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“Una relación pornográfica”, o un texto más allá del morbo…

agosto 13, 2010

Tengo por costumbre ver todo el teatro que puedo, porque de todo espectáculo se saca algo. Reconozco que esta vez iba con muchas reticencias iniciales a ver un espectáculo que es, no poco, producto del marketing y que ha sido anunciado a bombo y platillo en las televisiones. La adaptación teatral de Une liason pornographique, de Philippe Blasband. Hasta aquí todo bien… Los protagonistas, Pastora Vega y Juan Ribó, que han copado las páginas de las revistas los últimos meses cuando ella se separó de Imanol Arias para irse con Ribó a los pocos meses…

Una obra que habla sobre dos sujetos que se conocen y se enamoran… y encima ese titulito tan oportuno para que el morbo esté servido. Sea como sea, taquillazo garantizado. Y así fue. El teatro hasta arriba, y mucha gente que iba a lo que iba. “A ver si tienen química”, “Porque cuando yo era joven y Juan Ribó salía en…”, “Se enamoraron preparando la obra…” fueron algunos de los grandiosos comentarios que capté antes de empezar.

Si algo me daba confianza era el nombre el director, Manuel González Gil, actor de ese superéxito del género que yo llamo teatro de actores o teatro de texto que fue Hoy… El diario de Adán y Eva. ¿La recordáis? Miguel Ángel Solá y Blanca Oteyza solos en el escenario durante 2h30 sin pausa fascinándonos a todos con una historia de amor cercana… Después de ese éxito llegó Por el placer de volver a verla, actualmente en cartel: mismo esquema, mismos actores, distinta historia… Idéntico triunfo. Ésa en un mes os la cuento aquí… Si os digo que Una relación pornográfica intenta seguir el mismo estilo de estas dos obras que comento, os preguntaréis ¿qué falta entonces en esta obra? Y la respuesta es obvia: los actores.

Dos personas anónimas que le cuentan a una voz en off (el mítico psicoanalista argentino) los pormenores de lo que empieza siendo una relación meramente sexual a través de un anuncio de contactos en internet… y acaba siendo una relación de amor de dos sujetos que tienen terror a enamorarse de verdad, porque saben que en el momento que se enamoren todo se vendrá abajo…. ¿Os suena de algo? Dos planos narrativos: las entrevistas y algunos encuentros en un café o en la habitación del hotel tal y como ellos las rememoran.

Topicazos uno detrás de otro, sí, tal vez sí, pero topicazos que a veces se vuelven incómodamente realistas:

– Estaba bien, sí. Al principio era solo sexo, luego había algo más… Éramos… compañeros. (…) Lo que pasó fue que me acostumbré a ella, simplemente. Ya no miraba sus virtudes ni sus defectos, porque simplemente me había acostumbrado a ella (…) En aquel momento me dí cuenta que si no volvía al café el jueves, iba a perderla para siempre, y entonces comprendí que no quería perderla” .

(…)

– Es usted una buena persona ¿lo sabe, verdad? (…) Lo que es estar con una persona, saber que la deseas y pensarlo. Y saber que te desea y pensarlo (…) Todo iba demasiado bien: yo sonreía y sonreía para que él no se diese cuenta, pero estaba asustada porque todo iba demasiado bien”.
                        
                            (….)
– Y usted ¿por qué nunca le dijo que la quería?
– No sabría decirle, tal vez por miedo… a la situación, al ridículo… el caso es que nunca se lo dije.
 
Una historia de amor muy de verdad, hasta puede que demasiado para ser presentada en el teatro y que, afortunadamente, huye en su desenlace del romanticismo facilón y se va más por la vía del realismo… Un texto con sus momentos bonitos y sinceros, que tal vez se podría cortar aquí o allá por repetitivo, pero que en general es un buen texto, aunque no termina de funcionar porque (¡oh sorpresa!) no termina de haber la suficiente química en el escenario entre dos personas que se supone que acaban de pasar por algo más o menos similar a esto… Y ya no hablo de la labor de cada uno como actor, si no de que uno se crea que verdaderamente sienten algo tan fuerte el uno por el otro: en una historia que tal vez podría creerme, no les ví chispa, no les ví magia. Y claro, así el espectáculo pierde algunos enteros, porque no se les ve sinceridad en lo que hacen. ¿Que no lo entendéis? No os preocupéis, creo que yo tampoco.
Juan Ribó es sin duda más y mejor actor de teatro que Pastora Vega, y eso se le nota, en las formas, en la manera de decir, en la manera de estar en el escenario… Uno puede llegar a pensar que tal vez junto a otra actriz, él hubiera podido dar más de sí en este mismo espectáculo. Pero Pastora Vega, más fría, distante, lineal y mecánica (en un personaje que debería de ser todo lo contrario…) no termina de ayudarle. Le faltan sinceridad y espontaneidad, dos cualidades fundamentales en el lenguaje teatral… Así, el resultado queda un poco deslucido.  Porque a veces (¿a veces? ¡SIEMPRE!) no basta con un buen texto, sino que también hacen falta buenos transmisores del texto. Y en una función de dos actores, o hay dos actores antológicos (o al menos, un actor antológico que tire por su compañero…) o la cosa no termina de enganchar…
Manuel González GilSeré breve con el resto. Hermosa la dirección escénica de Manuel González Gil, con esa sobriedad tan suya, tan característica de este tipo de espectáculos y que tan bien se le da, apoyado por una funcional (y también sencillísima) escenografía de Alfonso Barajas, pero sobre todo por una iluminación soberbia de Juan Gómez Cornejo, que es el 40% de todo el espectáculo. Para echar a correr la música de Martín Bianchedi, lacrimógena y digna de film de Antena3 un fin de semana por la tarde… No se indica (creí reconocer a Solá, tal vez sea el propio González Gil…) quién hace la voz en off, muy en su sitio.
Se queda uno con la sensación de haber escuchado un texto con momentos interesantes, que hubiera ganado mucho de haber contado con otro tipo de actores. Sabiendo que González Gil trabaja con Miguel Ángel Solá y Blanca Oteyza, que hacen brillar todo lo que tocan, a uno le queda el gusanillo de qué hubiera pasado si esta obra la hubieran interpretado ellos. ¿Qué tal recuperarla con ellos en unos años tal vez?
Nota: 2.75 / 5
Una relación pornográfica, de Philippe Blasband. Traducción y adaptación de José Ramón Fernández. Con: Juan Ribó y Pastora Vega. Dirección: Manuel González Gil. FILA 7 PRODUCCIONES.
 
Teatro Rosalía de Castro, A Coruña. 12 de Agosto de 2010.
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One Comment leave one →
  1. Jezabel permalink
    junio 10, 2017 20:30

    Hola! Buena nota. Quisiera saber donde puedo conseguir el guion completo de esta obra. Saludos, y muchas gracias!

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