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‘Citizen’, o la vanguardia teatral en Galicia

marzo 25, 2012

Espectáculo en lengua gallega.

La compañía gallega Chévere ha vuelto a liarla parda. Si dos generaciones de espectadores pudimos disfrutar en su día de aquel desternillante “grelo-western” (sic) que era Río Bravo, ahora, tras otros trabajos, han decidido situarse en la línea más vanguardista del teatro gallego actual, con la creación de Citizen, que fue presentada por partes entre 2010 y 2011, y ahora llega en su versión íntegra.

A lo largo de tres horas y media, la compañía toma Citizen Kane como punto de partida para narrar el ascenso y caída de Arsenio Ortigueira, un empresario gallego que, pocos días después de la muerte de Franco, decide comenzar a levantar un emporio textil, a partir del encuentro con una militante universitaria con afanes periodísticos, empeñada en encontrar alguna conexión entre el empresario A. O. (siglas con las que se reconocerá a nuestro protagonista a lo largo de la función) y el dictador español. Dadas las siglas de nuestro protagonista, cabe comentar que la protagonista femenina se llama Sara Caamaño… y que obviamente va a haber algo que una a ambos personajes… algo que por supuesto NO será el nombre del emporio de A. O., que inicialmente se llamará Global Fashion, no sean ustedes mal pensados.

La primera parte (Citizen I: Maiorías Silenciosas) transcurre en 1975, y narra el encuentro entre A.O. y Sara, en el que él parece comprender, gracias a ella, cuáles han de ser las claves a seguir para levantar su emporio; la segunda (Citizen II: Made in Galicia) transcurre en algún punto a mediados de los años 80 y narra la proliferación en Galicia de los talleres de confección, donde las trabajadoras (Sara, con su hijo pequeño a cuestas, incluida) deben enfrentar largas jornadas de trabajo, confeccionando ropa para la empresa de nuestro antihéroe A.O. La tercera parte (Citizen III: Wii Economía) transcurre en la actualidad, con A. O. haciendo frente a una crisis económica que amenaza con derrumbar su imperio… y respondiendo a quienes piden cuentas por las cosas que se llevó por delante en el pasado para llegar hasta lo que es hoy.

Esta trama, sirve a Chévere para crear un espectáculo actual y vanguardista, no solo por la vigencia de las cosas que cuentan, sino también por la manera de contarlas. Un espectáculo capaz de pasar en un abrir y cerrar de ojos de la comedia retranqueira a la crítica o el melodrama, y moverse constantemente de una a otra. Y, lo que es más importante, un espectáculo capaz de explorar todo tipo de recursos narrativos e incorporarlos al lenguaje teatral.

En la primera parte, tras un prólogo en el que los actores se dirigen al público advirtiendo sobre la naturaleza real de lo que van  presenciar, tiene lugar la larga entrevista entre A.O. y Sara transcurre en un espacio vacío, en el que el espectador debe imaginar los elementos escénicos, con la única ayuda de nombres pintados a tiza en el suelo. Además, dos cámaras proyectan en tiempo real lo que sucede en el escenario, pero contraponiendo los planos, de forma que el espectador puede focalizar la atención cómodamente en los dos personajes mirando solamente a un sitio. Esta entrevista, por supuesto, viene salpicada de los consabidos anuncios de la época.

La segunda parte, tal vez la más densa de las tres, tras una primera parte de implicación con el público, por medio de la aparición del cura del pueblo, que ayuda a las mujeres a trabajar en el taller de confección, se apoya en una larga acción coreográfica –una suerte de poética corporal, que casi es danza contemporánea pura y dura- para mostrar en desgaste de las trabajadoras, prácticamente con la única banda sonora del ruido de las máquinas de coser. Una secuencia tan larga –son, tranquilamente, 20 minutos- como complicada de ejecutar, que posiblemente busque transmitir al público la misma sensación de saturación que sienten los personajes. En un principio pensé que esta segunda parte –más en concreto toda esta larguísima secuencia final- podría recortarse, pero si lo que se busca es el efecto de saturación, se consigue.

La tercera parte incorpora elementos tecnológicos de la más rabiosa actualidad como el chat -ejecutado en directo y proyectado en una pantalla-, la videoconferencia –ídem.- o incluso una partida de wii –ídem-, a la narración. Todos estos recursos se funden con el texto, para crear una curiosa forma de contar el espectáculo, que sugiere cómo la tecnología se ha apoderado de todos nosotros. Esta tercera parte se cierra con un epílogo en el que los actores –como actores- rompen la cuarta pared para dialogar con el público sobre lo que se acaba de ver.

