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‘Razas’, o una sociedad moralmente censurable

febrero 5, 2011

Sé que me gustó mucho, pero si les digo la verdad, aún no tengo muy claro qués es exactamente lo que he visto… No es una comedia, no es un drama, no es un thriller, tampoco un capítulo de Acusados o Damages… Pero tiene un poco de todo eso y algo más, convenientemente agitado en una coctelera. Con Razas, lo último de David Mamet, estamos ante uno de los pelotazos teatrales del año. Uno de esos espectáculos que tienen todo lo que yo entiendo por teatro: una historia que contar, unos personajes reales, un texto inteligente y (¡sobre todo!) un texto que exige la complicidad mental del espectador, que debe poner los cinco sentidos en el espectáculo y verlo sin pestañear y sin dejar de pensar un momento. ¡Teatro para pensar! Han pasado algunos meses desde que no ponía algo así.

Jack Lawson y Henry Brown son una pareja de abogados, uno blanco y otro negro (vuelvan ahora a leer los nombres y adivinen cuál de ambos es el negro…) que deben defender a un hombre blanco acusado de violación por una mujer negra; un caso que acaba de ser rechazado por uno de los mejores bufetes de la ciudad, y que está en todos los periódicos. Con Jack y Henry trabaja también, en prácticas, Susan, también negra. Lo que empieza siendo un viaje para valorar si compensa defender a ese individuo y si es culpable o inocente, se acaba convirtiendo en un caso capaz de sacar lo peor de cuatro personajes moralmente censurables: sin escrúpulos, llenos de perjuícios y dispuestos a cualquier cosa con tal de ganar el caso, que al fin y al cabo es lo único que importa. “Cualquier caso se puede ganar… si aceptas solo los que se pueden ganar. (…) ¿Ha oído alguna vez a alguien decir: “perdimos el caso pero los otros tenían razón?” No ¿verdad? La gente no quiere la verdad, quiere ganar.” dice uno de los abogados en un momento de la obra. Esto les dará una idea de la amoralidad de cualquiera de los cuatro individuos (cada uno a su manera) que se suben al escenario. Tan amorales como la sociedad misma.

Este caso de conflicto racial acaba sacando, como digo, lo peor de cada personaje, lo que nos lleva a unas acusaciones de tipo social (porque aquí hablamos de racismo, pero las cosas que se dicen son aplicables a muchas otras cosas…), a la vez que asistimos a la resolución del caso. Todo esto, mediante unos diálogos mordaces, cargados de acidez e ironía (al fin y al cabo la amoralidad siempre ha sido algo muy divertido, y aquí hay tiempo hasta para sonreirse de la propia bajeza moral de los personajes…), que sirven verdades como puños, a una velocidad absolutamente trepidante: no hay tiempo para pestañear y el que pestañee se va a perder una buena cantidad de réplicas donde seguro que se dice algo que tiene chicha… Al final, te has quedado con alguna frase en la cabeza, pero uno tiene la sensación de que sería necesario ver la función un par de veces más para asumir el texto en todo su esplendor de citas memorables, que son muchas más de las que el espectador puede retener en una única visión. Teatro para mentes despiertas, para gente inteligente; para pensar durante la función, para salir del teatro pensando y para seguir pensando pasado un rato tras la función. Buen teatro.



Ciertamente impecable el montaje, servido por cuatro actores que no solo están físicamente creíbles en sus papeles, sino que además disparan el texto a velocidad de vértigo con máxima claridad en términos de proyección y vocalización: habrá a quien esto le parezca una obviedad, pero, en este caso, si esta premisa no fuera así, el montaje se iría al traste, cosa que afortunadamente no sucede.

Toni Cantó deja probada su profesionalidad saliendo al escenario en un momento especialmente delicado para él (en una escena le pregunta al acusado si “¿la policía nunca le ha echado una bronca por conducir borracho?”, y la casualidad macabra está ahí) con una obra muy exigente en la que nunca pierde la concentración, y está muy creíble en la piel de un abogado sin otros principios que aquellos que le permitan ganar más y más dinero. Sorprende el para mí desconocido Emilio Buale, la contraparte del personaje de Cantó, un abogado del que hace una creación perfecta y completa, seguramente el mejor de los cuatro. Ambos llevan el peso de la obra, no tienen apenas respiro, y salen vivos del desafío. Hay que ser muy buenos para aguantarle el ritmo dialéctico a esta obra sin trabarse o quedarse sin aire por el camino. Bernabé Rico es el presunto violador, un papel más breve, pero que evoluciona hacia el final de la obra; él sabe marcar la evolución. Montse Plá es la novatilla negra con aires de querer cambiar el mundo, que en principio ni pincha ni corta en el caso, pero su personaje cobra relevancia hacia el final; como actriz, consigue que sus dos compañeros de bufete no se la coman viva. No es poco.



Curioso y sugerente el espacio escénico, tan frío, desnudo y artificial como atractivo, que firma Ana Garay, amparada en una iluminación tan sobria como por momentos sugerente de José Manuel Guerra; y tan dinámica como el texto la dirección escénica de Juan Carlos Rubio (que habrá quien no le sitúe, pero ha sido, además de actor y director, guionista de series o películas como Bon Appetit -no me hagan que me acuerde de las últimas dos escenas, porque me vuelvo a derrumbar…-), aunque quizá una menor intensidad en la velocidad de diálogo habría permitido asimilar más cosas en una sola visión. La traducción (que firma también Bernabé Rico) tiene ritmo y frescura.

A pesar de que parte de la crítica ha sido dura con este texto, preguntándose incluso si David Mamet empieza a declinar, personalmente creo que estamos ante un (muy) buen espectáculo teatro es de visión obligada para los amantes del género. Solo una sugerencia: con la entrada deberían regalar otra entrada para una segunda sesión (a la que fueras armado con una libreta solo para apuntar todas las frases memorables que hay en el texto), o bien el texto de la obra para releerlo con calma en casa; en una primera visión no se capta todo lo que hay que captar aquí…. que es mucho… MUCHÍSIMO. No se la pierdan.

Nota: 4.25 / 5

“Razas (Race)”, de David Mamet. Con: Toni Cantó, Emilio Buale, Montse Plá y Bernabé Rico. Dirección: Juan Carlos Rubio. Versión: Bernabé Rico. MARIATONIANOS / TALYCUAL PRODUCCIONES / TEPSIS TEATRO.

Teatro Rosalía de Castro, 4 de Febrero de 2011.

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