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‘Oeste Solitario’, o amor de hermanos

noviembre 25, 2011

Espectáculo en lengua gallega

Después del éxito del pasado año con Un Cranio Furado* (A Skull in Connemara), era de esperar que Excéntricas Produccións Teatrais apostase sobre seguro, completando en Galicia la llamada “Trilogía de Leanne” (que comenzó hace unos años Teatro do Atlántico con A Raiña da Beleza de Leanne) del angloirlandés Martin McDonagh (1970-), con Oeste Solitario (The Lonesome West).

Así lo han hecho, y el resultado es un acierto, porque, si la trilogía en sí misma comparte no solo el emplazamiento (Leanne), sino  referencias a varios personajes, las dos primeras entregas de la trilogía (aquel Cranio y este Oeste) comparten un aire de comedia negra (o, mejor dicho, parodia de la comedia negra), mientras que A Raiña… se mueve mucho más en el terreno del drama social.

Oeste Solitario nos coloca en la que podría ser la casa de los vecinos de los personajes de Cranio Furado, no mucho después del final de la obra anterior (porque estos lo saben todo de aquellos, y las referencias conectadas entre una y otra obra son constantes). Esta vez son dos hermanos, Colemann y Valene Connor, que acaban de enterrar al padre, muerto en un extraño “accidente”. Lo excéntrico y agresivo de las personalidades de ambos hace la convivencia ciertamente complicada, y, por supuesto, la mierda no tarda en salir a la superficie. Completan el cuadro el cura del pueblo, con sus constantes crisis de fe por vivir en ese “pueblo de asesinos”, y la jovencita que trafica con el whisky de su padre mientras intenta calentar a propios y extraños. Obviamente, todos esconden algo, y el resultado es una comedia negra paródica que puede tener varias lecturas, tan válidas como distintas entre sí. 

Por más que Cranio y Oeste sean dos comedias en esencia, esta es mucho más profunda que aquella, por las múltiples referencias religiosas que hay aquí (ya sea por boca del cura o por medio de las fundamentales figuras de santos que Valene colecciona compulsivamente) o porque los personajes tienen un transfondo personal que no aparecía tan marcado en el Cranio.

Quico Cadaval busca repetir con Oeste Solitario la fórmula con la que triunfó clamorosamente en Cranio el año pasado, y casi le sale: vuelve a confiar la escenografía a Marcelino de Santiago “Kukas” (que firma un espacio alejado de lo realista, y que recuerda no poco al de aquella obra, muy bien iluminado por Octavio Más), y hace una lectura de comicidad extrema, retranqueira, un punto freak, con referencias a la narración cinematográfica, e incluso al cómic, y alejada de cualquier realismo. Como Cadaval es buen cómico, la fórmula le funciona en las escenas de los dos hermanos, que alcanzan unos niveles de surrealismo de una comicidad irresistible; sin embargo, queda algo peor resuelta la larga escena del cura con la chica Girleen, que resulta fundamental para entender las motivaciones de ambos personajes, e incluso para el desarrollo del resto de la obra. En esta escena, más larga y más densa que las demás, decae el ritmo narrativo y disminuye el interés, sin que los actores puedan hacer nada por evitarlo; habría que revisarle el tempo para redondear el resultado final, porque esta escena seria parece fundamental en el devenir de la trama; en las demás, sin embargo, se impone la comedia y el delirio (y el buen hacer de la pareja protagonista) ayudan al triunfo de la propuesta.

Por otro lado, siendo anglófono (y conociendo la dificultad del lenguaje coloquial que usa McDonagh), no puedo dejar de aplaudir la magnífica fluidez de la traducción al gallego de Avelino González que, si bien no soluciona con claridad el problema relativo a la pronunciación fonológica del nombre del cura (es difícil, por no decir imposible, si se mantiene intacto el apellido Welsh), sí vuelve a aportar un texto rico en blasfemias gallegas varias. Y, con estos textos, es más difícil de lo que parece. Bravo.

Algo desigual un reparto en el que brillan mucho con luz propia Evaristo Calvo y Víctor Mosqueira como los hermanos Connor, auténticos motores de la acción. Llevan el peso de la obra y son gran parte del motivo del éxito: la química que hay entre ambos es más que evidente (por algo llevan trabajando juntos durante años), su lenguaje gestual es de una potencia a prueba de bomba, y saben convertir su agresividad y seriedad en algo que termina por ser desternillante: son más graciosos cuanto más serios se ponen. La larga escena de las confesiones, casi al final, alcanza uno nivel delirante que justifica por sí solo el visionado de la función. Están los dos tremendos, sin aspavientos y con el mero uso del gesto y la palabra. Grandes.

En los papeles más breves (pero quizá también los más conflictivos por la ambiguedad del contenido), encontramos a un Marcos Correa que, aún entrando en el juego de la pareja protagonista, no termina de redondear su personaje: está bien en la parte más grotesca y bufonesca, pero debería marcar más el cambio que se produce conforme se va derrumbando, porque, como ya digo, es fundamental para la historia. Por su parte María Lado no termina de entrar en un personaje que, a pesar de la brevedad, acaba siendo bastante más complejo de lo que parece en un principio por lo que esconde; en general, se la ve un poco perdida en el escenario. Ambos cargan con una escena larga e importante, y, sin embargo, no logran sacarle todo el jugo que lleva dentro.

Con todo, el resultado es un espectáculo divertido, ágil la mayor parte del tiempo, con muchos puntos de ingenio y con dos actores de calidad que elevan (¡y de qué forma!) el nivel de una propuesta que, si bien no es tan redonda como lo era el Cranio (estaba difícil), sí es un producto notable, que aún se podría redondear. Seguramente, llegado el momento le caerán unos cuantos premios merecidos. Solo un consejo: ahora que están las dos obras en repertorio, sería un ejercicio muy interesante presentar ambas en noches consecutivas en el mismo teatro.

*Cuando escribo “Cranio”, estoy respetando la transcripción exacta del título de la traducción de Avelino González.

Nota: 3.75 / 5

“Oeste Solitario” (The Lonesome West), de Martin McDonagh. Con: Evaristo Calvo, Víctor Mosqueira, Marcos Correa y María Lado. Dirección: Quico Cadaval. Traducción: Avelino González. EXCÉNTRICAS PRODUCCIÓNS TEATRAIS.

Teatro Colón NovaCaixaGalicia, 24 de Noviembre de 2011.

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