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‘Mi Mapa de Madrid’, o espiar al vecino… y pasar de largo

noviembre 27, 2011

Precedida por más de dos años de gira de gran éxito llegó a A Coruña Mi Mapa de Madrid, de Margarita Sánchez. Dice la directora Amelia Ochandiano en su nota al programa de mano (escrita por cierto a modo algo confuso) que: “Asistí a una lectura de la obra y salí emocionada por dos razones, una y la principal por ver cómo la evolución de la escritura de Marga había sido espectacular y la lectura de la obra fluía como un río caudaloso”. (sic). Nada se nos dice de cuál es la otra razón, pero, a la vista del resultado, me veo en la obligación de hacer alguna consideración.

 Se trata de una comedia dramática costumbrista en el más amplio sentido del término, que muestra retazos de la vida de un grupo de madrileñ@s  del mismo barrio. Retazos, momentos, anécdotas que aparentemente poco tienen que ver entre sí, pero que acabarán confluyendo en un epílogo final (colocado por cierto en último momento por la autora a petición de la directora), donde cada personaje explica su destino al ritmo del Bolero de Maurice Ravel.

Esta (que curiosamente no formaba parte de la obra original) es la escena mejor construida de toda la pieza, por el ritmo y la fluidez con que se va desencadenando, y porque es en la que más avanza la acción. Durante el resto de la obra, a uno le da la sensación de ver momentos inconexos que necesitan ser completados para enganchar, y para que sepamos de dónde vienen y a dónde van todos estos personajes: algo así como si uno pasease, mirase un momento y pasase de largo por la falta de interés. Unos personajes que están ahí, son relativamente cercanos y están bien perfilados, pero que parece que bien llevados habrían podido dar mucho más juego que el que Sánchez les saca en su texto. Es cierto que la acción y el interés van (muy) in crescendo, y que las escenas de los parroquianos en la taberna enganchan mucho más que las del patio de vecinas que abre la obra, pero es inevitable pensar que algo falta en una obra que tiene influencias del sainete zarzuelístico, del esperpento valleinclanesco, e incluso de alguna sitcom española.

Sobre el escenario hay personajes perdedores, condenados a perder y a aferrarse a lo que esté más cerca para intentar salir adelante. Una gran tragedia planteada en clave cómico, que podría haber sido un material mucho más jugoso de lo que es, porque los perfiles son buenos. y las historias asoman ocasionalmente, pero, cuando la cosa está empezando a fluir, y la autora tiene (¡por fin!, más vale tarde que nunca) cogido el pulso de su propio texto, decide resolver en vez de estirar un poco más el chicle. Lástima.

Es una lástima, ya digo, porque el montaje es honesto, y está bien dirigido por Amelia Ochandiano, visiblemente preocupada por que haya acción en escena (tanto que, sin que haya un motivo poderoso para ello, ha bajado parte de la acción a la platea, en una política de ruptura de la cuarta pared que cada vez es menos novedosa y más molesta…) y que firma junto con Teresa Rodrigo una discreta pero aparatosa escenografía, apoyada en algún curioso efecto de iluminación de Víctor Blázquez.

El elenco, esencialmente coral, funciona con acierto, y todos parecen estar muy convencidos de lo que hacen. A pesar de que Ochandiano ha declarado varias veces que le gustan las funciones que cuenten con personajes femeninos potentes, en esta los masculinos están mejor perfilados en el contenido. Hay espléndidos trabajos de Adolfo Pastor (un marido canalla y manipulador hincha del Real Madrid); Pablo Viña y Ángel Burgos como unos hermanos mellizos que se pisan constantemente las frases, cual si fueran los de Alice in Wonderland; y José Luís Gago como el tabernero. Todos ellos dejan un divertido y delirante momento, que no se puede desvelar. Burgos hace doblete como un limpiacristales que acabará siendo importante en el devenir de la trama. Los personajes femeninos tienen menos interés por el contenido del texto, a pesar de estar también muy bien servidos: Estrella Blanco está curtida en el mundo zarzuelístico, y esto le deja mucho camino hecho a la hora de construir su sainetesco personaje, Saturna Barrio aporta naturalidad al suyo, y la veterana Amparo Pamplona como falsa vidente está simpática, aunque resulta imposible no pensar que está bastante desaprovechada.

La cosa tarda en arrancar, y cuando lo hace y uno ya está metido dentro, llega apresuradamente el epílogo que, aunque está brillantemente resuelto, deja al espectador extrañado, y deseoso de saber más cosas. Revisar la estructura del texto no estaría de más para redondear un espectáculo que cuenta con un equipo de máxima eficacia, que ha apostado fuerte por él.

Nota: 3/5

“Mi Mapa de Madrid”, de Margarita Sánchez. Con: Estrella Blanco, Amparo Pamplona, Saturna Barrio, Adolfo Pastor, José Luís Gago, Pablo Viña y Ángel Burgos. Dirección: Amelia Ochandiano.

Teatro Rosalía de Castro, 25 de Noviembre de 2011 

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