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‘Volpone’, o cómo montar (¡o no!) una comedia sexual

noviembre 26, 2010

 

Espectáculo en lengua gallega.

Hay que volver a insistir: hay un teatro muy vivo en Galicia, que permite disfrutar de propuestas interesantes, y de títulos bastante infrecuentes. El Volpone de Ben Johnson (1606) es uno de esos casos. Ni se sabe desde cuándo no se pone en España, pero Talía Teatro nos la trae en gallego…

A través de un enredo amparado en los estereotipos de la Commedia dell’Arte, Ben Johnson nos presenta a una galería de personajes marcados por el vicio, la corrupción y la lujuria: maridos dispuestos a entregar el cuerpo de su mujer a cambio de una fortuna, mujeres dispuestas a darse al vicio, millonarios viciosos y jueces corruptos… ¿Acaso no es algo completamente actual? El texto no deja títere con cabeza, ni elude tampoco cualquier connotación sexual que sea necesaria para contar algo que, más que como una comedia de enredo, habría que calificar, directamente como comedia sexual. Porque (casi) todos los personajes que aparecen en Volpone están movidos por el poder del sexo, o por la erótica del poder, como se prefiera: el millonario que usa su dinero para poseer a la chica, el marido que usa a su mujer como objeto para poseer el dinero y la chica, que está más dispuesta de lo que parece a que le den dinero… o incluso lo que surja. Y en el fondo de toda esta tela de araña sexual, la justicia… más o menos corrupta.

Visto así, parece claro que, para cumplir el propósito moralizante de la obra de Johnson no solo hay que hacer reír, sino también resaltar de qué nos estamos riendo. Porque Volpone debe ser mucho más que una comedia de brocha gorda. Es una obra que, traída a la actualidad no solo no pierde un ápice de su fuerza, sino que incluso gana. Es por esto por lo que parece casi obligado moverla temporalmente al siglo en que vivimos para resaltar su ironía… 

Hablaba en mi último post de Roberto Salgueiro como un autor original y comprometido, y esta vez toca hablar de él en las labores de adaptador, director, escenógrafo y diseñador de vestuario. La propuesta de Talía Teatro es ultraclásica, minimalista y bebiendo de las fuentes de la Commedia dell’Arte, tal y como lo pensó Johnson. Que yo no comparta esta idea no quiere decir que no sea válida. La escenografía, sencilla, móvil y abstracta (las dos primeras páginas de la edición original de la obra en versión gigante) tiene elegancia y funcionalidad; la dirección de actores es dinámica, con los personajes bien caracterizados y llenos de tics cómicos que funcionan (es genial que Volpone parodie a Mr. Burns con uno de sus “Excelentes” mientras se forta las manos, como es genial que se rían de su propio minimalismo escénico; pero también sobra alguno, como cuando Mosca hace durante el juício el baile del Tiritititi de Mauricio Colmenero…). El vestuario, elegantísimo (también las máscaras de Carlos Portomeñe). La traducción es audaz y no elude la suciedad presente en el texto… 

Pero lo que falla es la adaptación, que, quizá por querer ser demasiado fiel al original, ha quedado demasiado limpia, demasiado amable, demasiado de comedia de brocha gorda… Y no hay ni rastro de la corrupción moral, de esa moral relajada que preside esta obra: hay risa, sí, pero falta toda esa segunda lectura oscura que parece obligada para cumplir el propósito de Johnson. Hay detalles donde parece que se van a atrever (Celia hace su primera aparición comiéndose un plátano con saña), pero siempre se quedan a medias… Francamente, esperaba más de Salgueiro, conociendo su eficacia dramatúrgica como la conozco, y más aún sin cuenta con una traducción que se presta a una lectura descarnada. Por no hablar de la advertencia del programa: “Espectáculo no recomendado a menores de 13 años”. Será porque es posible que no entiendan nada del embrollo. Porque verse, lo que se dice verse, aquí no se ve nada que pueda ser mínimamente ofensivo…

Sorprendentemente, los actores tampoco terminan de funcionar. Los diálogos son muy rápidos, como debe ser en toda comedia de enredo, pero la dicción no es siempre clara, con lo cual hay mucho texto que se pierde. Sorprende especialmente en Toño Casais (Mosca) y Artur Trillo (Volpone), dos actores brillantes que han hecho grandísimos papeles dramáticos (Casais nos los puso literalmente de corbata el año pasado como el marido psicópata de Palabras encadeadas…) y que aquí, pese a una gesticulación simpática, no terminan de brillar como otras veces. Algo mejor los secundarios, especialmente Marta Ríos (Celia), María Ordoñez (Viuda) -posiblemente la más lograda como personaje pese a lo breve del papel- y Gustavo G. Dieste (Corbaccio), que son los que más y mejor cogido le tienen el pulso a sus personajes, eclipsando incluso la labor de los protagonistas. El resto, una vez asumida la calidad del movimiento escénico, brillante en todos los casos, despachan sus intervenciones con mayor o menor fortuna, siempre por encima de los mínimos exigibles.

Siempre es interesante ver obras que rara vez se programan, y siempre es agradable ver que una comedia funciona (y, no nos engañemos, en esta hay mucho para reirse), pero uno desearía mayor atrevimiento, mayor audacia. Y, vistos otros espectáculos suyos, sé que en Talía Teatro, de haber querido, lo hubieran hecho.

Nota: 3 / 5

“Volpone, o la Comedia de Mosca”, de Ben Johnson. Con: Artur Trillo, Toño Casais, Diego Rey, Gustavo G. Dieste, David Creus, Marta Ríos, Rubén Prieto, María Ordoñez y Dani Trillo. Adaptación y dirección: Roberto Salgueiro.  Talía Teatro.

Teatro Colón CaixaGalicia, 25 de Noviembre de 2010.

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