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‘El Viaje del Actor’, o servir al teatro sirviéndose del teatro

octubre 22, 2011

Conocí las creaciones de Anton Chéjov hace relativamente poco (tendría yo 20 años de vida y alguno que otro de teatro) a través del teatro de Brian Friel, pero lo subsané rápidamente empleando el 80% de las horas lectivas de una asignatura de la carrera en irme a la biblioteca a devorar la integral de obras del autor ruso. La cosa dio sus frutos, porque en la asignatura en cuestión creo recordar que tuve un notable, y seguro que el mundo que descubrí me aportó algo bastante más interesante…

Sin embargo, es fascinante esa relación de amor-odio que suelen tener tanto el público de teatro como el teatro en sí mismo con la figura del dramaturgo ruso Anton Chéjov: mientras unos defendemos la absoluta vigencia de las cosas que cuenta, otros muchos consideran que es un autor pasado de moda, que escribió obras en las que no sucede nada relevante. El caso es que sus grandes obras teatrales no se ven en escena con excesiva frecuencia, pero, sin embargo, es abundante el material menor que está subiendo a escena ya sea en relecturas, adaptaciones o cócteles como el que aquí se nos ofrece. 

Porque Paco Plaza ha creado con El Viaje del Actor un espectáculo extenso e intenso, básicamente a partir de tres piezas cortas (y menores) como son La Audición, La Petición de Mano y El Canto del Cisne, en forma de tres actos claramente diferenciados por las bajadas de telón, pero también con referencias puntuales pero bastante claras a La Gaviota, tomando como nexo de unión a los personajes: un actor director de teatro clásico de éxito de Moscú en los últimos días de su vida se resiste al cambio generacional, y a esa manera comercial de ver el teatro que parece que empieza a imponerse cada vez con más fuerza, mientras intenta montar su último espectáculo (La Petición de Mano) y evitar que el futuro del teatro al que ha dedicado toda su vida caiga en manos de un director solo preocupado por la comercialidad del espectáculo. Le acompañan en su aventura el apuntador, un joven actor, y una joven actriz venida de provincias para audicionar con interés (que casualmente se llama Nina y  que descubrirá al final su procedencia cuando afirme que: “La Gaviota no es más que la historia de mi propia vida”, llenando de forma curiosa con el total de esta “nueva” obra una parte del personaje que en La Gaviota quizá se intuye pero no se ve).

Así, lo que empieza como una actual reflexión sobre el valor del teatro y del arte, y la corrupción político-económica en la que puede llegar a caer (“(…) hay dos tipos de intérpretes: los que sirven al teatro y los interesados que se sirven del teatro”.), así como la defensa de un teatro de actor, limpio, puro, ayuno de escenografía y basado en el poder de la palabra (algo que, en conjunto, demuestra no solo que Chéjov está de plena actualidad, sino que además era un visionario) prosigue en forma de descacharrante vodevil cuando se nos muestre en vivo y en directo la función de La Petición de Mano, en el seno de esa honesta pero pobre compañía en malos tiempos, desde una honestidad y una escasez de medios pretendidamente cutres (esos telones pintados, esos actores novatos torpes, esos perros y pájaros que se intuyen…), que alcanza niveles cómicos delirantes, bastante alejados de lo más conocido de este autor, y quizás por ello fascinantes… La parodia es siempre cariñosa, y nunca resulta cargante, se parte uno de risa y, lo que es mejor (y más difícil) uno es perfectamente consciente de de qué se está riendo.

Y, después de la función, el desenlace: las decisiones de los actores de hacia dónde encauzar sus carreras y el doloroso deber del director de tomar consciencia de que se ha acabado un ciclo de su vida, después de 54 años dedicado a la profesión y 72 espectáculos montados… Una toma de consciencia que es completamente chéjoviana en el planteamiento del desmoronamiento de las ilusiones y las creencias de un personaje que debe renunciar a todo y reinventarse o terminar de autodestruirse, y que deriva en un “tercer acto” de marcada intensidad dramática, que deja muy buen sabor de boca al final.

Francamente bien escogido el reparto, con una inmensa creación personal de Roberto Quintana como un Director de poderosos medios y presencia, siempre rotundo, entregado y apasionado, ya sea en su defensa del arte del teatro como en su descenso final a su abismo personal. Todo él, pero especialmente su extensa escena final, roba la atención.Daniel Moreno como el Actor Joven (que consigue cotas de excelencia en su cómica aportación a La Petición de Mano), Juan Carlos Castillejo como el Apuntador (siempre atento, puntual y oportuno, y, por momentos, desbordante de sensibilidad) y Ángela Cremonte como una Nina que evoluciona muy bien de la ingenuidad a la honestidad sin olvidar su paso por el vodevil (debo destacar el hecho de que sea una actriz aún joven y básicamente televisiva que demuestra, sin embargo, que sabe también hacer teatro) encuentran su sitio y dan muestras de esa honestidad que debe tener el actor a la que hace referencia el Director en el texto.

Paco Plaza dirige con ingenio, utilizando todo el teatro como espacio, y sobre elementos básicos pero muy bien puestos (la escenografía la firma Elisa Sanz) y muy bien iluminados (Cornejo) un espectáculo dinámico, hermoso de ver e inteligente de escuchar, con figurines de Rosa García Andújar. Un espectáculo aparentemente sencillo en el que, cuando uno empieza a mirar detenidamente, hay muchas más cosas de las que parece, sin que nadie haga exceso de ello. Tampoco es tarea fácil.

Si se arreglase alguna pérdida de ritmo aquí y allá (sobre todo en la primera parte) se redondearía un espectáculo honesto y hermoso que sirve al teatro sirviéndose del teatro… Y, de paso, nos permite volver a Chéjov, que siempre es una satisfacción personal.

P.D.: Un ruego a los técnicos del teatro colocados en segundo piso, por si alguno se pasa y lee el blog: por favor, procuren hacer su labor EN VOZ BAJA 😉

Nota: 4 / 5

“El Viaje del Actor”, sobre textos de Anton Chéjov. Dramaturgia y dirección: Paco Plaza. Con: Roberto Quintana, Juan Carlos Castillejo, Daniel Moreno y Ángela Cremonte. PURO TEATRO / ARTE Y PRODUCCIONES ARTÍSTICAS

Teatro Rosalía de Castro, 21 de Octubre de 2011

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One Comment leave one →
  1. octubre 22, 2011 17:30

    TOTALMENTE DE ACUERDO. CHEJOV está vigente más que muchos autores actuales…y LA GAVIOTA, esa maravilla, no es únicamente su autobiografía,sino también la de tantos y tantos que amamos el teatro,la vida y, en definitiva, el arte.

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