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‘La Mujer Justa’, o colección de tópicos sobre el amor y la vida

marzo 25, 2011

La Mujer Justa es una novela que el escritor húngaro Sándor Marai publicó a mediados de los años 40 del pasado siglo, y que ahora llega al teatro en una adaptación de Eduardo Mendoza con dirección de Fernando Bernués, de la mano de la compañía vasca Tanttaka Teatroa.

Una historia de amor, un triángulo amoroso en el Budapest de pre y post guerra, contado desde tres puntos de vista, a través de tres monólogos interruptus: Marika, la esposa; Peter, el esposo; y Judit, la amante, van dando sus puntos de vista de los hechos, de manera que el espectador pueda ir completando el puzzle. Un cuarto personaje, Lazar, un escritor que es el único que entra en contacto con las tres voces narradoras, completa el cuadro…

Reconozco que no conozco la novela original, pero en esta versión teatral hay muchos problemas, algunos de los cuales me imagino que derivados de la novela misma. La historia es hueca, fría, sin demasiado interés y llena de clichés, ideas preconcebidas y lugares comunes sobre el amor que se han escuchado demasiadas veces como para enganchar al público en un teatro, que distancian más que crear complicidad, y que acaban haciendo que el que escucha se sonroje o se sonría ante el alarde de sentimentalismo más bien barato de lo que le están contando…. Dos horas es mucho tiempo, demasiado, para la minucia que nos tienen que contar estas tres personas… El ritmo es lento en exceso, y el texto de la adaptación de Eduardo Mendoza (duele decir esto) deja una sensación de encorsetado y repetitivo que resulta francamente preocupante en un escritor de su categoría… Habría que ver hasta qué punto es eso lo que busca Márai en su novela. La segunda parte remonta, sí, pero cuando uno cree que ya ha terminado, reaparece Marika y deja un epílogo supuestamente moral digno de un culebrón barato a las cuatro de la tarde… Tela marinera.

Es difícil llevar al teatro una novela de monólogos, y Fernando Bernués tampoco ha sabido muy bien qué hacer: los personajes permanecen constantemente en escena, generalmente estáticos en un espacio casi desierto, mientras al fondo se proyectan unas imágenes que tratan de ilustrar lo que se cuenta aunque no siempre lo consigan (David Bernués). Suficiente la iluminación de Xabier Lozano.

Con estos antecedentes, es fácil que los actores se estrellen contra el texto, como sucede las más de las veces: la Marika de Rosa Novell peca de un exceso de histrionismo que acaba provocando risa cuanto más dramática sea la situación por la que atraviesa: el teatro ya no va de eso. Su epílogo es uno de los puntos culminantes en el delirium tremens pseudo-sentimentaloide de este texto… Por su parte, el Peter de Camilo Rodríguez despacha su texto como si aquello no fuera con él, con no pocos problemas a la hora de resolver la puntuación en materia de dicción. Mejor el Lazar de Ricardo Moya, pero el texto que le hacen decir es pura palabrería: cuando al final se encuentra con Judit, se ve contagiado de la fuerza de Ana Otero y se viene arriba… A fin de cuentas, después de una hora y cuarto bastante tediosa (y con una pausa por el medio…), comienza su monólogo Ana Otero (Judit), que al menos demuestra que sabe ser buena actriz de teatro, y consigue por fin atraer la atención del espectador aunque ya sea demasiado tarde como para levantar nada; no necesariamente porque lo que nos cuente sea más interesante y menos banal, sino porque es la más actriz de todos, la única que se esfuerza por imprimir algo de verdad, sinceridad y vida propia a su personaje. Por momentos casi lo consigue, aunque el texto tampoco la ayude. No aporta nada especial el violinista Oriol Algueró.  

La pausa no se sabe muy bien a santo de qué viene, pero la verdad es que no le hace ningún favor a un espectáculo donde apenas hay cosas que salvar más allá que el interesante trabajo de Ana Otero y las imágenes proyectadas. Prescindible. Francamente, hay un único motivo para no desistir en el entreacto: se perderían el monólogo de Ana Otero, que es lo mejor de la función, y ya que están…

Nota: 2 / 5

“La Mujer Justa”, de Sándor Márai. Adaptación: Eduardo Mendoza. Con: Rosa Novell, Ana Otero, Camilo Rodríguez, Ricardo Moya y Oriol Algueró. Dirección: Fernando Bernués. Tanttaka Teatroa.

Teatro Rosalía de Castro, 25 de Marzo de 2011.

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3 comentarios leave one →
  1. rogerjustafre permalink
    marzo 27, 2011 15:18

    No he visto la obra pero no me extraña la crítica.La Novell siempre quiso ser Nuria Espert….la conozco desde que empezó…y es un honor ,leyendo tu comentario,recordar el que hiciste de mi CASTING-

  2. marzo 26, 2011 16:18

    Gracias por tu comentario. Lo que más me ha llamado la atención es no la similitud entre las dos críticas, sino el hecho de que usemos la misma foto de entrada con las butacas :-).
    Ah, veo que estuvimos los dos en los María Casares también :-).
    Saludos y hasta cuando quieras!

  3. marzo 26, 2011 11:40

    Completamente de acuerdo, yo también hablo hoy de La mujer justa en mi blog (http://entreacto.wordpress.com) y mi crítica y la tuya se parecen mucho, aunque yo soy mucho más breve.
    Échale un vistazo porque no es en lo único que coincidimos… Empecé e diciembre de 2009 hablando sólo de teatro pero he ido ampliando temas y se ha convertido en una bitácora de estilo de vida…
    ¡Encantada de descubrirte!

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