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‘A función do tequila’, o redimir al psicópata

septiembre 24, 2012

Espectáculo en lengua gallega.

A Función do Tequila –obra merecedora del Premio Rafael Dieste 2011, posiblemente uno de los galardones más importantes del teatro gallego actual- es un curioso experimento de ficción histórica, que parte de una serie de hechos reales no del todo esclarecidos para crear una trama en la que realidad, ficción y suposición se mezclan en un mismo espacio.

Así, la función toma como eje central la figura de José García Nieto, O Jalisco, un mejicano afincado en Galicia que se vio aparentemente envuelto en una trama política y en una serie de asesinatos en cadena. Su primera esposa fue María Docampo, secretaría del intelectual gallego Alfonso Rodríguez Castelao durante la estancia de éste en EEUU y que presumiblemente podría haber sido espía de la CIA. En 1949, “O Jalisco” asesina a María –17 puñaladas-, a su cuñada –15 puñaladas- y a su suegra –2 puñaladas-, tras lo cual quema gran cantidad de documentación, intentando también quemar su casa y suicidarse. Es detenido y pasa una temporada en una prisión de la CIA en Canarias, sale en libertad y vuelve a contraer matrimonio, y en 1976 vuelve a asesinar a su mujer y a su hija. Aparentemente muere en el manicomio, habiéndose decretado suicidio.

Las incógnitas entorno a esta historia sirven al autor, Manuel Guede, para crear un texto que parte de los personajes reales para crear una ficción que sitúa a Jalisco en el manicomio en el que pasó sus últimos días. Allí, recibe la visita de Edmond Peevy, un agente y antiguo conocido de Jalisco, que viene dispuesto a esclarecer los hechos que llevaron a nuestro hombre a su actual situación. A partir de aquí, los flashbacks y los fantasmas que acosan al psicópata se entrelazan con la entrevista que irán manteniendo los dos hombres, en los que iremos conociendo las – ¿verdaderas?- motivaciones que llevaron a Jalisco a convertirse en lo que es hoy. Una mesa, dos hombres, dos enfermeras que vigilan –y que servirán para personificar oportunamente a las dos esposas de Jalisco-, un frasco de pastillas y, claro, una botella del tequila del título. Pero en esta historia, la “función del tequila” es más que una mera referencia a una función teatral, y acabará convirtiéndose en una de las claves de lo que se está narrando.

El texto de Guede –podríamos decir que es un thriller de comedia negra- comienza como una suerte de batalla dialéctica y acaba derivando en algo mucho más interesante cuando comienza a indagar en la psicología de su personaje principal. Cierto es que tiene sus virtudes y sus defectos. Primero, acierta al humanizar con naturalidad al psicópata y hacer que el público empatice con el criminal y hacer comprender que quizá no le quedaba otra salida. Después, aún cuando personalmente no me suelen gustar los excesos líricos en el teatro, hay que reconocer que es un texto escrito con un importante número de figuras líricas y símiles bien planeados, que, sin embargo, funcionan estupendamente. Dos ejemplos: las reflexiones de Jalisco sobre la necesidad de beber tequila y la escena del encuentro entre Jalisco y María Docampo, ambas escenas hermosamente escritas. También es audaz en la estructura, planeando bien los flashbacks sin recargar nunca las escenas: toda la información que se va ofreciendo es nueva. En el haber, deja una cierta falta de ritmo –y, por qué no decirlo, también de contenido realmente interesante-, patente sobre todo durante la primera mitad de la función, de la que se va recomponiendo mucho conforme avanza ésta avanza, y, sobre todo cuando la anécdota política deja paso a terrenos más humanos y comienza a profundizar en la psicología del personaje principal.

Teatro do Morcego presenta un montaje que apuesta por la sobriedad, seguramente buscando concentrar al espectador en el texto. La escenografía es sencilla en apariencia, pero sin embargo ciertamente eficaz: el acotado espacio que encierra la mesa en la que tiene lugar el encuentro central -columnas gigantes e inclinadas, como si fueran a derrumbarse en cualquier momento- ayuda a crear una interesante sensación de claustrofobia, que construye el clima de manera eficiente. Diseña la escenografía Antonio Simón, que firma además la adecuada iluminación.

En el reparto brilla con luz propia un Manuel Manquiña sorprendente como el (anti)héroe de nuestra historia. El polifacético actor gallego construye un personaje ante todo lleno de dignidad, humano por encima de todo; y acierta al evitar cualquier tipo de histrionismo en los múltiples cambios de ánimo por los que atraviesa el personaje. Este camino ayuda a crear de inmediato ese vínculo de empatía con el público que parece tan importante para el texto de Guede, aun cuando somos conscientes de que estamos ante un psicópata. Solo una actuación enfocada desde la máxima naturalidad puede conseguir algo así. Además, se confirma como un excelente actor dramático. Su creación es, sin duda alguna, el puntal de la función.

Al Edmond Peever de Santiago Fernández –un profesional curtido en el mundo del doblaje y la docencia teatral- hay que aplaudirle la presencia, el timbre y la dicción perfecta: cualidades que no siempre brillan así en un actor de teatro. Pero da la impresión de construir su personaje básicamente desde la voz, y en escena peca de un cierto estatismo que hace al personaje por momentos excesivamente frío y distante que quizás habría que corregir de alguna manera para redondear el resultado final.

Tener a Elina Luaces y Luisa Merelas –dos de las actrices gallegas más importantes de sus generaciones- para hacer dos personajes que, aunque están toda la función en escena, no dejan de ser dos cameos puntuales es un lujo. De hecho, cuesta no pensar que el potencial de Merelas –que siempre está ahí- está algo desaprovechado en el papel de la segunda esposa de Jalisco –apenas dos escenas como elemento activo-. Juega en las mismas condiciones una Elina Luaces que, en el papel de María Docampo, tiene una participación igualmente breve, pero al menos su escena es, como ya he dicho, una de las mejor escritas de toda la función. Así y todo, se queda uno con ganas de más, considerando la calidad de los elementos de que se dispone.

La dirección escénica –la firman Antonio Simón y Manuela Varela– se mueve coherentemente fiel a la línea de sobriedad en la que apunta todo el montaje, pero sin renunciar a sugerir alguna clave para la lectura de la obra: hay detalles que solo cobran sentido al final, y que obviamente no deben comentarse aquí. Muy oportuna la selección musical –Celso Parada, factotum de la compañía-.

Con todo, cabe hacer una última consideración: en esta función se usó microfonía para los actores, por alguna razón que desconozco. Al margen de que me parezca una opción casi siempre discutible en el mundo del teatro de texto, no ayudó la acústica –lo he dicho mil veces aquí, extrañísima- del Teatro Colón: hubo graves fallos de acoplamientos y descompensaciones en los volúmenes de los micrófonos… Uno no sabe muy bien a quién o a qué culpar, pero ahí estuvo el defecto grave.

Al margen de esto, lo cierto es que se está ante un texto bien escrito y un trabajo sumamente honesto por parte de la compañía. Seguramente ambos se pudieran pulir aquí y allá, pero el resultado global funciona. Y, sobre todo, ante el espléndido trabajo de un actor –Manuel Manquiña- capaz de hacer valer el espectáculo por sí solo.

H. A.

Nota: 3.5 / 5

“A Función do Tequila”, de Manuel Guede Oliva. Con: Manuel Manquiña, Santiago Fernández, Elina Luaces y Luisa Merelas. Dirección: Antonio Simón y Manuela Varela. TEATRO DO MORCEGO / TEATRO CIRCO (BRAGA).

Teatro Colón (A Coruña), 7 de Septiembre de 2012.

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