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‘Cien Metros Cuadrados’, o alta comedia de calidad

mayo 19, 2012

Parte de la magia del teatro es que a veces te da agradables sorpresas donde menos te lo esperas. La comedia Cien Metros Cuadrados, de Juan Carlos Rubio, es indudablemente una de esas sorpresas, uno de esos espectáculos que acaban dando mucho más de lo que uno pueda esperar a primera vista.

A Juan Carlos Rubio le conocía como director de espectáculos brillantes –El Pez Gordo o aquella soberbia versión de Razas que comenté en su día en este blog- y también de otros más descafeinados –pienso en Ocasiones Especiales-. A pesar de saber que tiene varias obras propias –o conjuntas- en cartel, nunca le había visto una. Gran sorpresa, porque consigue partir de una historia bien simple –tanto que en otras manos podría haber dado lugar a un texto bien pobre- para hacer comedia desde la honestidad y la inteligencia, sin necesariamente humor fácil, ni previsible, ni sucio. Mucho, mucho más de lo que dan la mayoría de las comedias de este tipo. No será descacharrante -tiene sus momentos-, pero sí es de risa continua; está bien construida, los personajes tienen un transfondo y, como las mejores comedias, habla básicamente sobre temas muy serios: básicamente la muerte y la crisis económica; pero también la soledad, la incomunicación o las escalas de prioridades en la vida.

Sara, una vendedora de seguros de vida, alquila un piso de cien metros cuadrados a muy buen precio en alguna gran ciudad. El único inconveniente es que dentro vive una viejecita que lleva tres bypasses y fuma varias cajetillas diarias. Seguro que se morirá pronto y Sara podrá quedarse con el piso para ella sola. O no… Hasta aquí, quizás podría parecer que nos encontramos ante una relectura de El Pisito. Pero nada que ver, porque, pasada la anécdota, esta historia va por otros derroteros. Entre las dos mujeres empieza a crearse un vínculo: quizá no son tan distintas como creen; quizá puedan ayudarse… aunque quizá no se soporten… y quizá la muerte no siga las reglas de la lógica. En medio de este panorama, el vendedor de pisos: un hombre que sueña con ser artista y lo mismo vale para un roto que para un descosido, pero que no parece encontrar su sitio en la vida. Con estos elementos, Juan Carlos Rubio construye un texto honesto y efectivo, que divierte –e incluye ciertos giros y hasta concesiones musicales inesperadas-, se ve con mucho agrado, y deja algún lugar a la reflexión. Insisto, mucho, mucho más de lo que ofrecen estas comedias normalmente hoy.

Sobre el escenario hay un estupendo trabajo de equipo, en un espectáculo que se nota que está rodado, y donde todos confían en todos para llevar el resultado a buen puerto. María Luisa Merlo, como la viejecita polédrica de la discordia, demuestra que está curtida en mil batallas, y que aún está al menos para otras doscientas más. Tiene el texto y el personaje bien cogidos, y construye un personaje entrañable, y muy de verdad. Además, es de los mejores espectáculos en los que ha trabajado en bastantes años. Junto a ella, Miriam Díaz- Aroca se confirma como una actriz versátil y de probada solvencia, en la que se nota una fuerte evolución: le toca un papel fundamentalmente serio, lejos de los personajes cómicos –y a veces hasta un punto histriónicos- que abordaba normalmente. Y convence, proyecta bien la voz y da el carácter del papel. La química entre ambas es palpable, y está incluso por encima de algunas estupideces que les regaló el público, y que comentaré al final. Esa es otra de las claves del éxito. Completa la terna Miguel Vigil –del mítico y añorado grupo Académica Palanca-, que se confirma como un gran cómico… y, por supuesto, ofrece un aperitivo musical en su línea para romper cierto clímax dramático.

No hubo programa de mano, así que no sé quién firma la escenografía –tampoco figura el dato en la web de la productora-. Esencialísima: apenas tres sillas, una mesa y un armario empotrado practicable –porque así lo exige el texto- sobre un suelo a mínima elevación. Una escenografía que se antoja –muy- pequeña para un teatro del tamaño del Rosalía de Castro –que tampoco es de los más grandes…-, pero que finalmente está mejor aprovechada de lo que pueda parecer a primera vista. No he encontrado quién firma la iluminación, pero aporta algún momento de interés.

Dirige todo el propio Juan Carlos Rubio. Nada que objetar, porque nadie como él para saber lo que ha querido hacer con su propio texto: aprovecha todo el espacio y huye de los estatismos todo lo que puede.

El espectáculo funciona y divierte, que después de todo es para lo que está planteado. El público conecta con la historia y los intérpretes, y el material con el que se trabaja es honesto, y hay una sensación tremenda de que todos saben exactamente lo que se traen entre manos. Valoro mucho la honestidad de los espectáculos, y pocas comedias de este formato se habrán visto que sean tan honestas: es la prueba de que se puede hacer teatro para el gran público sin caer en la chabacanería, y sin renunciar a ofrecer un buen divertimento –sin más- a un público más elevado.

Un último apunte para el público. No pretendo aleccionar a nadie, pero hay cosas que no deberían pasar: es inútil dar por hecho que no va a sonar ningún teléfono –porque siempre suenan…-, o que nadie va a salir de la sala a responder –con el eco devolviendo la conversación a la sala…- pero lo que no se puede bajo ningún concepto es gritar desde el patio de butacas: “¡Ese teléfono por favor!” en mitad de un diálogo, como sucedió esta noche. Porque es una falta de respeto a las actrices, que esta vez respondieron con extraordinaria profesionalidad congelando momentáneamente la escena –chapeau!-. Pero es que, lamentablemente, en este teatro y en este ciclo de abono, ya no es la primera –fue en Antes te gustaba la lluvia– ni la segunda –Carcajada Salvaje– vez que pasa algo en el patio de butacas que está fuera de lugar. Un respeto a los que trabajan sobre el escenario, por favor.

H. A.

Nota: 3.5 / 5 

“Cien Metros Cuadrados”, de Juan Carlos Rubio. Con: Miriam Díaz-Aroca, María Luisa Merlo y Miguel Vigil. Director: Juan Carlos Rubio. TXALO PRODUCCIONES.

Teatro Rosalía de Castro, 18 de Mayo de 2012

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