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‘Salomé’, o tropezar dos veces con la misma piedra

marzo 5, 2011

 

Espectáculo en lengua gallega.

Dicen que equivocarse es humano, y que el hombre es el único animal que puede tropezar dos veces con la misma piedra. El Centro Dramático Galego (CDG) ya había presentado una versión de la Salomé de Óscar Wilde allá por 1989. En aquel entonces, Blanca Cendán (que desde hace algo menos de un año es la directora de la compañía) se enfrentó al papel titular, en una versión arriesgada que obtuvo críticas dispares (y que, por una cuestión lógica de fechas, no llegué a ver…). Ahora, como primer montaje de su etapa como directora de la compañía, Cendán ha querido volver a Salomé… y el resultado vuelve a ser más bien fallido.

Versión y dramaturgia son dos palabras que cada vez aparecen más a menudo en los programas de las obras teatrales; más aún si estamos ante un clásico. No es extraño pues que le toque a  Salomé, de la que el mismísimo Hugo von Hofmannsthal preparó una brillante adaptación muy fiel a Oscar Wilde para convertirla en el libreto de la mítica ópera de Richard Strauss estrenada en 1905, apenas 11 años después del estreno de la pieza teatral de Wilde. Entonces, Hofmannsthal adaptó el texto del francés original al alemán, pero no tocó ni un milímetro de la dramaturgia… Y fíjense si funcionó la fórmula, que les salió una de las óperas más gloriosas del siglo pasado.

En esta versión del CDG (traducción al gallego y adaptación, francamente buena por cierto, de Pepe Sendón), sin embargo, hay una pretendida fidelidad a Wilde en el texto que es muy de agradecer, pero que se estrella de pleno contra una dramaturgia que plantea muchos interrogantes, surgidos, lo crean o no, de ese afán por mantenerse fidelísimos a Wilde.

El director, Carlos Santiago, sitúa la acción en una Galilea contemporánea que recuerda, sin embargo, en no pocas cosas a Galicia; durante una churrascada del partido derechista BPG, Bonanza e Progreso (por Galilea) que preside por supuesto Herodes Antipas. Dicha churrascada está teniendo lugar en una carpa instalada en el jardín del palacio de Herodes por la Parrillada Naaman y, al inicio de la obra, un sublevado hace una pintada a la carpa donde está teniendo lugar la celebración: “Sempre en Galilea” (por un momento, todos vimos como ponía “Sempre en Galiza”, pero fue el subconsciente que nos traicionó…). También se proyectan durante esta escena inicial de colocación, algunos vídeos del trabajo de Precampaña de Herodes.

Y todo esto funciona. El director ya te metió en su forma de contar la historia, ya señaló el paralelismo, ya tiene lo más difícil hecho… y se queda ahí. Porque a partir de aquí, todo son problemas. Si con este concepto, no le tocamos ni una coma al texto de Wilde, va a haber cosas que salten por los aires sí o sí: ya no solo la idea de que tengan encerrado un “profeta” en Palacio (ni hoy hay ya profetas -¿qué tal cambiarlo por un terrorista islámico?- ni a ningún político se le ocurriría meter a uno en su propia casa…) sino también la de mantener en el texto que Herodes es “el Rey”, cuando claramente estamos viendo a un político (¿qué tal haberle llamado “el presidente”?). Pequeñas cosas que dan al traste con una dramaturgia que hubiera podido funcionar llevada de otra forma…

En el trabajo de Carlos Santiago, falla también la dirección de actores, y la caracterización psicológica de los personajes. Son tantos los directores que pintan a Salomé como un putón pasota, segura de sí misma y consciente de su atractivo para los hombres, que ya no me sorprende ver una más que sea así. No comparto esta visión del personaje; no la he compartido nunca.  Ni rastro de la ingenuidad que debería tener un personaje que entra en escena preguntándose “¿por qué me mira así mi padre?”. Esta es una Salomé segura, distante y dura, que sabe lo que quiere y lo que debe hacer para conseguirlo… y lo hace. Personalmente, me gusta más un enfoque más frágil y humano del personaje (vean a Teresa Stratas en la película sobre la ópera de Strauss que filmó Jean Pierre Ponnelle y sabrán de qué estoy hablando…). Esta Salomé no se desmonta ni ante la cabeza del Bautista… Pero es una opción válida… aunque sea la más tópica. Está muy visto (y no aporta nada…) que el paje que acompaña a Narraboth sea gay; o que la danza de los siete velos se convierta en un número de club nocturno al que solo le falta la barra americana (revisen una vez más la música que pensó Strauss para este momento, y vean que se puede ser sutil y sensual al tiempo), por mucho que el físico y las capacidades de la actriz se presten a hacer bien algo así, que es el caso. Mejor perfiladas las escenas políticas, con un Herodes pelele, unos judíos adecuadamente estereotipados (son, claramente, un socialista, un derechista y un reintegracionista) y una Herodías echada para delante. Su discusión sentados a la mesa es posiblemente el mejor momento del montaje.

