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‘La Función por Hacer’, o menos es más

marzo 19, 2011

 

A veces, ver nuevos lenguajes teatrales es tan refrescante como directamente necesario. Seis Personajes en Busca de Autor, de Luigi Pirandello, es uno de los textos más complejos de la historia del teatro moderno, tanto a nivel de lecturas e interpretaciones como a nivel de comprensión. Esta La Función por Hacer consigue el milagro: simplifica la idea de Pirandello y la acerca al público, despojándola de todo lo accesorio para quedarse con lo fundamental: la idea del teatro como creación y ese juego a veces macabro entre ficción y realidad que busca Pirandello. Ya solo por eso, por ayudar al público a entrar en el juego, hay que tener esta versión (muy pero que muy) libre de Miguel del Arco y Aitor Tejada muy en cuenta: por su limpieza en la narración.

Teatro minimalista. La nada. Apenas un cuadrilatero rodeado de unas 40 personas en el escenario, un banco, un caballete, una pistola y seis actores. Todo esto basta para contar una historia en la que los actores interactúan acertadamente con los espectadores… Al fin y al cabo, todo transcurre en un teatro… hoy, en el Rosalía de Castro coruñés, pongamos por caso.

Empieza una función cualquiera. Un pintor le enseña a su novia el cuadro que acaba de pintar… un cuadro ciertamente horrendo que la representa a ella. Nada nuevo bajo el sol… Una función cualquiera, un vodevil de esos que tanto odio… El horror que suscita en la novia el cuadro da pìe a un debate sobre distintas concepciones del arte… El público mira y sonríe. Todo bien. Una de tantas. En esto, surgen del patio de butacas cuatro personas y un bebé: buscan al autor de la obra que se está representando… La adaptación no deja títere con cabeza, así que la actriz se apresura a asegurarse de que esos recién llegados no sean de la SGAE… No, no lo son. Son cuatro personajes (cinco, contando el bebé que es un personaje fundamental) que buscan terminar el drama de sus vidas, que quedó a medio escribir; una familia como en Pirandello, pero una familia nueva: la Madre está casada con el Hermano Mayor, pero han perdido un hijo… Por el camino, el Hermano Mayor se lía con su Cuñada (La Mujer) y tienen otro hijo… Mientras La Madre vive a base de pastillas, el Hermano Menor (un cachas con pinta de maltratador…) acaba enterándose de todo: el dramón, evidentemente, está servido.

Los dos actores intentan expulsar a los visitantes, pero parece que el público está más enganchado a esta nueva intriga que al vodevil que se les ofrecía originalmente: “Nadie ha pitado nuestra función, porque hoy el público se traga cualquier cosa sin rechistar” se defiende la actriz.

El Actor ve en la historia de los visitantes una mina de oro: quiere montarla, quiere dirigirla. Mientras, la Actriz, incrédula, lo observa todo desde el patio de butacas… El Actor está muy seguro de lo que hace, porque sabe que “vosotros no sois reales hasta que nosotros os interpretemos”. La respuesta de uno de los personajes no se hace esperar: “seré menos real que tú, pero soy más verdadero”.  ¿Quienes son personaje y quienes no en esta obra? La diferencia es difícil de establecer…

Los personajes comienzan su drama… El Actor y la Actriz están interesados en llevar a escena “un material fascinante” como el que tienen ante sus narices… Pero los personajes no se lo van a poner fácil, porque nadie les va a interpretar mejor que ellos mismos. Todos quieren contar su historia porque no les queda otra… están condenados a repetirse una y otra vez. Los hay que quieren marcharse pero no pueden (están escritos…), y los hay que quieren repetir su historia con la falsa esperanza de que tal vez algo cambie (¿puede cambiar algo que está escrito?). El drama está servido, y la línea que separa realidad y ficción es difícil de distinguir…

