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‘Gata Sobre Tejado de Zinc Caliente’, o dímelo sin gritar

abril 7, 2011

A quienes, de una forma u otra, desde la cercanía o la distancia, comparten o han compartido conmigo la experiencia de emocionarse y disfrutar de Williams en general y de la ‘Gata’ en particular. A Álex Rigola, por pensar cómo hacernos pensar y acertar. Y a mis cuatro gatas y media, por ser tan gatas como han sido, como son y como, seguramente, serán, y, sobre todo, por aguantarme aunque a veces no las escuche. ¡Gracias!

Primero me confieso….

Tres premisas previas, porque una crítica con dedicatoria requiere alguna explicación…

Primera premisa: Más allá de que estemos en su centenario, me gusta mucho Tennesse Williams, me parece uno de esos auténticos genios del teatro. Posiblemente sea uno de los cinco dramaturgos que más me interesan (creo que los otros cuatro, sin orden especial, son Anton Chéjov, Arthur Miller, Brian Friel y Harold Pinter), porque me da eso que yo busco cuando voy al teatro: historias de personajes que son tan extremos como cercanos, conflictos que puedo entender, y hasta que puedo justificar, por terribles que sean, porque siento que esos personajes podrían ser mis vecinos de enfrente, mi familia, o incluso yo mismo. Teatro de emociones.

Segunda premisa: Conozco Cat on a Hot Zinc Roof en profundidad, porque viene asociada a unas coordenadas vitales muy determinadas (los últimos meses de carrera, en los que tuve ocasión de elevar mi media hablando de estos personajes maravillosos navegando a la deriva…), e incluso a persona(jes) vitales que fueron o son muy importantes, por unas cosas o por otras (profesor@s, compañer@s, amig@s…).

Tercera premisa: Quiere el destino que mi primer encuentro en persona con Maggie, la Gata, sea apenas unas horas de atravesar una experiencia vital especialmente importante: puede que haya una baja temporal en cuanto a funciones teatrales desde este viernes, y puede que cierre un ciclo precisamente con mi primer enfrentamiento directo este texto… Qué tremendo ¿no?.

¿Puede entonces quedar alguna duda de por qué este texto forma ya parte de mi experiencia vital? Espero que no. Dicho esto, empecemos a considerar lo visto en Santiago de Compostela…

 

La función

El Principal de Santiago hasta arriba, lleno de gente intoxicada por la película que hace años protagonizaron Paul Newman y Elizabeth Taylor, que llegó a hacer sombra a la obra original, y que, desde la amabilidad con que narra los hechos, flaco favor le hace al original… Esta nueva producción del Centro Dramático Nacional (la primera Gata… que se ve en España en ni se sabe cuántos años…) tiene el acierto de desvincularse de la película para contar su propia historia…

Una vez oí decir a una persona en clase que se había sentido incómoda viendo alguna función de Tennesse Williams porque los personajes solo gritaban y gritaban… Pero  Álex Rigola es un tío listo, un señor que sabe de teatro. Quienes hayan visto Días Mejores o Rock & Roll ya deberían saberlo… Su Gata es diferente. Lo primero, es tremendamente estética. Una estética fría, oscura y casi surrealista: la escenografía es una ¿habitación? en medio de un otoñal campo caduco y embarrado. A la derecha, la cama matrimonial de Brick y Maggie, tras la cual acecha un tremendo árbol sin una sola hoja: un árbol caduco, como el matrimonio incapaz de dar un heredero al Abuelo. A la izquierda, un piano lleno de bebidas alcoholicas de toda clase. Una suerte de piano-bar o cocktelería (al piano, muy adecuado, Raffael Plaza). En el centro, y al fondo, tierra baldía, barro, hojas muertas y alguna flor queriendo florecer no sin dificultad… Y, en lo alto, un gran neón que reza: “WHY IS IT SO HARD TO TALK?”, una de las frases de Big Daddy en el segundo acto, que bien resume el tema principal de la obra: la incomunicación entre los individuos. Qué bonita escenografía de Max Glaenzel, iluminada de forma oscura, casi onírica, por Xavier Clot, para darle un aire de fantasía a lo que estamos viendo.

Sobre este espacio de corte surrealista, Rigola mueve a unos personajes que son como espíritus, como sombras, como seres cansados de seguir adelante para nada: casi no hay gritos. Todo está dicho con un ritmo pausado y hasta ausente, que empieza desconcertando y acaba por producir casi más inquietud que si se gritase durante toda la obra: porque estos personajes son capaces de echarse la mierda más trenebda a la cara sin elevar la voz, callando, sosteniéndose la mirada durante varios segundos… Y esto acaba por crear una tensión dramática en el espectador impagable. Parece como si la mierda doliese más vomitándola en bajito. El teatro no respira, y los únicos momentos de relativo rélax para el espectador son aquellos en que Brick o el Abuelo se deciden por fin a gritar por unos segundos… Unos gritos que son liberadores de tanta tensión acumulada tanto para los personajes como para el que está inquietantemente (porque Tennesse Williams apunta tan fino que uno nunca puede estar tranquilo o impasible) mirando y escuchando. Rigola sabe aportar la justa dosis de ironía al drama, y sabe centrar al público. En plena tensión de pareja, el matrimonio se dice:

“- Maggie, yo es que no soy Paul Newman…

– Ni yo soy Elizabeth Taylor, Brick, ni esto es una película…”

El público ríe sin reservas esta declaración de intenciones a un Rigola que pide por boca de sus personajes, apenas pasados cinco minutos del comienzo, que la audiencia desconecte de cualquier referencia anterior.

