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‘La Familia de Pascual Duarte’, o de por qué el tremendismo no se debe suavizar

noviembre 13, 2011

A estas alturas, nadie discutirá que La Familia de Pascual Duarte no pretende ser una novela agradable. No lo es. Partiendo de esta premisa, adaptar la obra al teatro puede parecer algo harto complicado: por un lado, porque para ofrecer la obra en toda su honestidad, habría que ofrecer un espectáculo descarnado; por otro, porque existe el riesgo de convertir este espectáculo en algo desagradable, de difícil digestión para el público general. Pero, tratándose de esta obra, así debería ser.

La adaptación de Tomás Gayo parece ser perfectamente consciente de esta peligrosidad y se ha ido por el camino más fácil, posiblemente en un intento de suavizar y acercar la obra al gran público. Su adaptación es lenta de ritmo, excesivamente narrativa (por medio de extensos monólogos de Pascual Duarte) y pasando bastante de puntillas por la violencia implícita y explícita que hay en el texto de Cela. Ya sea porque algunos fragmentos (las muertes del padre y del hermano pequeño, por poner dos ejemplos) aparecen solo como narración, o bien porque las escenas que sí se presencian no están explicitadas con todo el componente cárnico y la crudeza que parece pedir la novela, sino más bien con un lenguaje poético más apto al teatro más clásico. Además, ciertos personajes (el párroco o el mismo Pascual) aparecen humanizados (o satirizados) hasta unos extremos que casi los vuelven amables, algo bastante desaconsejable, dada la tónica de la novela.

El reparto es bastante imponente, eso es innegable, y está lleno de rostros televisivos que demuestran que también son animales de teatro. Por razones que ignoro, y a pesar de que hay fotografías del originalmente anunciado Marcial Álvarez en los ensayos, finalmente el papel titular (larguísimo) recae en un Miguel Hermoso Arnao que, aún sin tener la entidad para hacer un protagonista de esta envergadura (a decir verdad, no consigue cautivar al espectador en sus largos monólogos) sinceramente, está mejor de lo que le esperaba: proyecta y vocaliza muy bien (y eso que viene de la tele…), y aporta con acierto ese cierto aire rústico que debe tener el personaje. Que sea más bonachón de lo que debería, habría que reprochárselo a la dirección escénica. Pero, ya digo, el papel es muy largo, y Hermoso aguanta el tipo. Es mucho más de lo que yo esperaba.

A pesar de la relativa brevedad del resto de los papeles, hay actores de primera magnitud. Lo mejor, son las mujeres de Pascual Duarte. Está enorme Lola Casamayor como una Madre castradora, casi lorquiana, que es una verdadera creación: además, es casi la única que aporta un interesante componente verista en la escena de su muerte. Vuelvo a toparme con Ana Otero, y sigue pareciéndome una estupenda actriz: es intensa, honesta, entregada y rezuma humanidad por los cuatro costados como Lola, la mujer de Pascual. También se muere muy bien. Lástima de la brevedad de la parte, porque apetece verla más; además, también sabe entonar. Rosario, la hermana de Duarte, es Ángeles Martín (inolvidable en aquel hermoso espectáculo que era Y sin embargo te quiero…), aquí también adecuadamente rústica y descarnada cuando el texto la deja: mucha actriz para un papel que debería dar más de sí. Parece que están desaprovechando a una actriz muy interesante.

En papeles menores, Tomás Gayo se ha reservado el papel del cura, y cae a veces en un tono irónico que no parece el más aconsejable; sorprende la aparición de todo un Sergio Pazos en el papel brevísimo (2 escenas) del Estirao: lo hace bien, pero, ya que se cuenta con él, se le podría haber explotado un poco más. Cumple sobradamente Lorena del Val como la segunda mujer de Pascual (aunque sea casi inevitable compararla con Otero, y ahí salga perdiendo) y Mundo Prieto despacha sus dos frases.

La dirección escénica de Gerardo Malla se mueve en un espacio escénico minimalista de Mundo Prieto (apenas una pared, una cama, una mesa y unas sillas), da gran importancia al espacio sonoro (César Diéguez) y mueve bien las escenas de violencia,  pero tiende a dejar inmóvil a Pascual Duarte en los monólogos narrativos, y abusa de los silencios; aunque aporta algún momento ciertamente poético, como la escena de la ejecución.

El resultado es un espectáculo que se ve con agrado pero sin sobresaltos, y que acusa alguna que otra falta de ritmo, en general correcto pero poco atrevido. Es una lástima, porque el reparto, ya digo, es bastante potente, y está lleno de actores que parecen dispuestos a trabajar en algo tan cárnico como se les pida. Habría que ver qué hubiese ocurrido si se hubiera encargado de la adaptación alguien más atrevido. Y se me ocurren unos cuantos nombres sin salir de España: Calixto Bieito, Álex Rigola… Nombres en principio más afines al auténtico espíritu de esta obra.

Nota: 3/5

“La Familia de Pascual Duarte”, de Camilo José Cela. Versión teatral de: Tomás Gayo. Con: Miguel Hermoso Arnao, Lola Casamayor, Ana Otero, Ángeles Martín, Tomás Gayo, Sergio Pazos, Lorena do Val, Mundo Prieto. Dirección: Gerardo Malla. TOMÁS GAYO PRODUCCIONES.

Teatro Colón NovaCaixaGalicia, 12 de Noviembre de 2011

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One Comment leave one →
  1. analuk permalink
    enero 13, 2012 23:08

    La adaptación resulta un tanto amable. No me he “creído” al protagonista. No tiene la fuerza ni la brutalidad que requieren el personaje. Creo que Marcial hubiera representado mejor a Pascual Duarte. ¿Por qué se “cayó” del reparto? Los demás actores me han gustado muchísimo. Impecables la mujer y la madre. No la recomendaría.

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