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‘Los Habitantes de la Casa Deshabitada’, o de por qué Jardiel Poncela llega a todos los públicos

marzo 16, 2012

De audacia ha de calificarse el hecho de montar –y muy bien por cierto- una obra como Los Habitantes de la Casa Deshabitada, de Enrique Jardiel Poncela. Una función con la friolera de 11 actores, y que ha de desplegar toda una serie de mecanismos y efectos especiales para llevar a bien puerto esta obra, que podría rebautizarse con bastante sentido como comedia gótica.

Por momentos, uno puede pensar que el humor de Jardiel Poncela, limpio, obvio y directo –a veces incluso un punto previsible- está superado; y que se ha recorrido mucho camino en el campo teatral y textual desde entonces. Sin embargo, lo que es innegable es que este humor llega a cualquier público y que es muy apto para acercar al teatro a espectadores noveles. Pero ojo, tampoco puede negarse que, cuando la cosa alcanza momentos de verdadero delirium tremens –sobre todo en el segundo acto, a partir de la entrada de un personaje nuevo, que convierte todo en una auténtica traca final- esta obra se convierte en una pieza de comicidad verdaderamente hilarante, por muy obvia que sea. Y que, como comedia ligera, fácil y directa, funciona. Que, personalmente, dentro de ese tipo de género, un servidor conecte más con el teatro de Miguel Mihura que con el de Jardiel Poncela ya es una cuestión de preferencias personales que no tendría sentido entrar a analizar aquí. 

Estos Habitantes… llenaron el teatro tres veces, cuando en principio solo había una función contratada –cosa que demuestra lo que vengo diciendo hace años: si el espectáculo es bueno, en A Coruña hay público de sobra como para programar una tercera función- y, lo que es más importante, llevaron a público muy joven al teatro que, como los demás espectadores, también se lo pasó en grande. Público que posiblemente vuelva en otras ocasiones, llevados por el buen recuerdo que les ha dejado esta obra. Esa es la fuerza de este Jardiel: que es capaz de llegar por igual a niños de 10 años que a hombres de 80. Podrá parecer que no, pero esto es muy importante.

El montaje que se presentó aquí fue impecable, desde cualquier punto de vista. Estéticamente, se ha creado un universo lleno de trampillas, puertas que esconden dobles fondos, luces que van y vienen a placer, seres sin cabeza, fantasmas que caen del techo… En una cuidada propuesta que cuenta con la estupenda escenografía –sencilla y vistosa al mismo tiempo- de José Massagué, hábilmente iluminada por Juanjo Llorens y un vestuario variado de Javier Artiñano. En toda la propuesta, se ha conservado un ambiente de cómic muy adecuado, que acentúa aún más la comicidad de lo que se está contando, todo puesto al servicio de una dirección escénica brillantemente resuelta por un Ignacio García que no permite que el público se aburra bajo ningún concepto: siempre suceden cosas, y uno no sabe bien hacia donde mirar. Además, la segunda parte, contiene una complicada escena de persecuciones, donde casi todos los personajes van y vienen alocadamente; y, sin embargo, todo fluye con una naturalidad que es seña inequívoca de la gran mano del director.

El reparto de esta comedia básicamente coral lo capitanea Pepe Viyuela como Gregorio, el chófer del periodista que va a dar a la casa deshabitada del título y decide quedarse a investigar. Con él me sucede algo curioso: mantiene un alto número de tics, gestos y recursos cómicos que, indudablemente, le funcionan bien; es expresivo y acaba causando hilaridad. Sí, pero lo mismo da que haga El Pisito, que un episodio de Aída, que estos Habitantes… Es Pepe Viyuela. Obviamente no se le puede reprochar, porque consigue el objetivo que es hacer reír; pero cuesta ver al personaje en sí mismo y desvincularse de Pepe Viyuela. Pero lleva a cuestas el peso de la comedia, y que hay comedia gracias a él es indudable. Más complicado quizá sea el papel de Don Raimundo, el periodista, porque es el único cuerdo en esta casa de locos, y debe mantener serenidad en medio del delirio. Lo hace muy bien, con mucha credibilidad un Juan Carlos Talavera que podría pasar injustamente desapercibido en el que posiblemente sea el papel más complicado de toda la obra.

El resto de personajes, secundarios pero importantes, generan un conjunto que funciona como un reloj. Desde los farsantes Melanio y Luciano, embaucadores embaucados –fantásticos Manuel Millán y Ramón Serrada-; hasta esa familia de locos que habita en la casa: todos encuentran su momento de gloria, y son Pilar San José y Susana Hernández –divertidas y siniestras comadres-; Abigail Tomey –la heroína enloquecida-; Martin Kupier –magnífico como un jefe que termina siendo un verdadero inútil-; y Eduardo Antuña y José Manuel Aguilar –el fantasma y el Hombre sin Cabeza, dos papeles quizá más breves pero también muy exigentes, y que se llevan por supuesto su parte del pastel, pues, bajo sus disfraces, son provocadores de gran parte de las carcajadas en la primera parte-.

He dejado para el final y le voy a dar párrafo aparte a la prodigiosa Rodriga de Paloma Paso Jardiel: la última en llegar, pero capaz de hacer una creación poderosísima, que levanta muchos enteros de la función, y la convierte -¡por fin!- en algo deliciosamente delirante, por fin divertidísimo, de carcajada sincera y contínua, desternillante sin discusión. Una secundaria que se eleva por derecho propio a la categoría de protagonista, y posiblemente la mejor actriz de todo el reparto.

Las carcajadas del público fueron constantes, el espectáculo está impecablemente realizado, y tiene mucho de audaz. Puede que haya autores cómicos que me interesen más, puede que no haya terminado de entrar en el juego hasta el segundo acto; incluso puedo considerar que Jardiel Poncela tenga comedias mejores que esta. Pero negar la diversión sería mentir, de la misma manera que lo sería negar que el espectáculo funciona. Muy recomendable.

 

Nota: 3.75 / 5 

“Los Habitantes de la Casa Deshabitada”, de Enrique Jardiel Poncela. Con: Juan Carlos Talavera, Pepe Viyuela, Manuel Millán, Ramón Serrada, Abigail Tomey, Paloma Paso Jardiel, Pilar San José, Susana Hernández, Martín Kupier, Eduardo Antuña y José Manuel Aguilar. Dirección: Ignacio García. JUANJO SEOANE PRODUCCIONES.

Teatro Rosalía de Castro, 10 de Marzo de 2012.

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2 comentarios leave one →
  1. marzo 25, 2012 21:45

    Si es que Jardiel es un genio… Respecto a que “se ha recorrido mucho camino en el campo teatral y textual desde entonces”, pues demasiadas veces ha sido para dejar atrás lo bueno…
    Personalmente a mí tampoco me parece esta obra de lo mejor de Jardiel, ni mucho menos, pero, aún así, cómo no va a funcionar una comedia de un autor tan grande… Vivan las comedias con calidad.

  2. marzo 18, 2012 19:20

    Hacen falta más obras de calidad que consigan llevar al teatro al público joven y que lo conviertan en verdaderos aficionados.

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