Skip to content

‘A Ópera dos Tres Reás’, o tomarse las cosas a la ligera

septiembre 19, 2011

 

Espectáculo en lengua gallega.

Apuesta fuerte y muy arriesgada del Centro Dramático Gallego al levantar una producción de A Ópera dos Tres Reás, contando con algunos de los nombres más importantes del panorama actual gallego (todo un Luís Tosar encabezando un proyecto que dirige Quico Cadaval, uno de los directores y autores más premiados de los últimos tiempos) y con una gira que se está extendiendo no sólo por Galicia, sino también por buena parte de España, con un brutal componente promocional, y llenando los teatros allá donde se presenta.

 

El tándem Bertolt Brecht-Kurt Weill ha proporcionado algunas de las obras más complejas e interesantes del teatro musical del siglo XX, a medio camino entre la ópera pura (Mahagonny), el musical (Happy End) o este curioso híbrido que es Die Dreigroschenoper (llamémosle La ópera de tres peniques, o de tres centavos, o de patacón, o incluso de tres reales, como la bautiza el Centro Dramático Gallego en este montaje) una obra teatral con música (no me gusta llamarla musical, ni muchísimo menos ópera) que toma su nombre y parte de su argumento de The Beggar’s Opera (“La Ópera del Mendigo”), una opera-ballad (esto es, explicado brevemente, un género inglés que podría defenderse como una ópera de carácter popular, que usa canciones conocidas por el pueblo, y que satiriza las convenciones de la ópera seria) con texto de John Gay y música popular arreglada probablemente por Christoph Pepusch, estrenada en 1728.

Si asumimos que la fuente original no es exactamente una ópera, no debería quedar ninguna duda de que la revisitación que hacen Brecht y Weill tampoco lo es, y, por tanto, no parece lo más acertado apostar por la impostación lírica a la hora de cantar, a pesar de las diversas propuestas que han girado por el mundo en torno a esta obra (hay propuestas que alternan cantantes melódicos con líricos -la de Ute Lemper y Milva junto a René Kollo y Helga Dernesch-, propuestas que optan por cantantes puramente melódicos -la que dirige HK Gruber con Max Raabe y Nina Hagen-, propuestas que optan por cantantes puramente líricos -no hace mucho se dio en París con nombres como Ian Bostridge, Dorothea Röschmann o Angelika Kirschschlager, unos más acertados que otros- o actores que entonen).

Pero asumir que esta música no es operística lleva a un engaño común: el considerar la partitura de Weill (que se basa en ritmos de cabaret, jazz y otros estilos, junto a la frecuente práctica del Sprechgesang –término de difícil traducción que vendría a significar “canción recitada”- tan clásica en la época del estreno) como ligera y fácil, y nada más lejos de la realidad: no sólo la escritura de Weill es clarísima y exacta, sino que además es francamente complicada (especialmente en los papeles de Polly Peachum y Mackie Navaja) en términos de extensión, intervalos y medida. Además, por obra y gracia de la Fundación Kurt Weill, no se puede modificar una sola nota de la música (recuérdese el sonado incidente de Mario Gas en Madrid cuando transportó la partitura de Mahagonny…). Si a esto le sumamos un texto de Bertolt Brecht (que es casi siempre un autor que quiere decir más de lo que dice), entenderemos enorme la complejidad de llevar esta obra a buen puerto.

La lectura del CDG se ha basado en el aspecto más cómico y ligero de la obra, dejando de lado unas profundidades que están, pero que aquí no aparecen por ningún lado. Quico Cadaval es básicamente un gran director de comedia, y este es el enfoque por el que ha optado a la hora de enfrentarse al montaje de esta obra: una lectura amable, y apta para todos los públicos, que pinta a los personajes como caricaturas de sí mismos, y elude cualquier referencia turbia a la hora de enfocarles. Es una visión válida, no cabe duda, y se han hecho más montajes en esta línea, pero personalmente me gusta más un punto de vista menos amable, más negro, más ácido, que subraye por ejemplo algunas sentencias importantes que se oyen por boca del Señor Peachum (que, para mí, es el verdadero motor de la historia) y que deberían hacer reflexionar al público, tal y como quería Brecht. Para ello, habría que destacar sus reflexiones de alguna manera; aquí, muchas veces, hay frases interesantes que pasan de largo, en favor de mantener el ritmo cómico de la historia. Básico y neutro, aunque con las diferentes alturas bastante bien planteadas, el espacio escénico de Baltasar Patiño (que firma también la iluminación, posiblemente lo mejor del montaje) y adecuado el vestuario de Carlos Alonso, en una propuesta no exenta de ideas simpáticas, trabajos individuales interesantes, ágil en el movimiento de los actores, y con varios momentos muy plásticos, de hermosa estética (la canción de Polly o los instantes previos al no ajusticiamiento de Mackie), y que tiene las reglas del distanciamiento brechtiano bien aprendidas, pero que debería resaltar más el componente de lo que el dramaturgo alemán está denunciando, y que no escapa de alguna incoherencia narrativa (podemos asumir que todas las actrices se desdoblen como prostitutas, pero no hubiera estado de más cambiar un poco la estética de la actriz que hace de Polly para evitar la confusión cuando su madre irrumpe en el prostíbulo…).

