llega a los teatros españoles de la mano de la compañía vasca Tanttaka Teatroa.

Sorprende que un material de tal pobreza haya podido “conmover a millones de lectores en todo el mundo”. Porque veamos: una mujer casada y aburrida quiere darse de baja de la subscrición a una revista. Por error empieza a mandar mails a un tal Leo Leike, profesor de lingüística, que empieza a responderle porque está haciendo un estudio sobre las formas de comunicación por mail… y se escriben, se escriben y se escriben compulsivamente durante semanas y meses, la mayoría de las veces con mensajes vacuos, escritos con una prosa que parece querer esconder una pseudointelectualidad mucho más de lo que hay en esencia… aunque servidor no se la vea por ningún lado. Y claro, se enamoran –cibernéticamente-, pero no se atreven a dar el paso de conocerse. Y así durante meses, hasta que un buen día el marido de ella descubre todo el fregado y se mete por el medio.

Hasta aquí bien, podríamos estar ante el argumento de una comedia romántica blanca, o de uno de esos telefilmes de sobremesa que se ven los fines de semana en algunas cadenas locales. Pero no se crean, porque el librito tiene además unos errores de forma y contenido que terminan de quitarle la poca credibilidad que tiene. Veamos dos ejemplos que sustentan la base del embrollo, pero que son francamente risibles:

 

Ocho minutos después

Fw:

Se ha equivocado usted de dirección. Ésta es mi dirección

particular: woerter@leike.com. Usted quiere escribir a

woerter@like.com. Es la tercera persona que me pide que

le dé de baja de la suscripción. La revista debe de haberse

vuelto francamente mala. (10)

(…)

15 minutos después

Re:

Querido señor Leike:

Ahora sí que me sabe fatal. Por desgracia, tengo un

defecto crónico «ei», mejor dicho, «e» delante de «i».

Cuando escribo deprisa y viene una «i», se me escurre

siempre una «e». Lo que sucede es que las yemas de mis

dos dedos corazón se hacen la guerra en el teclado. La

izquierda siempre quiere ser más rápida que la derecha,

pues soy zurda de nacimiento y en el colegio me invirtieron

la polaridad. Hasta hoy, la mano izquierda no me

lo ha perdonado. Siempre mete una «e» con la yema del

dedo corazón antes de que la derecha pueda poner una

«i». Disculpe la molestia, (probablemente) no volverá a

ocurrir.

Que tenga una buena tarde,

E. Rothner (12)

 

No me digan que no tiene tela. Lo de la carambola con la confusión en los servidores – ¿pero no habría sido más fácil equivocar los nombres de usuario?- deja perplejo; pero es que la explicación de la mujer para justificar dicha confusión supera con mucho lo surrealista. Así se comienza a establecer un diálogo pretendidamente sensual y hasta erótico para algunos –ya me dirán en donde- detrás del juego de no conocer las identidades: un viaje a ninguna parte de dos adultos que se comportan como preadolescentes carentes de cualquier sentido de la madurez y jugando al gato y al ratón, al que el público asistirá perplejo esperando alguna conclusión brillante y sorprendente que por supuesto –no podría ser de otro modo- jamás llega. Que esto pueda ‘conmover’ a alguien es algo que escapa a mi entendimiento. Lo olvidaba, el final exige del autor otra de esas brillantes carambolas suyas para poder llevar a cabo la segunda parte: visto lo visto, no dudo que habrá sido capaz.

La función

Independientemente de que el material original –la novela- me parezca pobre, y bastante indigno de subirse a un escenario por todo lo que he expuesto más arriba, hay que decir que la función que presenta Tanttaka Teatroa está bastante bien realizada en términos técnicos. Obviamente, subir al escenario una novela epistolar de mails implica romper unos códigos que darán más juego en la novela –ambos actores se están viendo mutuamente durante toda la función: ¿por qué no colocarlos espalda con espalda o separados mediante un tabique o algo semejante?- con lo que parte del morbo que podría tener esta historia se pierde, puesto que por más que no se toquen, los personajes conviven en un mismo espacio sin apenas separación real.

Dicho esto, hay sin embargo un esmerado trabajo de puesta en escena: Fernando Bernués parece consciente del estatismo al que está obligado cuando dos personas pasan el 75% de la función sentados delante de un ordenador y esto es lo que hay; y lo suple con una puesta escena ciertamente atractiva visualmente, que hace uso de un potente aparato tecnológico –con sugestivos dibujos de Naiel Ibarrola– y de videocreación –David Bernués-, sobre un espacio sencillo pero muy bien iluminado –Xabier Lozano-. Cierto es que la estética del espectáculo tiene un pase que es casi lo único salvable de la propuesta: vamos, que el texto es tan blandito que uno pasa el tiempo más centrado en observar la puesta en escena que en procesar el texto en sí –porque pasa de blando a sonrojante en cuestión de minutos…-.

Joseba Apaozala e Itziar Atienza cumplen bien con la papeleta que tienen encima, que es servir a un texto que es el que es. Optan por colocar a sus personajes en el tono de comedia romántica –se han visto cientos de ellas mejor escritas…-, y hacen lo posible por dar naturalidad a unos personajes que, por sus inmaduros comportamientos, no hay quien se los crea. Lo consiguen: sobre el escenario vemos seres humanos inmaduros más que clichés de cartón-piedra. Es todo lo que pueden hacer por este espectáculo, y no hay reproches para ellos –aun cuando el montaje aproveche casi cualquier ocasión para hacer salir a Atienza ligera de ropa-. Kike Díaz de Rada, por su parte,tiene una aparición puntual como el marido de Emmi, con un tinte melodramático que no hay por dónde coger. Está bien por dicción y presencia, pero el texto es el que es. Tampoco es por su culpa.

La sensación final es que se ha hecho un buen trabajo, pero sobre un material que dista mucho de enganchar en un teatro. No es culpa de la compañía –bueno, tal vez sí en parte, porque se debería haber escogido otra novela para subir a las tablas-, pero la respuesta del público es bastante fría, más allá de alguna risotada puntual aquí o allá. Y yo personalmente, por encima de todo necesito que lo que se me cuenta cuando voy al teatro me interese, me golpee o me resulte cercano aunque sea mínimamente. Y esta vez no ha sido el caso. Espero sinceramente que no decidan montar la secuela, y dediquen su talento a textos que verdaderamente lo merezcan.

H. A.

 

Nota: 2/5

 

“Contra el Viento del Norte”, de Daniel Gattauer. Con: Joseba Apaolaza, Itziar Atienza y Kike Díaz de Rada. Dirección: Fernando Bernués. TANTTAKA TEATROA.

 

Teatro Rosalía de Castro, 6 de Octubre de 2012.

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