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‘Masterclass’, o la Callas sobre el escenario

septiembre 19, 2010

Primera aclaración: esto es teatro para aquellos a los que os apasione la ópera. Yo confieso que me apasiona la ópera.

Segunda aclaración: el espectáculo se ofrece en gallego. Para que mis opiniones puedan llegar a todos los lectores, he decidido hacer el comentario en castellano.

Bengala Produccións ha tenido a bien presentar durante el Festival de Ópera de A Coruña su producción de Masterclass (1995), de Terence McNally. Un cuasi-monólogo sobre la figura de Maria Callas. que la sitúa en una de las míticas masterclasses que impartiese en Juilliard entre 1971 y 1972, ya con su carrera profesional y personal en imparable declive. ¿No se os hace la boca agua?

Se nota que a Terence McNally le gusta la ópera también, y esa es la única manera de escribir algo como esto. Las anécdotas sobre la carrera de Callas y sus trabajos con Visconti en Sonnambula en la Scala o con Bernstein en Medea se suceden. También hay tiempo para que Callas, entre clase y clase, se sincere con el público, revisando sus traumas de la infancia: la pobreza en Grecia, cómo su físico la alejaba de los grandes roles, cómo vivió a la sombra de su hermana… y su relación con Onassis, incluyendo una puntual pero interesante mención final a la pérdida del bebé (episodio que se suele pasar por alto) como punto de inflexión en el declive moral y personal de la Diva Callas.

Durante las masterclasses, vemos desfilar a tres prototipos de alumnos, y esto sirve para que Callas reflexione sobre qué es para ella el canto y el mundo de la ópera. Una manera de hacer las cosas que supuso un antes y un después en la forma de enfocar el arte lírico, que ayudará al espectador operófilo a reflexionar mentalmente con ella.

 La primera alumna, la joven pija apocadita que aparentemente va a comerse el mundo ni siquiera articula una frase de la escena del sonámbulismo belliniano. Porque, ante todo, demuestra una incultura importante: ni sabe qué significa lo que canta, ni parece que le importe otra cosa que no sea cantar. Es fanática de la Sutherland (no olvidemos que en los primeros 70 Sutherland está en pleno apogeo de su carrera discográfica con Decca, y podría ser un equivalente directo a tantas sopranos gratuitamente mediáticas de hoy), y sólo le suenan vagamente los nombres de Zinka Milanov o Rosa Ponselle. De Giuditta Pasta, por descontado, ni flores. A este especímen que parece sacado de cualquier conservatorio de hoy, la Callas no la deja ni abrir la boca. Normal, así no se puede. María Torres aporta su presencia escénica a un papel breve pero simpático.

Sigue el tenor chulo de playa, sobrado de medios y de presencia escénica, con un ego aparentemente desbordante. A este personaje tan mediterráneo (lo interpreta Enrique Martínez, con adecuada vis cómica en el texto y buenas intenciones en el canto) parece que ya no le queda nada por aprender. Pero acaba bajando la cabeza ante la Callas y ella misma le felicita por su interpretación de Recondita Armonia un aria que “nunca pude escuchar porque me superaba la emoción, siempre estaba entre cajas cuando la cantaban”. Curiosamente, en las clases de Juilliard ha quedado registrado un testimonio que bien podría ser en el que se basa esta escena, donde Callas felicita a un tenor después de cantar Recondita Armonia. Lo escuchamos:

http://www.youtube.com/watch?v=K4devu5A2Ww

Entre clase y clase, hay tiempo para breves conversaciones de Callas con el repertorista acompañante, un judío que la admira e intenta sobreprotegerla, aunque realmente el personaje nunca llega a desarrollarse (me parece un exceso llamar a un actor como Lino Braxe para un papel que, aunque permanece presente toda la obra, es mínimo, y se basa en tocar el piano -lo hace con su eficacia habitual y en playback Borja Mariño) o para revivir mediante una voz en off  (Celso Parada, al que le toca un texto bastante duro de forma gratuita y lo dice algo pasado de rosca) la imposible relación de Callas con Onassis 

Aún hay sitio para una alumna más, Sharon, una mujer engalanada como si estuviera apunto de aparecer en el escenario de la Staatsoper de Viena, que viene dispuesta a arrasar con su Lady Macbeth, pero demuestra una ignorancia literaria importante: ha leído a Shakespeare en el instituto, y pista… Tras una primera espantá, vuelve para cantar una muy interesante escena inicial del personaje verdiano. Ojo que la soprano gallega en cuestión no se llama Sharon, sino Julia Cea y cuenta con un material de gran importancia, sacando la página adelante con un arrojo que merecería más oportunidades en el ámbito puramente musical.

Tras acabar de cantar, Callas le aconseja que deje esos roles para los que “hay que saber cosas que no pueden enseñarse” y se dedique a Musetta. Colérica, Sharon abandona la escena recriminándole a la Callas que no le gusta como cantante, que no quiere acabar como ella, arruinando su carrera en pocos años.  Se va, y es la gota que colma el vaso, la que conduce a Callas a su monólogo final con el público, reflexionando sobre cómo se ha destrozado su vida; no solo la musical, sino también la personal.

Antes de despedirse de sus alumnos (la obra está llena de referencias a un supuesto público en la sala compuesto por alumnos) y pidiéndoles que canten con “honestidad”. La misma honestidad que aporta a su interpretación una Mabel Rivera que no creo que a estas alturas necesite ya presentación para casi nadie. Lo primero, parece que ha sido ella misma quien se ha encargado de la traducción de la obra (no figura en el programa pero se lo he leído en alguna entrevista). Lo segundo: esta es una obra de actriz, y aquí hay actriz: afronta un monólogo interrumpido de 95 minutos sosteniéndolo con acierto durante toda la obra. Es indiscutible que llena el escenario; su Callas es cercana, llana, suave en la presencia escénica y que sólo se enfada si se ve superada por los acontecimientos. El texto está dicho con claridad e intención, y si esta Callas no es tal vez la Callas que muchos imaginamos, no es culpa de la actriz (que está estupenda), sino del propio texto de la obra, que presenta una Divina mucho más humana de lo que personalmente la imagino.

Sencillo y funcional el montaje (no hacen falta grandes cosas y la escenografía de ESCENOSET cabe en cualquier escenario). También sencillo y eficaz el movimiento escénico que plantea Xose M. Rabón en una obra de texto, y con alguna idea interesante, como fusionar el canto de la mejor Callas con monólogos donde Callas revive sus peores momentos.

Buen teatro y un rato agradable, aunque resulta FUNDAMENTAL un buen conocimiento operístico y de Callas y su tiempo para disfrutar bien de la obra: las referencias a colegas de su tiempo y experiencias profesionales que marcaron su vida son constantes; quien no las conozca corre el riesgo de perderse cosas… Pero los que, como yo, seáis unos auténticos freaks de la ópera y/o de la Callas, debéis correr al teatro.

Nota: 3.5 / 5

“Masterclass”, de Terence McNally. Con: Mabel Rivera, Lino Braxe, Julia Cea, Enrique Martínez, María Torres, Celso Parada. Piano: Borja Mariño. Dirección: Xosé M. Rabón. BENGALA PRODUCCIÓNS. Teatro Rosalía de Castro, 9 de Septiembre.

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