Seis actores entregados (por cierto, cuatro son de la factoría Amar en Tiempos Revueltos), un cuadrilátero, un banco y un patio de butacas. Miguel del Arco (aquel increíble Javert de Los Miserables Madrid ’92) no necesita más para contar una historia que engancha desde su lenguaje novedoso, y que ha sabido paliar con dosis de comedia muy bien colocadas el dramón telenovelesco que nos cuentan los personajes. Unos personajes a los que solo el espectador deberá juzgar. El Hermano Mayor (Israel Elejalde) aporta la parsimonia y la frialdad propias de un personaje de moral bastante discutible… y una voz de verdadero actor de teatro; Bárbara Lennie da vida a una Mujer apasionada, deslenguada y vitalista, que es puro sexo sobre el escenario: su personaje, sensual, sexual y vitalista, obliga a pensar directamente en la Nedda de I Pagliacci de Leoncavallo, y su monólogo describiendo su momento de pasión adúltera parece sacado de una línea erótica… Es lo que hace siempre, pero lo hace muy bien. Manuela Paso (La Madre) se pasa la función empastillada y llorando, y refleja muy bien la inestable cordura de su personaje. Todas las críticas han destacado su grito de desesperación, yo voy a destacar, sin embargo, su monólogo de despedida al bebé antes de que empiece la función: “Vaya papel te ha tocado… Porque todos son mentira, pero tú eres real mi chiquitín”. ¡Joder! Es que como la pensemos dos veces, esta frasecita es tela marinera… Completa la familia Raúl Prieto (el Hermano Menor), una bomba de relojería apunto de estallar, que observa la función desde butacas porque quiere mantenerse al margen… cuando le obligan a entrar, claro, explota: y entonces deja uno de los monólogos más escalofriantes del montaje…

Quedan los actores reales (¿reales? ¿seguro?), que tienen la difícil función de suavizar la tensión dramática generada por los visitantes. Lo hace muy bien, por ausente, fresca e incrédula, Miriam Montilla, que prefiere tomárselo todo a risa; Cristóbal Suárez, sin embargo, desde su afán de querer controlar el extraño fenómeno que está pasando ante sus narices, habla a veces demasiado rápido, y tiende a trabucarse al decir el texto: eso sí, la presencia escénica es muy importante…

Y no hay más. Un cuadrilátero y un patio de butacas en el que, insisto, Miguel del Arco, desde su labor de director, sabe mover muy bien a los actores, para crear un espectáculo de un dinamismo muy potente, y con una sensación de improvisación, de realidad en lo que se ve, que es muy de agradecer. Todo muy bien iluminado de manera concisa pero eficaz por Juanjo Llorens. El público, entra relajado en el juego que propone el montaje, y ríe el abundante humor que hay… ahora, cuando las cosas se ponen feas, se crean unos silencios sepulcrales que incomodan y cortan la respiración… De esto va el teatro ¿no?.

Menos es más, y aquí no hay nada más que actores y palabra, y sin embargo la tensión dramática es a veces insoportable, en un espectáculo que perfectamente podría escenificarse en el salón de mi casa… No es cuestión de racanear: otra que tiene (casi) la calificación máxima. Solo una sugerencia: si llegan a poner abucheos del público en cierto momento, o a colar cinco o diez espontáneos que hagan ademán de abandonar la sala en otro cierto momento, me quito el sombrero y les subo aún más la nota. En cualquier caso, no se la pierdan.

Nota: 4.25 / 5

“La Función por Hacer”, de Miguel del Arco y Aitor Tejada. Versión Libre de “Seis Personajes en Busca de Autor”, de Luigi Pirandello. Con: Israel Elejalde, Bárbara Lennie, Miriam Montilla, Manuela Paso, Raúl Prieto y Cristóbal Suárez. Dirección: Miguel del Arco. KAMIKAZE PRODUCCIONES.

Teatro Rosalía de Castro, 18 de Marzo de 2011.

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