Más grave es sacar un Jokanaan rubio, y mantener el texto que insiste varias veces en que “no hay nada tan oscuro como tus cabellos” (¡¿?!). Estas cosas se solucionan rápidamente con un tinte o una peluca… y la verdad, no se entiende cómo pudieron dejar estar un detalle así… Ah, y sobra decir que la siempre tan esperada cabeza del Bautista es de una pobreza preocupante (y apenas guarda parecido con el actor…)

Por último, la dirección de actores, es parca en movimientos, miradas y gestualidad, con una tendencia a congelar las escenas cuando un personaje no está hablando que contribuye a una frialdad excesiva en el espectáculo… y a que el público salga mentalmente de él. Como si se hubiera querido suavizar el drama de la narración, aquí casi nunca hay tensión de ninguna clase (ni dramática ni sexual…), y esto en esta obra es grave…

Así las cosas, el reparto hace lo que puede. María Mera es muy joven y tiene un físico ciertamente espectacular, pero le faltan unas tablas que, seguramente, irán llegando con el tiempo; de momento pide a gritos un director que la dirija bien y le diga lo que tiene que hacer para comerse el escenario, como toda Salomé que se precie; su mejor escena es la danza de los siete velos, en la que se recorre el escenario varias veces y se pone en todas las posturas que se le piden con una facilidad pasmosa… (no, no hay desnudo integral, ni siquiera parcial, porque tampoco hay velos…), pero no puede brillar en el monólogo final porque a alguien se le ocurrió la brillante idea de dejarla quieta sobre un minúsculo círculo de luz. No todo es por su culpa. Estoy seguro de que con otro director le hubiera sacado mayor partido al personaje.

Pepe Penabade y María Salgueiro se desdoblan como soldados y como el teatrarca y su esposa. Posiblemente sean los dos mejores actores de todo el montaje: él porque sabe reflejar que en el fondo Herodes es demasiado cobarde para ser malo (además de recordar sospechosamente a cierto ex-alcalde socialista coruñés cuando suelta parrafadas en castellano…), y ella porque sabe recordarnos quién lleva los pantalones en esa casa. También se desdobla en varios personajes Hugo Torres, que dice la mayor parte del texto del Jokanaan amplificado y fuera de escena… y apenas se le entiende; es un problema de la amplificación, porque cuando sale a escena la cosa cambia; con todo, está mucho mejor como Nazareno que como Jokanaan. Hay un muy buen trabajo general en todos los variados personajes de Marcos Correa y Alberte Cabarcos, aplicados, variados y dramáticamente implicados en cuanto tienen que hacer.

Sencillo el espacio escénico de Pancho Lapeña, adecuado el vestuario de Clotilde Vaello y acertada (salvo en la danza de los siete velos, porque la cosa no va de eso, aunque posiblemente sea eso lo que le han pedido…) la música de Fran Pérez “Narf”. Es muy buena la iluminación (Baltasar Patiño) y la realización de vídeo (GrisMediaStudio)

Pero para levantar una buena Salomé hace falta algo más que voluntad y un par de ideas. Una pareja detrás de mí fue implacable con el comentario al terminar: “foi un roio” (y eso que solo duraba 85 minutos…). Un comentario así, con un texto de Oscar Wilde, no debería tener lugar… Pues nada; no pudo ser… a ver si dentro de 20 años… Dicen que a la tercera va la vencida.

Un último apunte sobre la asistencia de público: cuando las funciones de abono en viernes suelen estar llenas hasta la bandera, esta vez, un viernes, en horario normal, y fuera de abono, apenas había 100 personas en el Teatro Rosalía (caben unas 800…). Y, la mayoría, estábamos reunidos en el segundo piso… Para reflexionar.

Nota: 2/5

“Salomé”, de Oscar Wilde. Con: María Mera, Pepe Penabade, María Salgueiro, Marcos Correa, Hugo Torres y Alberte Cabarcos. Traducción y adaptación: Pepe Sendón. Dirección y dramaturgia: Carlos Santiago. CENTRO DRAMÁTICO GALEGO (CDG).

Teatro Rosalía de Castro, 4 de Febrero de 2011.

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One Comment leave one →
  1. marzo 5, 2011 17:39

    Moi boa crítica, Hugo! Vouche contar un segredo. Non é que a cabeza de Iokanaan non se parecese ao actor, senón que era “Salomé” (coa cara de María Mera)
    Moitos bicos!
    Parabéns pola crítica! Un comentario moi acertado.

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