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‘El Evangelio Según Pilatos’, o C.S.I. Judea

septiembre 24, 2011

Como mínimo, curioso este texto de Eric-Emmanuel Schmitt (al que muchos recordarán por aquella pequeña maravilla que era El Señor Ibrahim y las Flores del Corán) en el que se plantea la situación (ficticia o real, quién sabe) de que Poncio Pilatos escriba un evangelio sobre la resurrección de Cristo. Como todos sabemos, hay un buen número de evangelios y evangelistas, con lo que, en principio, no sería descabellado que el Procurador hubiese podido escribir el suyo. Así, desde que recibe la noticia de la resurección del hombre al que había mandado azotar antes de que lo crucificasen, Pilatos empieza un relato (primero) de los momentos previos a la muerte de Cristo, y una investigación después, de las circunstancias y la veracidad o no de la supuesta resurrección, con la ayuda de su escribano Sextus, e introduciendo en la narración a su mujer, Claudia Prócula, que será quien acabe por conducirlo por la senda de la fe cristiana (…).

Y digo curioso porque este texto, que empieza casi como un policíaco bíblico, barajando hipótesis que, en principio, no se sostienen (porque Pilatos se mueve por la lógica, y la lógica nos dice que los muertos están muertos, luego no pueden resucitar…) contiene interrogatorios narrativos, torturas para buscar confesiones y giros argumentales que bien podrían salir de cualquier capítulo de una serie policial americana (ambientada, eso sí, en los años 30 D.C.) y alcanza un momento cumbre cuando Pilatos y Sextus analizan la forma de morir de un hombre crucificado y sus posibilidades reales de salvación ante un esqueleto, cual si de Horatio y Grissom se tratase (claro que con túnicas y sin aparatos tecnológicos). Más allá de un lenguaje denso por momentos (que lo es), y de un ritmo más bien lento, lo cierto es que el enfoque es, como mínimo, curioso como género, y podría dar incluso aún más de lo que ofrece. Por contenido y por contraste, sobra tal vez el personaje de Claudia Prócula, con su texto panfletario religioso (olvidemos rápidamente la perorata que le suelta a su esposo al final…), que actúa como conciencia interna de su marido, y conduce al almidonado desenlace, provocando que la última media hora decaiga en interés, y haciendo de un “policiaco puro y duro” una suerte de “policíaco con mensaje”. No sé, no vende, y hubiera preferido un Pilatos dubitativo hasta el final (al fin y al cabo, el de la Resurrección es un caso sin resolver) que un hombre casi reconvertido a la fe cristiana.

Es inevitablemente estático el montaje de José Sámano (se le perdona, porque la estructura narrativa no da para más), que se apoya en proyecciones de mapas políticos de la época y diversos versículos de varios evangelios reales, así como en alguna funcional proyección escenográfica (que aquí, por cierto, fallaron bastante al comienzo, y desesperaron tanto a los técnicos que medio teatro se debió enterar de aquel ” ¡¡¡Noooo!!! ¡Tápalo, pero tápalo rápido!!” que soltaron en plena obra desde la cabina…). Adecuado el vestuario.

De Joaquín Kremel admiro su capacidad de evolución en los últimos años: era un actor de productos más bien casposos (véase Hostal Royal Manzanares o Sé infiel y no mires con quién) y, en los últimos años, ha presentado en teatro una divertida comedia (La extraña pareja) y una interesantísima obra dramática como era El Beso de Judas, de David Hare, donde su espléndida (pero espléndida, de verdad) interpretación de Oscar Wilde me obligó a guardarme mis prejuicios y replanteármelo como actor. Ahora vuelve por la vía del teatro serio, y, si bien su composición de Pilatos no es tan redonda como la del escritor inglés (tampoco esta obra tiene la calidad de aquella) sí que enfrenta un texto largo, denso y complicado sin titubear y con rigor, aportando una cierta vena histriónica ocasional, que resalta el carácter dubitativo del personaje de manera bastante interesante.

El Sextus de José Luís de Madariaga (contrapunto investigatorio de Pilatos) aportó su imponente presencia escénica, pero, por lo que sea, hoy las pasó canutas con el texto; aún así, hay tanto actor ahí, que supo salir a bien de sus propias erratas con una naturalidad pasmosa (“…perdonad Procurador, quería decir…”). Esa capacidad de reacción tan natural no está al alcance de cualquiera, y solo por eso ya hay que aplaudirle, porque una situación semejante hubiera podido ser una debacle en manos de otro actor.

En fin, Julia Torres aparece excesivamente histriónica en un papel que es corto, ingrato por el contenido por lo expuesto algo más arriba, y que habría que reducir a la mínima expresión para que la obra ganase agilidad. Vale que la vena dramática de la actriz tampoco ayuda, pero es que ha de defender un papel que es casi indefendible.

Media entrada (¿pero dónde estaba hoy -sin fútbol ni Sinfónica de Galicia- el público de abono?) y aplausos tibios para una obra que, a pesar de la densidad y de no estar redondeada, presenta más momentos de interés de los que aparenta, pero que ha de verse con la mente despierta  los cinco sentidos. E importante (re)confirmación de Joaquín  Kremel como actor interesante en textos serios.

Nota: 3.25/5

“El Evangelio Según Pilatos”, de Eric-Emmanuel Schmitt. Con: Joaquín Kremel, José Luís de Madariaga y Julia Torres. Dirección y adaptación: José Sámano. SABRE PRODUCCIONES / IMPALA / BASTANIS.

Teatro Rosalía de Castro, 23 de Septiembre de 2011.

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