Es también una versión cárnica, potente: Maggie no duda en desnudarse antes de que su cuñada Mae entre en la habitación; o en hacerle una inútil felación a Brick: dos detalles que posiblemente nunca se hubieran visto en ninguna otra versión de la Gata…, y que son, sin embargo, dramáticamente coherentísimos, justificados y potentes (¿no es acaso Maggie una gata?), por más que alguna adolescente salida cercana a mi butaca se sintiera notablemente incómoda…

Pero no nos engañemos, esta es una versión atrevida, directa (está convenientemente recortada y dura 1h20 min), al límite, pero a la vez honesta, fiel al espíritu original y que consigue mantener la tensión del espectador (esos silencios lo dicen todo…) y hacerle reflexionar aún más sobre el contenido del texto, con ese ritmo aparentemente lento e inofensivo que se gasta…

Otro acierto de Rigola es contar con actores desconocidos pero entregados al concepto. La palma se la lleva el Big Daddy de Andreu Benito, que es el personaje vertebrador del montaje: no es de extrañar, porque la presencia es tremendamente imponente  y la voz de las que meten miedo. Así, todo gira alrededor de él: él manda en esa casa y lo sabe, robando la atención del público cada vez que aparece en escena. Suyos son los momentos más irónicos y los más tensos, y, por supuesto, lo mejor del montaje es el largo diálogo padre-hijo que ocupa el segundo acto. Benito está brutal aquí (por momentos es una mala bestia que viene a hacer daño y no duda en zapatear a su hijo predilecto de las muletas contra el barro para que no escape…, pero al mismo tiempo es tremendamente humano), por todo, y además contagia y mucho a un Joan Carreras que tiene su mejor momento en esta larga escena, y que firma un Brick en general nada castigador y tremendamente humano, que se ha convertido aquí en un auténtico despojo humano por culpa del alcohol, y que acaba llorando ante su padre tras defender lo que quiera que sea que siente por Skipper. El espectador tiene que implicarse con él, y este largo diálogo es la perla de la función, el colmo de la tensión dramática. Habrá pocas Gatas… que escojan hacer de este punto su momento de inflexión, y esto le hace reflexionar a uno a la salida… Aquí, los dos hombres son los protagonistas del espectáculo.

También la Abuela de Muntsa Alcañiz (aquí una suerte de Madrastra de Cenicienta venida a menos…) sabe llenar el escenario a cada intervención, y conseguir que el personaje se nos atragante por exceso de clasismo. Dan ganas de darle dos hostias y hacerla bajar a la tierra. Los cuñadísimos, Mae y Gooper, han quedado reducidos a lo básico en esta versión, pero aún así ella (Ester Cort) sabe hacerse notar, como una clasista odiosa destinada a ser un pálido reflejo de la Abuela dentro de unos años. De él (Santi Ricart) se puede decir que despacha lo poco que le queda.

No, no me he olvidado de Maggie la Gata. En Chantal Aimée, Álex Rigola ha encontrado a una actriz bellísima (morenísima de enormes ojos verdes, bonitas curvas y bonitos pechos), que dice bien su parte y tiene el físico adecuado, e incluso tiene mucho de víbora (de manera que el espectador se acaba identificando más con Brick que con ella sí o sí…), pero queda algo desdibujada como personaje, al lado de su esposo y su señor suegro: en el segundo acto desaparece, y su aparición en el tercero es casi testimonial… Como la tensión generada por padre e hijo en el segundo acto ha sido tan tremenda, cuando regresa ya casi nos hemos olvidado de ella. No es su culpa, es que la narración del director lo ha querido así.

En fin, un gran espectáculo de teatro. Una Gata… para sibaritas, para conocedores, para escuchar con calma, asimilar, y estremecerse, para renegar nuevamente de la adaptación cinematográfica… Y, sobre todo, para cuestionarnos lo que dicen Big Daddy y ese amenazador rótulo gigante: ¿Por qué es tan difícil hablar? ¿Por qué es tan difícil comunicarnos? Vamos. Hablemos, comuniquémonos. Otra con máxima nota.

Y ¿saben qué les digo? Que a falta de una gran producción del Zoo de Cristal en el año del centenario de Williams, no puedo dejar de preguntarme que haría Álex Rigola con mi Williams favorito…

P.D.: Las fotos están tomadas del montaje en Madrid. Lo que se vio en Santiago, por lógicos motivos de espacio, fue una versión convenientemente reducida donde el piano, en lugar de estar en el centro, estaba directamente en el lateral izquierdo, faltando un tramo de espacio.

Nota: 4.5 / 5

“Gata sobre Tejado de Zinc Caliente” (Cat on a Hot Zinc Roof), de Tennesse Williams. Con: Chantal Aimée, Joan Carreras, Andreu Benito, Muntsa Alcalñiz, Ester Cort y Santi Ricart. Traducción, versión y dirección: Álex Rigola. CENTRO DRAMÁTICO NACIONAL.

Teatro Principal (Santiago de Compostela). 6 de Abril de 2011.

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4 comentarios leave one →
  1. Tania permalink
    septiembre 13, 2011 12:31

    Cuantas cosas hemos aprendido en clase sobre ese triángulo amoroso…Me gustó mucho tu crítica Hugo, como siempre, sabes de lo que hablas y lo haces saber de la mejor forma.

    • septiembre 13, 2011 13:26

      Dí, mejor que “como siempre”, “en este caso” sabes de lo que hablas 😉 Me gusta verte por el blog!!!! Un besiño grandeee, Tania.

      • Tania permalink
        septiembre 13, 2011 20:49

        Mantengo mi “como siempre”!! 🙂 Otro beso para ti también 😉

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