Quienes hayan llegado hasta aquí, posiblemente se preguntarán por qué me detengo tanto en los pormenores narrativos de algo que, en principio, ya está explorado desde la realidad teatral española. Sí. Cierto. Pero lo cierto es que estos textos que firma Manuel Cortés forman un todo que pocas veces se ha visto en la realidad teatral gallega: nunca antes se ha usado aquí tal variedad de recursos para contar un espectáculo, tanto desde lo visual como desde lo verbal y lo tecnológico. Variedad, originalidad y capacidad de hacer pensar al espectador, en un texto que abre un nuevo camino vanguardista en la realidad teatral gallega. Ayuda la dirección escénica de Xron –responsable también de la dramaturgia-, que trabaja desde la desnudez casi absoluta del un espacio minúsculo y pegado al público: apenas se vendieron 150 butacas para cada función, y ésta tuvo lugar a ras de suelo, a poquísimos metros del público. A pesar de la desnudez escénica, el uso de mil y un recursos tecnológicos y físicos –así como la cercanía con los actores, que es otra de las claves del espectáculo- hace que no sea necesario nada más, y da una extraña sensación de variedad y fluidez al espectáculo. Puede que sea un espectáculo algo excesivo para un público poco acostumbrado a trabajar con según qué lenguajes –sobre todo cuando en Galicia aún no se han explorado lo suficiente-, pero cualquiera que conozca la realidad teatral española y mundial sabrá que va por este camino. Hay por tanto que aplaudir al autor, al director y a la compañía por apostar fuerte, hacer un teatro perfectamente exportable –no en vano están girando por toda España con la versión española del espectáculo con gran éxito-, divirtiendo, estimulando y enseñando al espectador. Enhorabuena a ambos.

En el apartado actoral, hay que ser honestos y empezar hablando de la Sara Caamaño de Patricia de Lorenzo se enfrenta al reto de ser la única que permanece en escena de forma casi constante en las tres partes, durante las casi cuatro horas de espectáculo. Hace una creación verdaderamente admirable, porque consigue, en la primera parte, ser simpática con el acento gallego que utiliza, creando un personaje simpático pero nunca estúpido, del que el espectador nunca se compadece, a través de los largos diálogos de la primera parte. Además, ha de participar en la acción coreográfica de la segunda parte; y ayudar tecnológicamente –participando del chat sobre el escenario- en la tercera; además de intervenir, obviamente en el epílogo final. Un trabajo largo, variado y difícil, que la actriz resuelve, como digo, admirablemente.

El autor del texto, Manuel Cortés, personifica también al protagonista de nuestra historia, A.O., parte activa de las secciones I y III. Físicamente está muy convincente en su papel de empresario, y trabaja casi siempre desde una aparente frialdad que ayuda mucho a caracterizar al personaje, en lo que debemos considerar como otra creación poderosa.

El resto de los actores se encargan de personajes más puntuales. Pese a todo, ese gran cómico que es Miguel de Lira, que puede parecer desaprovechado, encuentra su momento de gloria (in excelsis Deo, y nunca mejor dicho) como el Padre Sergio, consigue mover a la masa en una larga escena cooperativa con el público, que es casi el único guiño amable que consiente la parte central. No tiene sentido contar mucho más, hay que verlo. Iván Marcos, por su parte, aporta una presencia escénica importante como la mano derecha de A. O. en la tercera parte de la obra, y le mantiene muy bien la tensión dramática a Cortés.

Mónica García, Nekane Fernández y Arantza Villar son las trabajadoras de la fábrica en la segunda parte. Firman, primero, una estupenda escena que sirve para poner en antecedentes de los hechos que tienen lugar entre la primera y la segunda parte; hablan a toda velocidad, en diálogos muy cortos que acaban superponiéndose. Son unos personajes perfectamente reconocibles para cualquiera que se haya movido por la Galicia profunda –siempre desde el cariño y nunca desde el ridículo-. Además, se encargan –junto a Patricia de Lorenzo- de la dificilísima y larguísima acción coreográfica de la segunda parte, que funciona como un reloj. Es un trabajo muy difícil, que quizá no se aprecie todo lo que se debería. Por último, durante la tercera parte, se proyecta un informativo del canal Breaking News From Galicia (BNG, fíjense en las siglas), en el que intervienen Monti Castiñeiras e Iria Pinheiro.

La iluminación –que quizás habría que suavizar, sobre todo en la tercera parte, para dar mayor nitidez a la pantalla- es de Dr. Cabaleiro; el movimiento escénico –con la trabajada coreografía en la segunda parte, como ya he dicho varias veces- es obra de Rut Balbis; el sonido y las proyecciones –irreprochables- las firma Xacobe Castro y las grabaciones de vídeo son obra de Quadra Produccións. Los arreglos sonoros –adecuadamente sugestivos- son de Xacobe Martínez Antelo.

Teniendo en cuenta que se han presentado las tres partes de manera individual, la verdad es que cuesta imaginar cómo funcionaría cada una por separado, no siendo la primera parte. Como en todo espectáculo de estas proporciones, hay momentos que funcionan mejor y momentos que funcionan peor. Tal vez se podría –y se debería- recortar de aquí y de allá, para reducir la duración y agilizar algunos pasajes; pero el conjunto funciona, y, lo más importante, el espectáculo es –por muchas cosas que ya he comentado en este artículo- un importante paso adelante hacia la vanguardia más actual dentro del teatro gallego. Ante todo, un espectáculo necesario.

Nota: 4 / 5 

“Citizen” (versión íntegra), de Manuel Cortés. Con: Manuel Cortés, Patricia de Lorenzo, Miguel de Lira, Iván Marcos, Mónica García, Arantza Villar, Nekane Fernández. Actores en Vídeo: Monti Castiñeiras e Iria Pinheiro. Dirección: Xron. CHÉVERE TEATRO.

Fórum Metropolitano (A Coruña), 23 de Marzo de 2012.

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One Comment leave one →
  1. marina permalink
    marzo 25, 2012 15:05

    non vin a obra, nin por partes nin enteira (as ganas, ás veces, fan medrar ao ancho), acabo de ler estas túas e parece como se medrara, alimentas. grazas. marina

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