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‘Casa de muñecas’, o la vigencia de Nora Nolan hoy

octubre 31, 2010

Teatro de la Danza y EntreCajas Producciones retomaron Casa de Muñecas, el texto más popular de Henrik Ibsen (1879), considerado como una de las cumbres de la literatura feminista. Quisiera empezar este comentario aportando dos ideas sobre el problema (para mí) de montar esta obra a día de hoy: pese a la calidad del texto, y a lo bien escritos que están los personajes, creo que el conflicto principal que plantea (la búsqueda de la identidad de Nora como mujer frente a la autoridad y su portazo final hacia la independencia) podría estar algo desfasado si se descontextualiza de la época en que transcurre la acción; es más, en la presente representación, encontré más interesantes los conflictos de los personajes secundarios (Christina Linde, el Doctor Rankl y Krogstad) que el de la propia Nora. Y es que siempre he creído que a esta obra le falta, por lo menos, una escena, que me permita entender qué es lo que pasa por la cabeza de Nora cuando le salta el clic que la hace decidirse a dejar su casa. No hay en Nora una progresión que nos permita comprender los porqués de esta decisión, y tampoco nada que nos indique con certeza que, una vez que ha dejado a su marido, no va a regresar a su casa quince días después con el rabo entre las piernas… Siempre lo he visto así, y este primer enfrentamiento en directo con el texto de Ibsen no marca una excepción. En cambio, en los secundarios, en el mundo que rodea a Nora (todos cumpliendo una función exacta y milimétrica en la tama) sí que se aprecia una evolución lógica, y quizás esto sea lo que para mí es verdaderamente interesante en este texto.

Dicho esto, hay que pasar ya a comentar el presente montaje, una producción bastante impecable que cuenta con un espléndido equipo de actores de teatro de verdad. Parecerá una tontería empezar por esto, pero hay que decir que es un gustazo tener un equipo que proyecte y vocalice con la claridad con la que todos lo hacen en este espectáculo: no se pierde ni una frase, ni una palabra, todo llega con claridad… Lo que prueba que se cuenta con un equipo de verdaderos profesionales del teatro. Y quien vea teatro con cierta frecuencia sabrá la importancia de este aspecto, y lo difícil que es lograr algo así….

Además, en el reparto, todos están en su justo lugar. Silvia Marsó es una actriz de dilatada trayectoria teatral, que ha tenido la mala fortuna de ir cayendo en una serie de proyectos televisivos de medio pelo que pueden poner en tela de juício su capacidad como actriz para quienes sólo la hayan visto en títulos como Ana y los Siete o la malograda El porvenir es largo. Aquí, impone su categoría como actriz, en un papel que le exige estar en escena prácticamente toda la obra, con una Nora viva y llena de matices, extraordinariamente estúpida al comienzo, e imponentemente sobria (resuelta y huyendo de cualquier exceso gratuito) en su larga escena final con Torvald. Por presencia y dicción, llena el escenario y hace una verdadera creación.

Le da réplica como su marido Roberto Álvarez, que, como ella, se ha paseado por proyectos televisivos varios de mayor o menor calidad (Ana y los Siete, Hospital Central, Gavilanes o el paupérrimo telefilm Callas y Onassis), siempre aportando su eficacia interpretativa. Es un intérprete con el que casi siempre he conectado, y esta vez no es diferente,  y aporta su espontaneidad y naturalidad a cuanto hace (que no es poca cosa) viniéndose muy arriba en la escena final: la química con Marsó es evidente.

También están excelsos los secundarios. Rosa Manteiga, como el contrapunto ideal de la Nora de Marsó, plantea una Señora Linde sobria, lo que ayuda a que empaticemos aún más con ella de cara a su desenlace;  Pedro Miguel Martínez (Dr. Rankl) se las sabe todas en materia teatral y crea un personaje simpático y entrañable desde el poso de dolor en que está inmerso (¡es un maestro en este tipo de personajes!) y Francesc Albiol llena de humanidad al prestamista Krongstad, que es, solo en apariencia, el malo de esta historia. Le hace tan humano que casi llegamos a quererle y comprenderle, y a congratularnos por su desenlace. Nunca es agresivo, y sólo quiere recuperar dos cosas: lo que por lógica le pertenece y su dignidad (oh sorpresa, ¡la misma dignidad que busca Nora al final de la obra!. Por último, Mamen Godoy, como Elena, la criada, sabe aportar humanidad y tiene el físico perfecto para este rol (tanto es así que ya fue criada hace menos de un año en El Caso de la Mujer Asesinadita).Para la directora, Amelia Ochandiano, Casa de Muñecas es “un clásico de terror contemporáneo”. Tal vez sea por esto que ha planteado una como escenografía (Ricardo Sánchez Cuerda) casa semidesnuda (en mudanza…) y un interesantísimo juego de sombras, en una disposición escénica inteligentísima, que permite divisar en la semipenumbra la puerta de la calle y el acceso al salón en que transcurre la acción: la primera aparición de la sombra de Krogstad, malévola y gigantesca, para dar paso a un personaje pacífico y apocado es sencillamente genial, así como la amenazante presencia de la carta en el buzón, resaltada por la soberbia iluminación de Felipe Ramos. También es de gran inteligencia solucionar la presencia de los niños mediante una proyección de sombras (incluída la de Marsó, que entra y sale del escenario con precisión de relojería…). El vestuario, amplio, elegante y variado de María Luísa Engel termina de redondear una producción cuidada hasta el más mínimo detalle.

Sólo un par de puntualizaciones: primero, se dice que Helmer y el Dr. Rankl estudiaron juntos, pero Pedro Miguel Martínez es visiblemente mayor que Roberto Álvarez… Segundo: resulta altamente improbable, considerando la época en que transcurre la acción, que la tarantella que Nora y Helmer aprendieron durante su viaje a Italia unos años atrás sea ni más ni menos que La Danza de Rossini, que hoy es una de las tarantellas más populares pero cuya difusión popular en aquella época parece bastante discutible… por no hablar de la familiaridad con la que el Doctor la interpreta al piano al instante (por cierto, SIN PARTITURA, a pesar de que diga “hace tiempo que no toco esta partitura”, porque ahí nadie ha puesto nada…). Para los melómanos mitómanos, durante el cambio del segundo al tercer acto suena casi completa la versión de Cecilia Bartoli con James Levine al piano.

Con todo, un buen espectáculo.

Nota: 4/5

“Casa de Muñecas”, de Henrik Ibsen. Con: Silvia Marsó, Roberto Álvarez, Rosa Manteiga, Pedro Miguel Martínez, Francesc Albiol, Mamen Godoy, Cuca Villén e Ionel Pena. Dirección: Amelia Ochandiano. EntreCajas Producciones / Teatro de la Danza.

Teatro Rosalía de Castro, A Coruña. 29 de Octubre de 2010.

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