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‘La Violación de Lucrecia’, o escuchar a Shakespeare servido con elegancia

abril 30, 2011

Alguien dijo alguna vez en un aula que William Shakespeare era un autor demasiado denso y c0mplicado como para que los jóvenes pudiéramos apreciarlo en toda su densidad. Qué quieren que les diga, soy joven y, desde que era (aún) más joven he desarrollado una aficción especial por los textos del autor inglés. No solo por los más típicos y tópicos (Macbeth me sigue pareciendo  de las diez mejores obras jamás escritas) sino también hacia alguna obra aparentemente menor (¡me encanta Winter’s Tale!). Que a uno le pongan una rareza absoluta como es el poema narrativo The Rape of Lucrece (1594) es una razón más que suficiente como para que la cosa tenga interés. Pero había más: no conocía directamente este texto de Shakespeare, pero sí la ópera que sobre este mismo tema (que no sobre este mismo texto) compusiera Benjamin Britten en 1946.

A primera vista, subir a las tablas un poema narrativo puede parecer una opción arriesgada, sencillamente porque no es lo que el público está acostumbrado a ver. Pero cuando el texto es un Shakespeare, si se sabe qué hacer con él, la cosa tiene que funcionar: es un texto literariamente hermosísimo, de una capacidad visual-descriptiva potentísima y con una vigencia temática casi pasmosa si recordamos que el texto tiene la friolera de 417 años de antigüedad… que se dice pronto. Un espectáculo para que sea la mente la que trabaje y dibuje todo lo que no se ve sobre las tablas pero el texto sugiere y coloca en las cabezas de todos los que escuchan.

Un cortinaje blanco que esconde la cama donde tendrá lugar la violación del  título, una silla y una mesa. Llega Nuria Espert hablando por teléfono móvil. No puede quedar con su interlocutor porque tiene que ensayar la Lucrecia de Shakespeare… Comienza a recitar el texto de corrido…. No se concentra. En esto, enciende un equipo de música invisible y empieza a sonar a todo volumen Fur Alina, de Arvo Pärt, posiblemente una de las piezas más inquietantemente hermosas jamás escritas. Sobre la música de Pärt empiezan a fluir los versos de Shakespeare. Es el comienzo de un espectáculo donde el espacio sonoro (hay caballos, dagas que caen, antorchas que se encienden y se apagan, gemidos, puertas que se abren y se cierran…) de Sandra Vicente juega un papel fundamental en la narración, como lo hace la expresiva y oportuna iluminación de Juanjo Llorens, tan sobria como variada y evocativa a los eventos que se están narrando.

Así las cosas, hay que ser muy listo para levantar un espectáculo así, desde la sobriedad elegante. Y el director inteligente es el genial Miguel del Arco, un señor al que tanto Nuria Espert como Juanjo Seoane afirman no conocer antes de esto (yo tengo 23 años y le conozco ya por su soberbio trabajo como Javert en Los Miserables madrileños de 1992) pero que es el creador y director de esa pequeña obra maestra que es La Función por Hacer, de la que ya hemos hablado aquí. Y esta vez la ha vuelto a liar, ha vuelto a demostrar que se puede hacer buen teatro desde un minimalismo barato pero vistoso e inteligente. Me ganó para su causa desde que empezó a sonar Pärt, pero cualquiera debe reconocer que este espectáculo que funciona y engancha, sin el trabajo de este director y su equipo no habría funcionado así… A este paso, habrá que correr a ver todo lo que monte. Un genio.

Y nos queda la actriz. Toda una Nuria Espert que, apunto de cumplir 76 años, tiene el coraje de enfrentarse sola a esta función, a este texto que es un tour de force tremendo. Es exclusivamente cuestión de gustos, y podrá sonarles raro, pero siempre he sido más fanático de la Espert como directora que como actriz. Particularmente brillantes me parecen sus montajes operísticos (recordemos las soberbias e inteligentes Elektra y Turandot que presentó en el Liceu), así se lo dije cuando coincidí casualmente con ella en una función de Simon Boccanegra este pasado verano en Madrid. Como actriz, siempre le he visto un punto histriónico que, sin quererlo, la aleja un poco de la implicación dramática que sería deseable. Ahora, además, la proyección de la voz es justita, no oculta algún pequeño titubeo ante un texto que es largo y complicado (esto le puede pasar a cuallquiera que tenga las santas narices de enfrentarse a este tremendo espectáculo), y su histrionismo hace que se pierdan algunos finales de frase. Pero, pese a todo, quizá empujada por la fuerza del texto de Shakespeare, aquí encuentra sus momentos de fuerza dramática, donde engancha, sobre todo de la mitad hacia el final de la obra: uno no sabe muy bien si está enganchado de la Espert, de Shakespeare, o de ambos, pero el caso es que se engancha. Pero levantar ella sola y a su edad un espectáculo así, y conseguirlo, merece, sin duda, la cálida respuesta que obtiene del público. Pareciera que hay Nuria Espert para rato.

El acotadísimo aforo (solo se venden butacas y palcos de platea y primer piso) sigue el espectáculo con atención y aplaude encarecidamente a la Espert al final. Y, a pesar de todo, uno tiene la sensación de haber visto un espectáculo distinto, pero hermoso, y, sobre todo, de que ha vuelto a quedar probada la grandeza de Shakespeare, aún cuando algunas personas que saben más que yo de esto no hayan quedado del todo conformes con la traducción de José Luís Rivas Vélez. Y son criterios de los que podemos fiarnos. Voy a tener que leerme el original… El caso es que, mientras todos aplauden a la Espert, a uno le dan ganas de sacar el freak que lleva dentro, levantarse y ponerse a gritar: “Viva Shakespeare”. Quién sabe… puede que algún día lo haga.

Nota: 3.75 / 5

“La Violación de Lucrecia” (The Rape of Lucrece), de William Shakespeare. Con: Nuria Espert. Dirección: Miguel del Arco. Traducción: José Luís Rivas Vélez. JUANJO SEOANE PRODUCCIONES.

Teatro Rosalía de Castro, 29 de Abril de 2011

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2 comentarios leave one →
  1. ROGER JUSTAFRÉ permalink
    abril 30, 2011 12:54

    Yo también tengo una extraña relación con la Espert-actriz…y menos,pero también para la ESPERT-directora,yo hice la grabación de su maravillosa ELEKTRA en el Liceo…y ella me felicitó,pero cuando me invitó en Madrid a su Traviata salí,como si no hubiera estado porque era de un triste, TODA ELLA,gris, anodina,deprimente,pero bueno…viva la ESPERT y VIVA SHAKESPEARE,claro…
    Ah! Y no discutas con los mayores, que si yo digo que eres un fantástico crítico teatral es porque de eso entiendo un poco y llevo muuuuuuuchos años leyendo y sufriendo a mucho mindundi inculto que opina como si hablara del tiempo y sin conocimiento ni de causa ni de efecto,cuando tú hasta captas los mensajes musicales…chaval,no sé si acabarás dedicándote a esto te te darán el nobel de bioquímica astrofísica…pero lo que si está claro es qu tú vales mucho.

  2. abril 30, 2011 10:23

    ¡Qué envidia! No pude asistir, pero le cedí la entrada a mi madre y salió encantada. Y eso que tenía sus dudas por el tipo de texto… Me comentó algo que apuntas en tu crítica, que afrontar ella sola y a su edad un espectáculo así y lograrlo tiene mucho mérito.
    ¡A ver si no me pierdo la próxima!

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