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‘El Tipo de la Tumba de al Lado’, o granjero busca esposa (que busca esposo)

junio 29, 2012

En el mundo literario -casi como en cualquier otro- a veces hay éxitos que uno no consigue explicarse; pero que ahí están. El Tipo de la Tumba de al Lado es quizá uno de estos casos. La novela original de la sueca Katerina Mazetti (1944- )  fue por lo visto un best-seller en su país, y de ahí dio el salto al teatro, en una versión de Alain Ganas, habiéndose representado en varios países. Ahora ha llegado a España, de la mano de Josep María Pou –responsable de la dirección y la versión-, e interpretada por dos actores sobradamente reconocidos por el público como son Maribel Verdú y Antonio Molero –ambos en su regreso al teatro tras el éxito de Un Dios Salvaje, de Yasmina Reza-. Taquillazo garantizado.

Veamos. Laura y Pablo son dos seres normales y corrientes –o eso dicen ellos…- que coinciden visitando a sus seres queridos en un cementerio visitando a sus seres queridos. Él, un granjero soltero que vive por y para sus vacas en la granjita familiar de la que ahora debe encargarse, visita la tumba de su señora madre. Ella, una bibliotecaria gafaspastil que siente que su reloj biológico podría sonar en cualquier momento y dialoga con sus revolucionados óvulos, visita la tumba de su marido, fallecido unos meses atrás en un accidente de bicicleta. Se miran, se escrutan, se sonríen… comienzan a hablar. Obviamente dan rienda suelta a sus instintos… Y, puesto que están los dos más solos que la una, intentan encontrar en el otro las cosas que les faltan. Pero claro, deben salvar un abismo social mayúsculo.

Si leen esta sinopsis, ustedes seguramente pensarán: “Menuda chorrada”. Pues sí, no lo vamos a negar. Pero sin saber muy bien por qué, hay algo en esta historia que –una vez que asumimos su simpleza- entretiene y divierte. Los diálogos son fáciles y delirantes; pero el espectador, inexplicablemente acaba entrando en este mundo de delirio previsible. Hay algo en esta historia que nos hace reír, y resulta imposible no caer en las garras de este divertimento vodevilesco, aunque nunca olvidemos la ligereza de lo que estamos viendo.

Todo el mérito es de quienes se han encargado de este montaje. Parece que todos son conscientes de estarse enfrentando a un material ligerito, ligerito; y así lo han montado y les funciona. La escenografía –firmada por Ana Garay, y brillantemente iluminada por Albert Faura– es simplemente un prado a dos alturas, en el que el espectador debe imaginar todos los espacios por los que transita esta historia, así como los elementos que en ella aparecen, ya que la narración usa unas convenciones que huyen de cualquier realismo. Un acierto, porque solo desde esta falta de realismo –que a veces roza de alguna manera el género del cómic, y en las varias escenas de sexo alcanza un nivel de parodia irresistible y muy bien medida- una historia así puede funcionar. También el espacio sonoro de Jordi Ballbé deja algún momento tan irónico como musicalmente envolvente, citando comedias musicales como The Sound of Music -¿cómo podría faltar en un escenario como el que tenemos?- o West Side Story.

Queda claro que José María Pou debe tener un sentido del humor desbordante, para haber aceptado dirigir este proyecto, y encima haber conseguido que esto –que en otras manos podría haber sido un completo desastre- le funcione, nos haga reír y se lleve el aplauso.

Se entregan también Antonio Molero y Maribel Verdú. Él, en su enésimo papel de paleto, es un cómico de primer orden; con unos recursos que maneja bien y le funcionan, para conectar con el público. Este granjero no es la excepción. A ella se le puede reprochar la cuestión de la proyección de voz –y posiblemente menos facilidad innata para la comedia que su compañero-, pero tiene momentos desbordantes, como todos esos diálogos con sus óvulos donde ella sola se pregunta y se responde; y va entrando poco a poco en la alocada dinámica del espectáculo. Pero no se les puede negar a ambos –Pou habrá tenido mucho que ver seguro- la fluidez y la capacidad de conexión –no solamente verbal sino también gestual- con el público. Muchas veces, de eso se trata para que un espectáculo funcione.

Más por la factura que por el contenido, pasas un buen rato y te ríes –no sabría decir muy bien por qué, pero me reí bastante, y sinceramente- si te dejas los complejos en tu casa. Si quieren desconectar y reírse un rato, no dejen de ir.

Cabe celebrar que, con este espectáculo, ha reabierto el Teatro Colón de A Coruña, tras seis meses en el dique seco, que por desgracia han privado de la llegada de muchos espectáculos a tierras gallegas. Obviamente, en estos tiempos cualquier teatro que reabre y funciona es siempre una alegría. Mucha suerte a los nuevos responsables.

H. A.

Nota: 3.25 / 5

“El Tipo de la Tumba de al Lado”, de Katerina Mazetti. Con: Antonio Molero y Maribel Verdú. Versión y dirección: Josep Maria Pou. TRASGO PRODUCCIONES / GRUPO FOCUS.

Teatro Colón (A Coruña), 16 de Junio de 2012.

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