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‘Un Tranvía Llamado Deseo’, o de cómo Vicky Peña nos electrizó como Blanche du Bois

mayo 22, 2011

Ya saben ustedes que Tenessee Williams es uno de mis dramaturgos de cabecera. Y el poder admirar dos producciones de calidad de dos de sus obras maestras en menos de dos meses es un privilegio de esos que solo se consiguen en el año del centenario del nacimiento del autor. Si hace un mes y medio hablábamos de una soberbia versión de la Gata sobre el Tejado de Zinc Caliente a cargo del Centro Dramático Nacional y el Teatre Lliure de Barcelona, ahora el Teatro Español propone otro gran montaje del gran clásico de Williams: Un Tranvía Llamado Deseo, una obra que permanece en la mente de todos gracias al film de Ellia Kazan con Vivien Leigh y Marlon Brando.

El teatro de Williams es siempre un teatro complejo, exigente por igual para el actor y el espectador, que debe de tomarse la molestia de pensar y ser él quien juzgue a unos personajes que nunca aparecen juzgados por el propio autor. El Tranvía tiene además la dificultad añadida de ser un texto extenso (la función dura 2h 40 minutos) y rico en personajes, lejos del minimalismo más directo de la Gata o del Zoo de Cristal.

Acierta Mario Gas (un señor que no nos suele defraudar) planteando un espectáculo sobrio pero elegante: la escenografía de Juan Sanz y Miguel Ángel Coso es esencial, pero sin embargo ha sabido jugar muy bien con los diferentes espacios y planos de acción: la sobriedad de la apiñada casa de los Kowalski sirve para remarcar la pobreza en la que están viviendo, y una escalera de caracol conduce al piso de arriba, desde donde se ve el balcón de la casa de los Hubbel. Unas pequeñas escaleras sugieren un supuesto pero invisible porche en primer término. Todo muy bien iluminado por Cornejo. A pesar de estarse enfrentando a un texto que ya es largo de por sí,  Gas se lo toma con calma; se recrea dirigiendo una puesta muy cinematográfica, donde las miradas, los silencios y la distribución de planos juegan papeles importantes para ofrecer escenas de marcada plasticidad. La escena final da en la clave del teatro de Williams: mientras se desata la tragedia, a unos pocos metros continúa la partida de cartas; porque, como siempre ocurre en las historias de Williams, la vida va a seguir, a pesar de todo, y mañana será otro día para los que se quedan… y puede que eso sea precisamente lo más terrible de todo.

 Completa la propuesta un fondo proyectado sugiere una visión del exterior, a la vez que hace aparecer al amenazador Tranvía que nunca llega a recoger a Blanche entre las escenas, y ayuda a situar la acción temporalmente, en una videocreación (Álvaro Luna) que fomenta el componente cinematográfico de la versión. Es adecuadamente variado el amplio vestuario de Antonio Belart.

Pero el de Tennessee Williams es siempre teatro personajes, con historias que contar; generalmente de personajes autodestructivos y, por tanto, es teatro de actores. Si no hay actores de primer nivel, la cosa no se sostiene. El Tranvía es la historia de la bajada a los infiernos de la desequilibrada Blanche Du Bois, y de lo que se va llevando por delante en su bajada hacia la locura después de una vida ciertamente desafortunada. Es un personaje larguísimo y complejo, que pasa por mil estados de ánimo en un rato: desde los aires de superioridad iniciales hasta la enajenación progresiva. Seguramente sea fácil cargar las tintas del histrionismo siendo Blanchepero Vicky Peña no cae en la trampa y se muestra natural y sincera, haciendo una inconmensurable creación que es un triunfo personal (¡otro más, y van tantos y tan variados que empezamos a perder la cuenta!…) que huele a nuevo premio Max para ella: sabe pasearse por los mil y un registros del  personaje sin ser nunca histriónica, haciendo un personaje vivo, y sabiendo reflejar por igual las flaquezas y las vilezas (que las hay) del la mayor de los DuBois. Su confesión a Mitch al final de la primera parte hiela la sangre y hace que el público apenas se atreva a aplaudir cuando llega el intermedio, porque aún debemos recuperarnos de la impresión; y sus escenas de locura desesperada son también de una intensidad impagable; pero también sabe resaltar a la Blanche coqueta, y hasta manipuladora, que aflora ocasionalmente, porque indudablemente está ahí. Ella vertebra todo el montaje actoralmente, en un tremendo tour de force que no la deja abandonar el escenario en ningún momento, en una función que dura casi lo que dos normales… El público, al final, la recibe, lógica y justamente, con ovación y bravos. Una creación. Otro triunfo personal que, seguramente, será otro hito en su carrera.

Así las cosas, el resto del reparto no puede más que moverse a su alrededor. Roberto Álamo tiene el físico de machote necesario para Stanley (siempre tan alejado de Brando en la película como Peña lo está de Leigh), pero la vocalización (que no la proyección de voz) es a veces algo confusa, y esto le resta enteros a una encarnación que tiene la virtud de conseguir una cierta empatía en el público. Se viene arriba, como todo, conforme avanza la función, pero algo falta para ser Kowalski…

Francamente mejor está el Mitch de Álex Casanovas, que parece muy consciente de la capital importancia de su personaje a pesar de su relativa brevedad, y sabe despacharlo con elegante eficacia. Por otra parte, tener a Ariadna Gil como Stella (un papel que, a pesar de ser bastante extenso, no deja de parecer un punto insustancial en comparación con otros perfiles de la misma obra…) puede ser inicialmente un curioso reclamo, pero, además de tener el físico más cercano a mi idea de estos personajes de todo el reparto, uno tiene que reconocer que sabe encontrar su lugar en el conjunto como la hermana de Blanche: hay más actriz de la que muchas de sus películas de tercera parecen dejar intuir, y en ese sentido esta incorporación va a hacerle un favor a su carrera.

Sin mácula los abundantes secundarios, todos en su sitio, y aportando algo positivo al espectáculo: Anabel Moreno, que es casi capaz de crear  una vecina con identidad propia, por más que el papel sea más bien breve; Alberto Iglesias y Pietro Olivera, asquerosamente simpáticos como los amigos borrachuzas de Kowalski; Ignacio Jiménez como el joven vendedor de susripciones de periódico al que intena seducir Blanche y los cameos de Jaro Onsurbe y Mariana Cordero en los brevísimos cometidos del Médico y la Enfermera. En total diez actores, que se dice pronto.

Cierto es que el ritmo es premeditadamente lento, el espectáculo largo y se puede tardar un rato en entrar mentalmente; una vez que entras, es casi imposible salir, y la tragedia sucede con ritmo implacable: de la primera parte se sale con la sensación de querer que la cosa continúe, y la segunda no ofrece tregua y es imposible despegarse. Y, como siempre ocurre en Williams, te queda una historia llena de lecturas tan múltiples como válidad, para desmenuzar, pensar y repensar en casa más allá del teatro. Y ese es el buen teatro.

Y, vistas dos buenas producciones de obras de Williams, solo me queda seguir cruzando los dedos para que alguien se acuerde, en el Centenario, de esa maravilla ensombrecida por sus hermanas que es El Zoo de Cristal y nos regale una producción de la misma categoría que estas. ¡Por favor, por favor, por favor!

Nota: 4.25/5

“Un Tranvía Llamado Deseo” (A Streetcar Named Desire), de Tennesse Williams. Versión de José Luís Miranda. Con: Vicky Peña, Roberto Álamo, Ariadna Gil, Álex Casanovas, Anabel Moreno, Alberto Iglesias, Pietro Olivera, Ignacio Jiménez, Jaro Onsurbe y Mariana Cordero. Dirección: Mario Gas. JUANJO SEONANE PRODUCCIONES.

Teatro Colón CaixaGalicia, A Coruña. 21 de Mayo de 2011.

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One Comment leave one →
  1. ROGER JUSTAFRÉ permalink
    mayo 22, 2011 16:59

    No me extraña nada de esta crítica,precisa y meticulosa como todas las de Hugo…yo se la predije a VIKY desde ates de estrenar,porque la conozco hace muchísimos años y he trabajado en TV con ella en todo tipo de papeles desde que era una cría. Y estaba convencido de que le darían el Max,aunque haya sido por otra obra. Cuando la felicité me dijo que traerán la obra a Barcelona por su cuenta sin la AYUDA del ESPAÑOL ni invitación del TNC- Es deprimente.

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