En términos teatrales, tal vez amparados por el esquema cómico de la propuesta, muchos actores caen en histrionismos que no siempre ayudan, y, quién más quién menos, no esconde problemas a la hora de enfrentarse a la peliaguda partitura (para que luego digan que Weill escribe música facilona…). Luís Tosar es un Mackie excesivamente bonachón (uno ve el montaje y, la verdad, le cuesta imaginárselo asesinando o violando brutalmente a nadie…), aunque las maneras de actor y el dominio del escenario están ahí indudablemente: la parte musical la saca adelante con más oficio que medios, aunque no esconde alguna solución desesperada y discutible (esos falsetes…) cuando la escritura se vuelve especialmente aguda. Con todo, musicalmente tiene momentos, y si le hubiera tocado una partitura más central, la habría defendido aún mejor.

Encuentra bien su sitio Marcos Orsi como el Señor Peachum, destacándose como actor en su composición del personaje (aún cuando el Peachum de mi imaginario personal debe ser mucho más serio), y salvando casi siempre su parte musical bastante mejor de lo esperado para un actor que no es cantante. O eso, o compensa unas cosas con otras. Posiblemente de los actores más completos del montaje, junto a un César Goldi que se multiplica en varios personajes (siendo Tigre Brown el principal) y que compensa las carencias musicales con una actuación escénica muy potente, de marcada comicidad.

Entre las mujeres, la Polly de Muriel Sánchez (también más actriz que cantante, y experimentadísima, por cierto, en un género dificilísimo como es el verso del Siglo de Oro español) se enfrenta a una partitura, como ya he dicho, dificilísima por la escritura, repleta de complicados saltos interválicos, y la extensión de la parte, y presenta altibajos en lo musical (especialmente reseñables con la Canción de Bárbara, donde mantener la peliaguda línea de canto se le hace muy cuesta arriba, como a casi todas…), y podría ser algo más fiera y menos amable como personaje (pero esto va en la línea del enfoque de la versión…). Begoña Santalices hace una Señora Peachum que podría y debería destacar más de lo que destaca, como si no le hubieran sacado todo lo que lleva dentro. Tiene momentos, eso es indudable, aunque una vocalización más clara  no estaría de más; como sucedía con los personajes de Marcos Orsi y César Goldi, sus problemas vocales son quizá más disculpables al tratarse de un personaje de carácter. Mónica de Nut (en este caso, cantante) es una Jenny que tiene las notas, el gusto y la musicalidad, que se encarga de la mitad de Pirate Jenny (una práctica cada vez más extendida) y que ofrece en la Canción de Salomón el mejor momento musical de toda la función: sólo alguna inclinación ocasional a lo lírico desluce un trabajo que habría sido redondo si se dejase llevar por su propia intuición musical, que la tiene. Por su parte, Alba Messa es una Lucy irónicamente divertida en sus burdos y arrabaleros modales, y vocalmente merecería cantar más de lo que se le ofrece (un error no abrir el corte de su aria, que, a día de hoy, aparece en las funciones cada vez con más frecuencia).

Hay un equipo destacable de secundarios como los compinches de Mack y en otros papeles menores (falsos mendigos, prostitutas, policías…) en Víctor Mosqueira (un auténtico y verdadero clown, en el mejor sentido de la palabra, que hace, con lo poco que tiene, una verdadera creación físico-gestual, digna de reseñarse), Marta Pazos, Sergio Zearreta y Fran Pérez “Narf”, que inicia el espectáculo cantando la archifamosa Balada de Mackie Navaja en una interesante versión acompañada de zanfoña.

Interesante, sin embargo, el trabajo del conjunto orquestal, que dirige Diego García Rodríguez. Todo suena ordenado, pese a que ni la posición en escena (que impide casi siempre el contacto visual con los cantantes-actores) ni la amplificación (orquesta y voces van amplificadas, y, al menos en la función que vi, la amplificación quedó descompensada…) les ponen las cosas fáciles. Los músicos, pluriempleados como manda la tradición, son Suso Alonso, Rui Bandera, Pablo Castaño, Andrew McNeill, Saúl Puga, David Rodríguez, Adrián Viñas y Vadzim Yukhnevich. Dignos de aplauso.

Aplausos entuasiastas al final (aunque, para ser justos, también alguna deserción, a lo largo de un montaje que se prolonga durante 3 horas) para una propuesta de un título arriesgado, con luces y sombras.

Nota: 2.75 / 5

“A Ópera dos Tres Reás”, de Bertolt Brecht, con música de Kurt Weill. Traducción: Pepe Sendón. Con: Luís Tosar, Marcos Orsi, Muriel Sánchez, Begoña Santalices, César Goldi, Mónica de Nut, Alba Messa, Víctor Mosqueira, Fran Pérez “Narf”, Marta Pazos y Sergio Zearreta. Conjunto instrumental. Diego García Rodríguez, dirección musical. Quico Cadaval, dirección escénica. CENTRO DRAMÁTICO GALEGO (CDG).

Teatro Colón CaixaGalicia, 17 de Septiembre de 2011.

Anuncios
No comments yet

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: