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‘El Avaro’, o derrochones en el fondo y avaros en la forma

octubre 28, 2011

 

Año y medio después de su estreno (Abril de 2010) llegó a A Coruña la versión de El Avaro, de Molière, que montó Jorge Lavelli para el Centro Dramático Nacional, protagonizado por Juan Luís Galiardo, y con un nutrido elenco actoral. A la vista de estos mimbres, es obligado tener unas expectativas altas, e incluso muy altas, ante lo que se va a ver… Y la verdad, es inevitable sentir cierta decepción ante el resultado de una propuesta que, por otro lado, es limpia, honesta y funcional.

Es este un montaje correcto y honesto en las formas, que recuerda no poco a la manera de hacer de la Compañía Nacional de Teatro Clásico, por la sencillez, desnudez y movilidad del aparato escénico (apenas unas plataformas con puertas y espejos que giran y desplazan los propios actores), y en la que tiene lugar toda la farsa (firma el “dispositivo escénico”, feo con ganas -y lo recalco porque el mes pasado le acabo de ver un Rigoletto que peca de exactamente lo mismo…- Ricardo Sánchez-Cuerda), iluminado de forma tenue por el propio Lavelli. En este espacio, cobran vida unos personajes elegantemente vestidos por Francesco Zito, y la narración fluye ágil, sin exagerar demasiado el componente de farsa.

Nada que objetar, pero quizá podríamos esperar algo más atrevido e innovador (esta estética está ya muy vista) de un Jorge Lavelli que pretende ser fiel a la historia desde una estética quizá un punto moderna (no en la vestimenta, como ya digo), pero que no ha sabido encontrar esta vez el punto justo entre la seriedad y la comicidad: la comedia no siempre aparece tan brillante como debería, y el enfoque decae hacia lo indeterminado en alguna ocasión, perdiéndose el ritmo, y hasta el hilo. Otro asunto penalizable es la distribución de planos, bastante mal planteada: se abusa en exceso de las esquinas del escenario, de modo que solamente desde el centro se puede admirar el montaje en su integridad. Desde mi posición lateral en platea, a veces se escuchaba pero no se veía a los personajes, y una escena entera (!) de casi cinco minutos se llevó tan hacia la esquina que no pude ver absolutamente nada de lo que ocurría, sólo escucharlo. Jamás me había pasado algo así en este teatro, sentado, ya digo, en platea. Sé que Lavelli es un hombre de teatro, de probada inteligencia, y no puedo sino lamentar tanto su falta de atrevimiento (a pesar de la corrección de lo que se ve) como su poca consideración a la hora de usar el espacio… Resulta inevitable pensar que, seguramente, más de un director español habría hecho lo mismo (o algo mejor) cobrando menos.

Encontramos en muy buena forma a un Juan Luís Galiardo que demuestra que la experiencia es un grado, se rebela contra la mediocridad del montaje, y devora literalmente al resto de sus (muchos) compañeros de reparto. Sabe hacer un bufón sin resultar nunca patético (y esto es importante a la hora de construir este personaje), y roba la atención en su monólogo lamentando la supuesta pérdida de su dinero. Aplauso para él.

Resulta inaudito encontrar errores en el programa de mano con respecto a los muchos secundarios, pero aquí hubo unos cuantos: se anunciaban quince actores cuando en escena solo hubo trece (!) -cosas que pasan en las giras por provincias, día sí, día también…-, y, al menos, puedo afirmar que no estuvieron en el montaje ni Tomás Sáez ni Mario Martín, ambos anunciados. Entiendo que estamos ante una gira muy larga, y que habrá actores comprometidos en otros proyectos (Martín graba desde hace meses El Secreto de Puente Viejo, por ejemplo), pero basta un papel o una llamada por megafonía para anunciar cambios en el reparto… Aquí, nada de nada. Así las cosas, podemos hablar de una cierta afectación histriónica general en casi todo el elenco (unos más que otros), lo que quizá contribuye a una no implicación del público (¿pero de verdad Jorge Lavelli lo quería así?), siendo los mejores, los más naturales, los intérpretes de Frosina (supuestamente Palmira Ferrer) y Flecha (confiemos en que fuese Manolo Caro, ágil a pesar de lo relativamente breve de la parte).

Risotadas generosas del público, pero, aún siendo un espectáculo honesto y entretenido de ver, debo confesar que esperaba bastante más. Feliz, eso sí, el reencuentro con Galiardo, que aún tiene cosas que decir, como demostró, al final de la obra y tras los saludos, en un hermoso speech declaratorio de cierta denuncia y de amor por el teatro, lógicamente muy aplaudido por el público, porque dijo alguna verdad bastante grande. Curioso que algo que fue casi lo más interesante del montaje estuviera fuera de él

P.D.: Si alguien de la compañía me lee y tiene a bien aclararme el reparto exacto de la función presenciada, quedo agradecido.

Nota: 2.75 /5

“El Avaro”, de Molière. Versión y adaptación: Jorge Lavelli y José Ramón Fernández. Con: Juan Luís Galiardo, Carmen Álvarez, Manuel Brun, Manolo Caro, Manuel Elías, Palmira Ferrer, Walter May, Rafael Ortiz, Irene Ruíz, Aída Villar y otros. CENTRO DRAMÁTICO NACIONAL.

Teatro Colón CaixaGalicia, 27 de Octubre de 2011

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