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‘Tango’, o música ligera

marzo 3, 2012

Espectáculo en lengua gallega.

Después de algunos espectáculos tan arriesgados como audaces, bien planteados e interesantes (recordemos aquellas sorprendentes creaciones propias de Ánxeles Cuña Bóveda –directora de la compañía- como Margar no Pazo do Tempo o Dame Veleno (Eu Tamén Soñar) o la brillante adaptación de la novela A Esmorga, de Blanco Amor), Sarabela Teatro presenta Tango (1964), la más famosa creación del dramaturgo polaco Slavomir Mrozek (1930-). Una de las obras más representadas y aplaudidas del teatro polaco contemporáneo, en un montaje honesto y bien interpretado. Lástima que el texto en sí mismo no termine de enganchar como debería.

Mrozek presenta en su obra a tres generaciones de una familia ciertamente neurótica, y plantea una lucha entre el conservadurismo, el orden y el arte a la antigua que defiende Artur –el hijo-, y las libertades individuales y el arte (moderno) como forma de expresión de las personas, que defiende el resto de la familia. Incapaz de convivir con el caos que se está creando en la casa, Artur pretende imponer una disciplina férrea que obligue a los suyos a volver al pasado, a recobrar el orden y a sentar la cabeza de una vez por todas… llevándose por delante para ello a quien sea necesario.

Lo que empieza como un debate sobre las diversas concepciones del arte, hacia dónde debe ir y quién tiene la razón, desemboca al cabo de media hora en una (tragi)comedia vodevilesca, que divierte a base de ir enumerando una serie de tópicos: el padre cornudo que lo consiente, el amante que viene de quién sabe dónde, la madre que engaña a su marido, la tía que intenta salvar los muebles, la abuela que está casi a caballo entre este mundo y el otro… y contra todos ellos Artur, que actúa casi como una parodia dramática del Hamlet: quiere cambiar lo que hay a su alrededor, se siente asqueado ante lo que le rodea, pero en el fondo no sabe ni por dónde empezar. Resta Ala, la novia de Artur, posiblemente el único personaje cuerdo de la obra, y el contrapunto de todos los demás, sean del bando que sean. Como en todo vodevil, no faltan las pistolas, las sorpresas y los golpes de efecto para crear hilaridad… Uno se sonríe aquí y allá, a pesar de que es imposible no tener la sensación de que este género está muy visto, y que se han visto obras mejores en la misma línea. Además, lo que empieza como algo ambicioso, acaba caminando por el rumbo de lo fácil, y uno querría algo más de audacia en el desarrollo… A pesar de todo, es un camino lícito, claro.

Sin mácula, pese a todo, el montaje, con un elenco entregado a la causa, que crea la parodia. El mejor de todos es sin duda Vicente de Souza, divertidísimo como Édek, ese amante cerdo y sin nada que perder, que no pertenece a la familia pero ya es como de la casa. Parece convencido de que está haciendo ante todo comedia, y eso es precisamente lo que hace. Siendo en principio un personaje antagónico, consigue erigirse como el motor principal de la acción, y el espectador conecta con él desde el primer segundo. Bravo por la creación del personaje. Está también muy divertido Lino Braxe como el padre de Artur, en un registro muy novedoso en comparación a los roles dramáticos que acomete normalmente; aquí, la pachorra de este perdedor nos hace también conectar de inmediato con él. Por su parte Fernando Dacosta acierta al componer su Artur alejado de un histrionismo en el que podría haber caído fácilmente; tampoco pinta a un personaje ridículo, y sabe encontrar el punto justo que nos hace recordar que después de todo estamos viendo una tragicomedia, dando vida a un tipo que después de todo tiene una neurosis distinta, pero igual de importante que las de aquellos que les rodean.

Quizá con excepción de la tía Xena -estupendamente interpretada por una Elena Seijo divertidamente maquiavélica-, los personajes femeninos estén menos perfilados que los masculinos, pero tampoco hay mucho que objetar a las actrices. Fina Calleja es una Abuela que, pese a lo breve de la parte, se las arregla para encontrar sus momentos y brillar con luz propia; Nate Borrajo pone acertadamente el punto de cordura y candidez, tan necesarios ante tanta neurosis; y Sabela Gago se enfrenta al que tal vez sea el personaje más insulso, sin ningún tipo de problemas.

El espacio escénico que firma Pedro Fresneda encuentra un punto muy apropiado, a medio camino entre lo kitsch y lo naif que se adecua muy bien a la estética de la obra, y  la iluminación –firmada por él mismo- sabe resaltar ciertos aspectos de la trama cuando es necesario. El vestuario de Ruth Díaz es variado. Por su parte, Ánxeles Cuña Bóveda acierta al dirigir con la fluidez que esta concatenación de momentos delirantes pide a gritos.

El espectáculo está bien interpretado, presentado desde la seriedad y la honestidad que han caracterizado siempre a esta compañía, pero, dados los (múltiples) antecedentes, es inevitable pedirles un poco más de riesgo y audacia en la selección del texto: no por nada, sino porque ya nos han demostrado que pueden y saben hacerlo bien. Espero una nueva creación propia pronto, mientras tanto, toca (tragi)comedia ligera para tiempos de crisis.

Nota: 3/5 

“Tango”, de Slawomir Mrozék. Con: Fernando Dacosta, Lino Braxe, Elena Seijo, Vicente de Souza, Nate Borrajo, Sabela Gago y Fina Calleja. Dirección: Ánxeles Cuña Bóveda. SARABELA TEATRO.

Teatro Rosalía de Castro, 25 de Febrero de 2012

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